Deutsche Bank hace cundir la
amenaza de un nuevo momento Lehman
Marco Antonio Moreno – Consejo Científico de ATTAC
España
Las primeras señales de alarma sobre las malas
prácticas y el alto apalancamiento de Deutsche Bank las hicimos hace tres años cuando dimos a
conocer la alta exposición del principal banco privado de Europa a los
derivados financieros: 75 billones de dólares, una suma que supera 20 veces al
PiB de Alemania y cinco veces al de la zona euro. No hay otro banco en el mundo
que se pueda comparar con Deutsche Bank sobre este indicador, ni JP Morgan ni
Goldman Sachs. Y el banco alemán está en la primera linea para ser el próximo
Lehman Brothers. Las acciones de este banco se han hundido un 40 por ciento en
lo que va del año y más del 95 por ciento desde 2008 dando cuenta de lo mal que
están las cosas en Europa y cómo el síndrome de la tormenta perfecta está al
acecho.
Los problemas del Deutsche Bank no salieron a la
palestra en 2013 y se mantuvieron ocultos (ver comentarios) porque lo que importaba
entonces era la crisis griega, la madre de todos los problemas europeos según
la troika (FMI, BCE, CE). Ahora que se ha destapado que Volkswagen no es el
único problema de alemania, y que las autoridades financieras de la eurozona comienzan a cerrar
bancos por los fraudes y el lavado de dinero, Deutsche Bank se ve sacudido hasta sus propios
cimientos.
El principal banco privado de Alemania, y también
el mayor de Europa, debió confesar pérdidas por 6.890 millones de euros en 2015
(de los cuales 2.000 millones fueron en el cuarto trimestre) y anunciar que
deberá reducir su plantilla en más de 35 mil puestos de trabajo. Deutsche Bank
fue multado con 2.500 millones de dólares por autoridades estadounidenses y
británicas después de una investigación de siete años por su papel en la manipulación
de las tasas de interés. Como a este banco se le siguen descubriendo
escándalos contables, no se descarta que sea nuevamente sancionado y de ahí el
nerviosismo de muchos inversores. La acción de Deutsche Bank se ha hundido a
niveles nunca vistos bajando desde los 180 euros del 2008 previo a la crisis, a
los 13 euros de los últimos días. Una caída del 95 por ciento!
A la espera de un milagro
La entidad germana se verá obligada a abandonar
varios países y su nuevo presidente debió reconocer que sólo un milagro
puede salvar a Deutsche Bank. A estas alturas, y tras siete años de ayudas
del BCE, la metástasis se ha expandido. De ahí que muchos esperen un milagro.
Pero no estamos en temporada de milagros sino de auténticos cisnes negros. Todo
aquello que se pensaba como altamente improbable que ocurriera está ocurriendo.
Todo aquello que la teoría económica negó durante décadas que podía ocurrir, ha
ocurrido en estos ocho años de crisis.
Si en 2013 los medios preferían ignorar la debacle
del banco alemán por dar prioridad a la crisis griega, era solo para dar tiempo
a Deutsche Bank a recuperarse. Pero la realidad económica y el pasado criminal
del banco ha empeorado la situación haciendo imposible su recuperación.
Deustsche Bank es tal vez el más claro ejemplo del antes y después de la banca
con la crisis financiera. De la euforia de los préstamos y el dinero fácil a la
oscuridad de la deflación y el inmovilismo crediticio.
Si las billonarias inyecciones de liquidez del BCE
no han logrado recuperar a la banca y dar dinamismo a la economía real, es
porque el sistema ha colapsado. La banca no volverá a ser lo que fue y esto
tarde o temprano deberá asumirse. La contracción de entidades que eran
“demasiado grandes para caer” se ha producido de manera inevitable. Los
derivados financieros no solo distorsionaron toda la economía por la vía de los
precios, sino que incubaron burbujas financieras para cubrir posiciones y ganar
tiempo. Pero no esperaban la trampa deflacionaria porque de acuerdo al modelo
económico vigente ese término no existe.
El esquema ponzi del Deutsche Bank
Lo que hoy se desmorona es la descomunal pirámide
del esquema ponzi desatada en los años 90 con la desregulación financiera
global que nunca tuvo en cuenta los riesgos reales. Se pensaba, como apuntamos
en 2008, que todos los cisnes eran blancos cuando estábamos ante una manada de cisnes
negros.
La crisis fermentó bajo las narices de todos porque
mientras Merkel, Schauble, Juncker, Lagardé y Dijsselbloem sostenían que el
problema era de los bancos de la periferia (Grecia, Irlanda, Portugal y
España), no miraron el problema real de la gigantesca deuda tóxica del Deutsche
Bank, el mayor banco privado europeo.