Cuándo reaccionarán
los europeos?
¿Qué hace un ejército de ocupación cuando está instalado en
un país? Ocupa el territorio, obligando a sus habitantes a seguir su estilo de
vida. Aplica medidas contra los habitantes del país, hace propaganda de sus propias
creencias y utiliza la fuerza para imponerlas.
Esto es, lamentablemente, lo que ha estado ocurriendo en
Grecia por parte de los migrantes que parecen "olvidar" que han sido
acogidos en Grecia y que obligan a los griegos a sentirse huéspedes en su propio
país.
Si alguien es un refugiado de guerra, o su vida está en
peligro en su país de origen, lo apropiado sería que, cuando llega al país que
le ofrece asilo, esté agradecido al país, respete su historia, su gente, sus
valores y sus leyes. Lo mismo ocurriría con un inmigrante que quisiera ir a un
país donde espera encontrar un futuro mejor.
En Grecia, en cambio, los inmigrantes ilegales –todos
referidos como "refugiados" en los medios, supuestamente para tratar
de legalizarlos artificialmente en la conciencia moral de los ciudadanos– han
estado ocupando espacios que no les pertenecen, empleando la violencia,
bloqueando carreteras, delinquiendo contra la propiedad pública, comportándose
con agresividad hacia los residentes y la policía, y diciendo que se sienten
ofendidos cuando ven símbolos que representan el cristianismo. Los invitados
parecen estar tratando de hacerse con la casa.
Hace pocas semanas, 200 norteafricanos y paquistaníes
iniciaron una revuelta en mitad de la noche, exigiendo salir de la isla
Mitilene. Coreaban: "¡Yihad, yihad!", destrozando los coches de los
vecinos del centro de la isla y perturbando a la comunidad local. Los migrantes
alegaban que alguien les había contado que siete migrantes habían muerto en un
barco, así que se alzaron contra las autoridades. La policía y los trabajadores
de las ONG explicaron que era una información errónea, pero claramente los 200
migrantes no tenían ningún interés en escucharlo. Los migrantes estaban
dispuestos a librar la yihad porque se habían creído un rumor sobre un suceso
sobre el que, de haber sido cierto, el Estado griego y sus habitantes no tenían
ninguna responsabilidad. Las autoridades no lograron calmarlos y trataron de
hacerles volver a la zona en que vivían.
Resultó que no había muerto ningún migrante; la revuelta
había sido un "error", pero la policía y los residentes tuvieron que
pasar la noche localizando a refugiados y migrantes por las calles de Mitilene.
Los inmigrantes ilegales dijeron que la información sobre
los siete migrantes muertos les había llegado mediante llamadas de teléfono
durante la noche. Fuentes policiales dicen, de manera extraoficial, que este
incidente tiene todas las marcas de una "operación encubierta".
Unos pocos días después, el 19 de septiembre de este año, de
nuevo en la isla de Mitilene, hubo un nuevo estallido de los migrantes del
distrito de Moria. Esta vez, la información que les había llegado a los
migrantes, y que de nuevo resultó ser falsa, es que iban a ser devueltos a
Turquía. Inmediatamente prendieron fuego a casi siete hectáreas de olivos, y
también al campo en el que estaban viviendo.
Ahora, 300 migrantes, que habían escapado en una ocasión
anterior de su campo y trataron de protestar en el centro de la isla, estaban
quemando todo lo que se encontraron en el campo y los alrededores, hasta que la
policía los frenó y los hizo volver al campo, donde otra vez intentaron
quemarlo todo.
Los residentes vieron sus arboledas de olivos reducidas a
cenizas y también gran parte del campo de migrantes, tres contenedores de
carga, ropa y calzado.
Algunos de los inmigrantes ilegales se tomaron fotos durante
el incendio, y coreaban: "Alá Akbar" ["Alá es el más
grande"].
El puerto de la isla de Mitilene se convirtió en un campo de
batalla, donde los migrantes, y muchos griegos "izquierdistas",
intentaron evitar que el contingente militar arriara la bandera griega frente
al viejo puerto de la ciudad. Muchos griegos odian la bandera nacional. Al
parecer prefieren los Estados multinacionales sin ninguna referencia a los
cimientos nacionales del Estado. Coreaban lemas y lanzaban provocaciones tanto
al contingente militar como a la población de la isla Mitilene, que los
contemplaba atónita desde el otro lado de la carretera. Era una demostración de
poder de los "izquierdistas" y los inmigrantes ilegales. Muchos
ciudadanos de la isla de Mitilene, lógicamente, no podía soportar ver cómo los
inmigrantes ilegales y otros griegos les provocaban y trataban de impedir el
arriado de la bandera. Así que algunos ciudadanos se lanzaron agresivamente
hacia ellos y se enzarzaron en peleas callejeras.
En la isla de Mitilene, cada domingo por la mañana, los
soldados izan la bandera y, por la noche, una hora antes de la puesta de sol,
arrían la bandera. Una semana después de este incidente, miles de griegos se
congregaron en torno a los soldados y la bandera del Puerto de Mitilene, y
cantaron el himno nacional griego, demostrando su fe y honrando el símbolo
nacional. La gente está asustada. Se congrega en torno a la bandera y el ejército
porque aparentemente sienten que están perdiendo su patria y su soberanía a
manos de los miles de inmigrantes ilegales que han ocupado su isla.
El pasado 26 de septiembre, en la región de Tympaki de la
isla de Creta, la gente se encontró por las calles citas del Corán. El texto,
firmado por los "Hermanos Musulmanes de la Isla de Creta", decía,
entre otras cosas:
"Sois el
pueblo más antiguo del mundo entero, sólo cuenta vuestra fe, y nadie más tiene
derecho a la vida, la muerte y la propiedad de cualquier otra persona que se
atreva a cuestionar vuestro liderazgo y que no acepte vuestra fe".
"Alá exige a
los creyentes que sean los dueños de la tierra donde viven, y sólo ellos pueden
tener propiedades, y sólo ellos podrán poseer la tierra".
"Alá dijo que
debemos conquistar todo el planeta, y los creyentes deben poseer la tierra y
los cultivos".
"Los no
creyentes no pueden poseer la tierra y los cultivos porque nos pertenece sólo a
nosotros: los creyentes".
"Los no
creyentes sólo obtendrán de nosotros –como el sagrado Corán nos asegura–
limosnas".
El mismo día, 26 de septiembre, en la región de Asprovalta,
cerca de la ciudad de Tesalónica, un hombre de 49 años de origen francés que había
llegado a Grecia a través de Turquía fue seguido por agentes de la policía
porque se sospechaba que era un yihadista. En el momento en que vio el coche de
policía, lo embistió con el coche, exclamando: "Alá Akbar" ["Alá
es el más grande"]. El atacante fue detenido y el fiscal del distrito
ordenó su deportación.
Hace un mes, los habitantes de Vavilon, un pequeño pueblo de
Quíos, otra isla que ha recibido un gran número de inmigrantes ilegales,
decidieron tomarse la ley por su mano, porque, al parecer, el Estado no les
estaba protegiendo. Los habitantes formaron una milicia para proteger a sus
familias y propiedades de los inmigrantes ilegales. Al cabo de una semana, se
habían registrado más de diez robos y graves daños contra la propiedad.
Los medios sólo cubren estos incidentes cuando son como los
terremotos, cuando uno grande causa grandes desastres; los pequeños,
claramente, no son de interés. También se puede observar la misma indiferencia
de los medios respecto a los problemas diarios causados por los inmigrantes
ilegales. Los medios cubren el tráfico de drogas, los conflictos entre
migrantes de diferentes doctrinas islámicas, las rebeliones en los centros de
acogida, los conflictos entre países y razas, y las violaciones a niños y niñas
menores. El 24 de septiembre, en la zona de Moria de la isla Mitilene, cuatro
migrantes de 17 años y de origen paquistaní violaron a un migrante paquistaní
menor de edad (de 16 años), y grabaron la violación con sus teléfonos. La
policía detuvo a los agresores, que habían estado chantajeando al muchacho
antes de violarlo.
Los inmigrantes ilegales también han estado bloqueando
carreteras en muchas ciudades, paralizando el tráfico durante horas. Ocupan las
carreteras cuando les apetece; la policía no les frena y no se practican
detenciones.
El Gobierno griego ha sido amistoso con los migrantes. Los
inmigrantes ilegales, en una presunta demostración de poder, han estado
pidiendo a los conductores griegos que les mostraran sus carnets de identidad y
sus permisos de conducir. Han establecido puntos de control, como hace un
ejército de ocupación. El Gobierno y la policía no hizo nada para detenerles.
La gente enseñaba sus documentos a causa del gran número de migrantes; los
conductores temían evidentemente por su vida y por sus coches, y no querían que
las cosas se pusieran más feas. Si se tiene en cuenta que la policía se
limitaba a observar pasivamente, los conductores no podían hacer mucho más.
Otro día, los inmigrantes ilegales bloquearon una carretera
porque, al parecer, no tenían una conexión a internet lo suficientemente buena
en el "centro de acogida para refugiados".
¿Cómo se sentirían los americanos si los migrantes
musulmanes ilegales que viven en Estados Unidos dijeran sentirse ofendidos por
la Estatua de la Libertad porque no lleva burka?
El arzobispo de Atenas y de toda Grecia, Jerónimo, se quitó
el pasado marzo el crucifijo, el símbolo del cristianismo, de sus vestiduras
durante su visita al puerto del Pireo, con el fin –dijo– de no
"ofender" a los migrantes musulmanes.
El arzobispo Jerónimo de Atenas y toda Grecia distribuye
comida a migrantes en el puerto del Pireo. El arzobispo se quitó el crucifijo
durante su visita al Pireo, para, dijo, no "ofender" a los migrantes
musulmanes. (Imagen: pantallazo de un vídeo de Hellas News TV)
¿Quién le advirtió de que los migrantes musulmanes se
ofenderían por su crucifijo? ¿Qué harían si el arzobispo les visitara con el
crucifijo puesto? ¿Lo matarían? ¿Prenderían fuego a la ciudad del Pireo?
¿Librarían la yihad contra la población griega?
¿Por qué estamos escondiendo los símbolos de nuestra fe
delante de personas que vienen ilegalmente y sin ser invitadas a nuestros
países? ¿Qué poder haría a un arzobispo a quitarse el símbolo de su fe, si no
es el poder político del país?
El problema en Grecia no es sólo el Gobierno o la mala
gestión de la inmigración ilegal. Todos los principales partidos políticos
tradicionales de Grecia han estado alentando, directa o indirectamente, la
inmigración ilegal y la transferencia de grandes poblaciones musulmanas a la
sociedad griega. Obedecen las autodestructivas políticas migratorias de la UE
que podrían acabar provocando el fin de los valores helénico-judeocristianos de
Europa, como la libertad individual, el pensamiento crítico y la investigación
honesta.
Los griegos ya hemos sido aplastados por el islam, por el
genocidio del siglo XX en Turquía –que incluso en este momento se dirige contra
cualquiera que no sea musulmán, como los cristianos, los alevíes, los kurdos– y
la ocupación turca, más reciente, de Chipre, de nuevo con la complicidad
internacional.
A pesar de eso, es obvio que a los principales partidos
políticos no les interesa proteger a la nación, su identidad o la seguridad de
sus ciudadanos.
El establishment de Grecia es una miniatura del
establishment estadounidense: políticos e instituciones del Gobierno corruptas
hasta los huesos, grandes medios de comunicación y una oligarquía entusiasmada
con la globalización. Lo cierto es que a Grecia se le están pagando198 millones
de euros por los refugiados.
El establishment griego padece los mismos síntomas que los
regímenes de la Europa Occidental y Estados Unidos. Ya no creen en las bases de
la República: "Vox Populi, Vox Dei": la voz del pueblo es la voz de
Dios.
El establishment político, cuando la opinión pública no está
de acuerdo con sus políticas sobre la inmigración ilegal y la protección de la
identidad nacional, prefiere culpar a los votantes por su inmadurez, su
estupidez o su fascismo. Así que, mientras los votantes insisten en conservar
su punto de vista sobre la identidad nacional y contra la inmigración ilegal,
las élites de Grecia están sustituyendo a la población nativa dándole la
ciudadanía a los inmigrantes ilegales.
Esta es su solución a la crisis migratoria y al colapso
económico de Grecia, a partir de unas autoritarias políticas fallidas de una UE
ni electa, ni a la que se le pueden pedir cuentas, ni transparente. Lo que está
ocurriendo en Grecia, como en gran parte de Europa, es un verdadero reemplazo masivo
de su población, sus valores y su estilo de vida. Sólo hay un camino para
salvar lo que queda de Grecia: el camino británico. Salgamos. Ya.