EL CENTRO EMISOR

EL CENTRO EMISOR

         Hay un organismo supra nacional conocido en el mundo de las finanzas como El Centro Emisor. De él es la  creación del libre comercio global (L.C.G.) que prevé una nueva colonización del planeta, a costa de los valores sociales y culturales de cada nación.
         El único y verdadero juego del L.G.C. es el económico donde el dinero es solo medio de pago. Para jugar correctamente es necesario que el interés no supere el 5% anual. Es solo con el cumplimiento de esta premisa que el dinero se mantienen en su condición de garante; por lo tanto la medida es siempre igual y puede medir a las demás y planificar y ejecutar negocios. El dinero puede considerarse como tal solo cuando esté referenciado a activos tangibles.
         El segundo juego, el financiero, es aquel donde del dinero es a la vez producto en si mismo y medio de pago. Es una modalidad de juego que solo EE.UU puede jugar para jugar con trampas y ventajas al primer juego (el económico), dado que los creadores de dinero imaginario (El Centro) al convencer al público que las cifras emitidas son dinero contante y sonante no necesitan de la rentabilidad de los intercambios regionales para prosperar, ya que tienen todo el dinero que necesitan.
         El dinero que maneja hoy el centro es cincuenta veces superior a la totalidad de los activos mundiales tangibles. El absurdo es aceptar que el dinero que mide a ambos valores es el mismo.
         De esta forma se apoderan del juego económico de todo el mundo. Desde 1980 en que la Reserva Federal fue autorizada por el Congreso de Estados Unidos a emitir dólares para todo el planeta por el Acta de Control Monetario, la banca, los bancos de inversión y las calificadoras de riesgo son los agentes del dinero imaginario o bancario que controlan el juego económico y financiero instalando sus empresas en diferentes países, endeudándolos por medio del FMI para dejarlos sin capacidad de negociación, absorbiendo las empresas locales por fusiones o adquisiciones, obteniendo de regalo los recursos naturales de cada país mediante élites locales a las que man-tienen satisfechas en su función de capataces de los ciudadanos de cada país, instalando gobiernos corporativos sensibles al FMI y al Banco Mundial.
         El Centro utiliza el método de pagar indemnización a los banqueros nacionales para que abandonen el mercado y su propia moneda por iniciativa propia o debido a problemas financieros que los bancos de la Gran Banca crean en cada país a tal efecto. Como los principales banqueros nacionales de cada país conocen la verdad del funcionamiento del sistema y no son tontos ni se advienen por razones solo filosóficas a apartarse del merca-do, las indemnizaciones son inmensas cantidades de dólares. En Centro las paga con las reservas de dólares de cada país, cuyos gobernantes que desconocen el sistema, mantienen inocentemente en el Computador Central. Así consiguen devaluar las monedas de las naciones, colocar  trabas en el comercio internacional y ganarse el permanente silencio cómplice de los banqueros desplazados que pasan así a vivir de rentas.
         La tal libre circulación entre cuentas dentro del Computador Central se presenta al público como un derecho de las personas de todo el mundo a poseer dólares. El canje de moneda nacional a dólares se incentiva devaluando las monedas nacionales y la devaluación se provoca aduciendo a las personas a canjear moneda lo-cal por dólares al Banco Central por razones de estabilidad.
         La paridad de cada moneda de cualquier país con el dólar es pura ficción, pues esta paridad la controla Esta-dos Unidos desde el Centro Emisor del dólar a través de los bancos centrales de cada país.
         El Centro podría bloquear las transferencias de un país o todas las transferencias entre países, apagando el computador, paralizando así el comercio internacional; pero no lo hace para evitar que el sistema quede en evidencia. De hecho, el presidente Carter ordenó bloquear las cuentas de Irán, obligando así a los iraníes a ciertas pretensiones.
         La República Argentina al adoptar la convertibilidad uno a uno selló su suerte, porque al empecinarse en fabricar localmente 1 a 1 el destino inexorable era el colapso. La convertibilidad en sí no es buena ni mala, pero si queremos exportar la paridad debe ser 10 x 1. Si queremos exportar 1 x 1 es necesario instalar rápidamente nuestras manufacturas en el exterior y dentro del país dedicarnos solo a las manufacturas de alta complejidad y suntuarios y a los servicios. Pero tener convertibilidad 1 x 1 y además querer fabricar y exportar y, además, liquidar nuestra red ferroviaria, nuestra flota mercante, vender nuestra línea aérea de bandera y pagar los pasajes in crescendo a compañías extranjeras es no tener ninguna noción del juego. O tenerla, pero jugar para los contrarios, que así se apoderaron del 75% de nuestro PBI.
         Ahora tenemos una convertibilidad de 4 x 1 y ventajas para exportar, pero estamos en quiebra, con casi todas las industrias desmanteladas y las pocas que quedan, en manos extranjeras que trabajan para El Centro; sin crédito, tanto interno como externo y con un 50% de la población bajo la línea de la pobreza y fletes internos carísimos. Del mismo modo las exportaciones están en un 75% en manos extranjeras, o que produce dos efectos: Primero se exporta lo que El Centro autoriza y segundo, que las divisas no ingresan al país, lo que sumado a los royalties conforman un verdadero vaciamiento de nuestras riquezas y recursos.

03-05-2008