EL PRINCIPIO FILOSOFICO DE LA VELOCIDAD

EL PRINCIPIO FILOSÓFICO DE LA VELOCIDAD

         Ante la hipótesis de rediseñar nuestro sistema de transportes surge inmediatamente, en el caso terrestre la idea de la autopista y el tren de alta velocidad.
         Ahora bien, el sistema a establecerse debe estar acorde a la filosofía y fisonomía que se quiere dar a una nación. La tecnología incluye una diversidad de campos en los cuales la velocidad es uno de ellos, no el mas im-portante, sino uno más.
         La idea del hombre de adelantarse a los hechos y establecer una carrera desenfrenada hacia el futuro o un exacerbado anhelo de correr sin tener en cuenta a que o para que nos obliga a repensar el pasado y analizar lo bueno y lo malo de cada época.
         En el tiempo de las comunicaciones vía satélite, telefonía celular e internet la presencia física en el lugar de los hechos ya no es tan imprescindible como antes. Los negocios hoy se cierra por esa vía.

         Los mejores períodos de la humanidad fueron ciertamente las décadas de los ´50 y ´60 y, por referencias gráficas o personales se puede dar testimonio de ello. En el tema que nos toca cuales eran las características de ese tiempo? Una era la incipiente creación de un parque automotor y la expansión del turismo. Había una mística en las rutas de las paradas en determinados lugares para estacionar, almorzar o, simplemente tomar un café y descansar o conversar con los acompañantes. Quienes viajaban en tren no pueden olvidar las partidas de naipes entre pasajeros que no se conocían y las guitarreadas nocturnas, o las mesas de café en el coche comedor.
         Es decir, había un acercamiento entre la gente, una confraternidad con tizne de complicidad. No existía el individualismo de hoy. Los pobladores de los pueblos esperaban la llegada del tren; en muchos casos era el acontecimiento mas importante.
         Esa mística hoy está perdida. Un vehículo tiene una autonomía de 550 km; ya no nos detenemos cuando vamos a la costa y lo hacemos una sola vez si vamos a Córdoba o Tucumán. Nuestro afán es llegar. Tenemos quince días por delante y llevamos el auto a 180 km/h, a riesgo de un accidente que termine con nosotros y nuestra familia u otra familia que quizá no tenga nada que ver.
         Queremos construir trenes de alta velocidad para llegar a Mar del Plata en una hora y media o a Córdoba en tres horas. A quién le queremos demostrar que somos poderosos y en tal caso, para qué?
         Un sistema de transporte se monta en función de objetivos. El ferrocarril es el mas económico y quien menos contamina el ambiente. No poseer un ferrocarril eficiente provoca lo siguiente:
         1: Aumento de los accidentes en las rutas.
         2: Congestionamiento en las mismas.
         3: Lo que deriva en mayor inversión.
         4: Contaminación del medio ambiente.
         5: Polución de los bosques naturales.
         6: Mayor consumo de combustibles no renovables.
         7: Alto costo de fletes y pasajes.
         Ahora bien, para terminar con todo esto necesitamos un tren que viaje a 300 km/h, que provoca una gran contaminación sonora, de altísimo costo y es efectivo solo en la unión de grandes ciudades?.
         El ferrocarril debe descongestionar las rutas y hacerlas seguras, brindarle al pasajero comodidades, confort, seriedad y un viaje placentero. En tramos de 300 km como mínimo debe viajar a un promedio de 110 km/h. Eso nos pondría, por ejemplo:
         Córdoba, 06.50 hs con una parada
         Rosario, 02.42 hs directo
         Mar del Plata, 03.40 hs directo
         Mendoza, 08.47 hs, con dos paradas
         Tucumán, 09.43 hs con dos paradas
         Puerto Iguazú, 10.45 hs con dos paradas
         Bahía Blanca, 05.09 hs directo
         El sistema de cargas debe circular en convoyes de cien vagones a una velocidad de 70 km/h y el giro redondo no mayor de tres días; para ello se deberán acondicionar las terminales, tanto ferroviarias como portuarias.
         Con estas velocidades las rutas se descongestionan al extremo, pero ello no debe significar vía libre al exceso de velocidad. Un país que está al tope de la lista de muertes por accidentes de transito debe replantearse seriamente.
         Tener trenes super veloces o rutas sin límite, no solo atenta al acercamiento de los ciudadanos entre sí, a una mayor confraternidad, sino que va en contra de la economía de regiones del interior que viven con el viajero. Si permitimos que una persona viaje y regrese en el día a Córdoba, privamos a esa ciudad de una noche de alojamiento, comidas y conocimiento de la misma en ratos libres.
         El capitalismo promueve, entre otras cosas la velocidad que nos hace vivir pensando en el futuro sin disfrutar el presente. Pensamos que vamos a hacer mañana cuando aún no terminó el día. Esto, que parece una nimiedad tiene un costado de dependencia tecnológica. El quedar permanentemente rezagado de los adelantos implica permanecer atrapado en una maraña de tecnología y política.
         Debemos hacer lo que nuestra idiosincrasia pretende. Plantear el sistema ferroviario con la velocidad justa, con los detalles de confort que el sistema admite.
         Nuestro país debe tener un sabio equilibrio entre las mejores cosas del pasado y del presente y, analizando cada paso futuro. No debemos copiar ningún modelo social ni económico, sino elaborar nuestro propio sistema de vida y mostrar al mundo que otra forma es posible y que hay una nación dispuesta a iniciar el cambio.

26-12-2012