EL GRANO DEL SISTEMA ESPECIAL: MALVINAS, LA ENTREGA DE MILEI

 

MALVINAS, EL PELIGRO MILEI – JAVIER LLORENS

       Quien no conoce la historia de su país no puede gobernarlo decía Winston Churchill. Y no se refería precisamente a la historia oficial publicada en libros de textos. Sino, por un lado, a la historia profunda de ella, reservada hasta por cien años en los arcanos de la documentación clasificada como Secret o Top Secret en Inglaterra. Como es el caso de la Guerra de Malvinas de 1982, cuyos últimos archivos reservados se abrirán recién en el 2072.

      Por otro lado, significa la intelección profunda de ella, y no la historia social que abunda profusamente en la actualidad, ignorando los enigmas respecto como se produjeron las gran-des bisagras o cambios históricos. Como si el accionar encubierto, que ha signado la huma-nidad desde sus orígenes, no existiera en este mundo post moderno cada vez más complejo y permeable al mismo.

     En tal sentido, la pobreza de la visión histórica de nuestras elites y de nuestros gobernantes, cada vez más acentuada, como si fuera también parte de la debacle argentina, resulta cada vez más notable e intolerable. Lo cual explica el fracaso de Argentina, en vías de convertirse en un estado fallido a partir de la última dictadura militar, pese su pomposo nombre de Proceso de Reconstrucción Nacional.

     Especialmente a partir de la Guerra de Malvinas de 1982, que vino precedida de un súbito y enorme endeudamiento externo, que no casualmente estalló a poco de terminada la guerra. Que se corporizó súbitamente a partir de 1980, a la par del estallido de un crac bancario masi-vo, que llevó a la liquidación de centenares de bancos y entidades financieras. Como si una guerra económica hubiese precedido a la guerra militar que estalló poco después.

     La cual, no casualmente, comenzó a la par que la ONU consagró el 30 de abril de 1982 el novedoso Convenio de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR 1982). Por el cual, desde un punto de tierra, por insignificante que sea en el océano, se extendió la sobe-ranía del mismo a una Zona Económica Exclusiva (ZEE) con un radio de 370 kilómetros.  Que puede extenderse hasta los 648 kilómetros circundantes, según el carácter de la plataforma submarina. Convenio que tiene como suprema autoridad al Tribunal Internacional del Derecho del Mar (TIDM), conocido por  Argentina porque fue el que terminó restituyéndonos la Fragata Libertad; que en el 2012 había sido embargada en Ghana, por los fondos buitres acreedores de la deuda externa, 30 años después de que ella emergiera en forma previa a la Guerra de 1982.

      Ante el cual ahora el gobierno del presidente Javier Milei recurrió, frente el intento de explo-tación unilateral de los recursos petrolíferos no renovables en el área de Sea Lion de Malvinas. A los efectos de conmover la diplomacia, y lograr con la mediación de EEUU, imponer la so-lución Hong Kong. Para que el Reino Unido y EEUU se puedan llevar con total seguridad jurí-dica los enormes recursos petrolíferos existentes en torno las islas.

     Ante el agotamiento del petróleo brent del Mar de Norte, y el entresijo insoluble que repre-senta en Medio Oriente, y la imposibilidad de controlar por parte de ellos el famoso estrecho de Ormuz. Teniendo esto semejanza con la aventura que lideró el Gral. Leopoldo Galtieri, con la recuperación militar incruenta de las islas Malvinas en 1982, a los efectos de obtener el reconocimiento de su soberanía, a cambio de la explotación del petróleo existente allí.

     Al respecto, esta larga nota se justifica por las asombrosas dimensiones del conflicto en cuestión, de sus antecedentes históricos, y la solucione que se pretenden aplicar. Dado que el conflicto de Malvinas de una superficie de 12.000 kilómetros cuadrados, pasó a ser asombro-samente de 2.500.000 kilómetros cuadrados, aumentando más de doscientas veces; con cua-tro enormes dimensiones: superficie física, recursos, militar, y geopolítica.

      De la misma manera la colonialmente oprobiosa solución Hong Kong, que impuso el Reino Unido a China hace más de doscientos años con las Guerras del Opio, asombrosamente derri-bó un imperio que había durado dos mil años; hundiéndolo seguidamente en el caos durante otros cuarenta años, hasta la aparición de la República Popular China que hoy asedia la hege-monía de EEUU. La cual incluso se trató de imponer asombrosamente a Argentina, en forma previa a la Guerra de Malvinas de 1982, para tratar de evitarla por parte de la alianza especial  anglo estadounidense, que la estaba planificando.

     Por su parte esta alianza especial anglo estadounidense involucrada en ese conflicto, lo estuvo asombrosamente desde su mismo inicio en 1832/33. Tras haberse constituida ella con la famosa doctrina Monroe, que permitió a EEUU practicar asombrosamente un crudo colonia-lismo sobre las ex colonias españolas existentes en Norteamérica y sus adyacencias. Mientras que el Reino Unido practicó durante un siglo un asombroso neocolonialismo en las excolonias españolas existentes en Sudamérica. Para a continuación, en base esa misma doctrina, pasar a ser asombrosamente EEUU el policía hemisférico en América, y luego del mundo. Apoyado dinámicamente en esa alianza especial anglo estadounidense, que llevo asombrosamente al mundo a sus peores horrores con las dos guerras mundiales y la guerra fría.

    Razón por la cual, el creer asombrosamente que se puede superarla en base a algunos ser-vicios ocasionales prestados a EEUU, como hizo Galtieri; o mediante la obsecuencia absoluta, como lo hace el presidente Milei; es propia de palurdos que desconocen enteramente la asom-brosa y fragorosa historia mundial. Como si un mozo del palacio pretendiera obtener los fa-vores del rey a costa de la reina.

     Por último, todas las negociaciones internacionales argentinas en las que estuvo involucra-da esa alianza especial anglo estadounidense, resultaron asombrosamente perjudiciales para Argentina. Al punto de llevarnos incluso a una demencial guerra contra Chile, que le hubiese permitido a dicha alianza ganar el contencioso por Malvinas sin esfuerzo propio.

    Finalmente, otro asombro es que el proyecto de ley de Defensa de la Soberanía Nacional, además de endurecer las sanciones contra la explotación unilateral de los recursos no reno-vables de Malvinas, resucita la Doctrina de Seguridad Nacional en su peor versión. A los efec-tos de poder plasmar la colonialmente oprobiosa solución Hong Kong, persiguiendo a los un-merosos argentinos de diversa índole, que seguramente se opondrán a ella.

     Con la creación por parte de la ONU de la COVEMAR 1982, a la par que se libraba esa inusitada guerra, el conflicto de Malvinas se transformó en algo muchísimo más trascendente que dos calvos peleándose por un peine, según la poco afortunada frase de Jorge Luis Borges. Al pasar a abarcar cualquier punto insignificante de tierra que asoma en el océano, una superficie mínima, que depende de las dimensiones reales de ella, de 108.000 hasta 330.000 kilómetros cuadrados. Los que expresados en hectáreas serían entre 10.800.000 a 33.000.000 frente los 39.300.000 hectáreas cultivables de Argentina. Pero que en el caso el Territorio de las Islas Malvinas, que abarca Georgias y Sandwich del Sur, va muchísimo mas allá. Ya que los 1.640.000 kilómetros cuadrados de ZEE de ellas, equivalen al 59 % del territorio continental argentino en América; y al 40 % de los 3.760.000 kilómetros bi continentales de territorio que reclama Argentina, si se incluye la superficie terrestre de la Antártida y las islas en disputa.

      Esto es lo que está actualmente en juego en el conflicto por Malvinas, con sus notables riquezas pesqueras, hidro carburíferas, nódulos metálicos, etc. Muchísimo más importantes que las riquezas mineras que pueda guardar el suelo malvinense, y la actividad pastoril que despliegan tradicionalmente los 1.500 isleños que la habitan, con una manada de 500.000 ovejas. A ello se suma la Base Aérea de Mount Pleasant al servicio de la OTAN instalada allí. La que con sus 3.400 hectáreas es la más grande en operaciones del Reino Unido en todo el mun-do. Que en la realidad funciona como una base militar conjunta de alta complejidad, y aero-puerto internacional con dos enormes pistas de aterrizaje de gran longitud. La que, institucio-nalmente, es el Cuartel General Conjunto de las Fuerzas Británicas de las Islas del Atlántico Sur. Por ello alberga de forma permanente a una población de hasta 2.000 militares, que en cantidad superan a los 1.500 isleños que habitan las Malvinas. Y aloja en forma integrada a los componentes de las tres fuerzas armadas: La Fuerza Aérea que custodia el espacio aéreo per-manentemente, con una escuadrilla de aviones caza supersónicos Eurofighter Typhoon, ade-más de aeronaves de reabastecimiento y transporte. El Ejército de Tierra con un despliegue de unidades de infantería, ingenieros, logística y sistemas de defensa antiaérea. Y la Armada que apoya los buques de patrulla en el Atlántico Sur. Además, está dotada de un Escudo Antiaéreo de última generación, y múltiples sistemas de vigilancia temprana.

      Y a los efectos del confort de esa dotación en un clima hostil, está además dotada del famo-so  Millennium Corridor que a lo largo de 800 metros, como una columna vertebral, conecta to-dos los edificios esenciales del complejo. Que se despliega como una ciudad bajo techo, sin necesidad de salir al exterior, con barracones de alojamiento, comedores militares, áreas mé-dicas, y escuela para quienes residen allí con su familia. Y masivas zonas recreativas, que se construyeron para mantener la moral de los soldados aislados en la base, que incluyen la única sala de cine existente en Malvinas, piscina climatizada, canchas de distintos deportes, salas de juegos, etc.

     En concreto, la Base de Mount Pleasant es considerada como una fortaleza geopolítica es-tratégica, con capacidad de proyectar poder militar hacia todo el Atlántico Sur, la Antártida, y el paso de Drake, que conecta el océano Atlántico con el Pacífico. Por donde obligadamente deben pasar los grandes buques de guerra, como los portaaviones, y los mercantes Post Pana-max, ante la imposibilidad física de hacerlo por el canal de Panamá. El que además en el caso una guerra, es sumamente vulnerable para quedar fuera de servicio. Siendo además Malvinas la única isla existente por debajo del trópico de Capricornio, que puede contar con esas bastas instalaciones en su superficie.

     Ante la enorme dimensión de ese conflicto, el discurso del presidente Javier Milei emitido en cadena nacional el 3 de septiembre pasado referido al conflicto de Malvinas, redactado pre-suntamente por Santiago Caputo, evidencia ser el de un palurdo en historia. Al repetir como su-puestos puntos fuertes o poderosos del mismo, los mismos que llevaron al presidente Gral. Leopoldo Galtieri, al extravió de ocupar militarmente las islas.

     A lo que se debe agregar su proyección territorial sobre el continente antártico, también en disputa, con sus riquezas inexplotadas. Sobre la cual, incluyendo las islas Georgias y Sandwich del Sur, se basan las pretensiones británicas, superponiéndose completamente sobre las pre-tensiones de Argentina, y parcialmente sobre las de Chile.

      Confiando plenamente en una alianza estratégica con EEUU, donde era adulado como un general majestuoso émulo de George Patton; por la colaboración prestada a EEUU en la guerra sucia, que por entonces libraban los contras en Nicaragua contra el gobierno sandinista, y contra la insurgencia en El Salvador. Alianza estratégica que presuntamente superaría a la alianza especial que mantienen desde siempre EEUU y el Reino Unido. Mutatis mutando, el dis-curso palurdo del presidente Milei reproduce lo mismo, y no precisamente entre líneas. Confia-do plenamente Milei en esa nueva perspectiva neo galteriana, para resolver ese enorme con-flicto y capitalizarlo políticamente a su favor, gracias a su amistad pasajera con Trump; resulta notable también su intención de arrastrar a esa postura a la oposición, para que no ponga palos en la rueda.

     Sin embargo, para muchos el sorprendente discurso del presidente Milei, sonó a cortina de humo, o manipulación electoralista, considerando sus antecedentes en contrario, que se sinte-tizan seguidamente: El desinterés previo del presidente respecto el conflicto de Malvinas, al punto que en su primer discurso celebrando su aniversario, llegó a insinuar la aceptación de la autodeterminación de los isleños. El súbito soberanismo territorialista por parte de quien había derogado la Ley de Tierras con el Mega DNU 70, e insistido con ello con la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Permitiendo que hasta un estado extranjero pudiera comprar un municipio o provincia, o las Malvinas, como dio cuenta el canciller Pablo Quirno. El ataque que representaba contra la empresa israelí Navitas, pionera en intentar llevar adelante la extrac-ción del petróleo de Malvinas, no obstante la fascinación que manifiesta el presidente Milei por dicho país y su líder Benjamín Netanyahu. Quién a su vez, tras el novedoso enfoque de Milei, se pronunció a favor de la soberanía argentina sobre Malvinas.

      Pero en realidad eso no sería humo o manipulación, sino más bien el cuento del tío. O sea una gravísima defección. La famosa revista inglesa The Economist, se encargó de brindar un doble dato al respecto, que como principio de revelación de los que suele alegar el presidente Milei, lo confirma plenamente. Uno de esos datos, es que antes de confiarle a los argentinos su innovadora postura respecto Malvinas, primero se la confió al adversario inglés. El otro, es que el arreglo del conflicto que procura plasmar es la colonialmente oprobiosa solución Hong Kong; consistente en un formal reconocimiento de soberanía a favor de Argentina, con un retro arriendo de las islas por muchos años a favor del Reino Unido. Suficientes para que lleven todo lo valioso que hay en ella y su mar circundante.

     Al día siguiente del discurso de Milei, 4 de septiembre, como si estuviera a su espera, The Economist publicó la nota: El arrebato de Javier Milei sobre las Malvinas es una señal de debilidad. En una entrevista con The Economist, el presidente de Argentina aviva las tensiones con Gran Bretaña. Que llevaba como portada la imagen del presidente con su icónica motosie-rra tuneada, y a continuación decía: Javier Milei se muestra inflexible; durante una larga entrevista esta semana en la Casa Rosada el presidente argentino declaró a The Economist que las Islas Malvinas son inequívocamente parte de su país; las Malvinas son argentinas, afirmó. Defenderemos nuestros derechos de soberanía sobre las Malvinas, Georgia del Sur, las Islas Sandwich del Sur y toda la zona marítima circundante. Posteriormente, el 3 de septiembre, el Sr. Milei, acompañado por su gabinete, declaró públicamente que los vientos de cambio favorecerían la reivindicación argentina sobre las islas. Esto hacía referencia a los comentarios realizados ese mismo día por Donald Trump, en los que parecía indicar que no apoyaría a Gran Bretaña en una disputa por las islas. El Sr. Milei también insinuó que Argentina impondría sanciones a cualquier empresa que intentara explotar los recursos petroleros de las Malvinas. El señor Milei solía hablar de las Malvinas con tanta mesura que muchos en la de-recha argentina criticaban su postura. Ya no. Durante una entrevista a veces airada, el presidente repitió en varias ocasiones que este territorio es nuestro. Pero también enfatizó que buscaba dialogar con Gran Bretaña sobre las islas. Los argentinos no han decidido empezar a gritar como salvajes, afirmó. Tampoco hubo ninguna insinuación por parte del presidente libertario de que el país se planteara repetir la desastrosa decisión del entonces gobierno militar de invadir las islas del Atlántico Sur en 1982, que provocó la muerte de 907 soldados y marineros en los combates posteriores. Pueden definir esos territorios como pertenecientes a Argentina, dijo, pero nosotros no creemos en la guerra.

     Y seguidamente The Economist reveló las verdaderas intenciones de nuestro presidente Milei, tal como lo reprodujeron livianamente algunos medios argentinos, que parecerían estar en la jugada, mostrando solo una punta de ella: Desea alcanzar una solución consensuada con Gran Bretaña sobre el futuro estatus de las islas. Hizo referencia al acuerdo de Gran Bretaña con China para ceder el control de Hong Kong, antiguo territorio británico de ultramar, en 1997. A largo plazo podemos recuperar nuestras islas. El Reino Unido lo hizo con Hong Kong, así que ¿por qué no encontrar un acuerdo para que, tarde o temprano, las islas regresen a Argentina? Son nuestras.

     A continuación, con reminiscencias con la empatía que EEUU manifestó a favor del Gral Galtieri previo a la guerra de 1982, el entrevistador apunto: La intervención del Sr. Trump sin duda alentó al Sr. Milei. Cuando se le preguntó si ayudaría a Gran Bretaña en una disputa territorial con Argentina por las islas, el Sr. Trump se mostró reticente. Dijo que revisa constantemente la posición estadounidense, al tiempo que observó que Gran Bretaña no había estado allí para ayudarlo en la guerra contra Irán. Al ser presionado sobre el enfoque geo-político general del Sr. Trump hacia el hemisferio occidental, el Sr. Milei solo ofreció un apoyo efusivo: Lo que puedo decir es que la estrategia en cuanto a la forma en que percibe el equi-librio geopolítico, creo que es simplemente brillante. Elogió al Sr. Trump, junto con Benjamin Netanyahu de Israel, por sus esfuerzos en las guerras culturales en una lucha por Occidente. Sugirió que Europa debería ser más respetuosa con los dos, Trump y Netanyahu.

     Una investigación sobre el papel de Estados Unidos antes y durante la guerra de Malvinas de 1982, las decisiones de la dictadura argentina y las maniobras diplomáticas y estratégicas que condicionaron el conflicto con el Reino Unido. El caso es que el Gral Leopoldo Galtieri (que más allá de la opinión que se pueda tener de él, seguramente con su formación académica militar habrá estudiado algo de historia mundial) en un discurso en el Día del Ejército como coman-dante en Jefe de este, meses antes de asumir como presidente a fines de 1981, se pronunció en contra de la oprobiosa solución Hong Kong a la que Milei pretende arrastrar a Argentina, tildándola de colonial.

     La solución Hong Kong fue un tratado oprobioso, fruto del más crudo colonialismo del siglo XIX, que el Reino Unido impuso a la China Imperial de la dinastía Qing, mediante las Guerras del opio; que dieron comienzo a lo que en esa potencia de hoy se conoce como El siglo de la humi-llación; motivadas por la voluntad británica de colocar en el mercado chino, el opio que obtenía en la India, lo cual generó una crisis de adicción masiva y fuga de divisas del país, y por ello el emperador chino ordenó confiscar y destruir miles de toneladas de opio de traficantes britá-nicos.

      Así se desencadenó la Primera Guerra del Opio (1839/1842), donde la superioridad tecno-lógica y naval británica fue aplastante, dejando un saldo estimado de 20.000 bajas chinas fren-te a menos de 100 muertos en combate británicos. Como consecuencia de ello se firmó el Tra-tado de Nankín, mediante el cual China debió abrir cinco puertos al comercio internacional y ceder a perpetuidad la isla de Hong Kong de 80 kilómetros cuadrados a la corona británica pa-ra siempre.

      La Segunda Guerra del Opio (1856/1860) se originó ante la exigencia el Reino Unido que China legalizara el opio, y permitiera su importación sin aranceles. En esta ocasión, Francia se unió al Reino Unido en la coalición militar; de la misma manera que lo había hecho poco antes en 1845, en lo que conocemos como La vuelta de Obligado. En ella las fuerzas anglo francesas capturaron Pekín y llevaron a cabo el saqueo e incendio del Palacio de Verano. Rusia aliada con ellos, también aprovechó el conflicto para presionar diplomáticamente y anexarse territo-rios en el norte de China. Como Consecuencia de la victoria anglo francesa, se firmaron los oprobiosos Tratados de Tianjin y la Convención de Pekín; que obligaron a China a la legali-zación del opio; apertura de once nuevos puertos al comercio occidental, entre ellos el de Tian-jin; el pago de una enorme indemnización millonaria; la cesión a perpetuidad del sur de la península de Kowloon y de la isla Stonecutters a los británicos, vecina a Hong Kong, con unos 12 kilómetros cuadrados en total; la libertad de movimientos para misioneros cristianos; y la entrega de más de 1.500.000 kilómetros cuadrados de territorio a Rusia.

     De esa manera, con la firma de la Convención de Pekín en 1860, el territorio británico de Hong Kong dejó de ser solo una isla aislada, y ganó su primer control firme sobre la costa con-tinental de China (Kowloon), lo que facilitó enormemente la defensa militar de la isla y el cre-cimiento comercial del puerto. Pero allí no acabo la expansión colonial británica, porque a continuación en 1898 con la Segunda Convención de Pekin vino la cesión de los Nuevos Terri-torios; que fue la que realmente dio origen a la solución Hong Kong, porque a diferencia de las dos expansiones coloniales anteriores, este territorio continental de 975 kilómetros cuadrados, que representaba el 86 % de la colonia Hong Kong, no se cedió a perpetuidad, sino bajo la figu-ra legal de un arrendamiento gratuito por 99 años.

     Las razones de la anexión británica fueron en función de la defensa militar, porque con el avance de la tecnología de artillería a finales de ese siglo, el Reino Unido necesitaba una zona de amortiguamiento para defender su puerto comercial; sumado al crecimiento demográfico de la colonia, cuya población aumentaba rápidamente y requería tierra firme para la agricul-tura, el suministro de agua dulce, y la expansión urbana. A la larga esto trajo como conse-cuencia qué al acercarse la fecha de vencimiento, el Reino Unido concluyó que la isla de Hong Kong y Kowloon, que técnicamente eran británicas para siempre; no eran económicamente viables ni defendibles por separado sin los nuevos territorios, donde estaban la infraestructura de agua, energía y espacio.

     Esto forzó las negociaciones con la República Popular China, que culminaron con la Declaración Conjunta Sino Británica y el posterior traspaso de soberanía de todo el territorio el 1 de julio de 1997. Bajo el principio de Un país, dos sistemas estableciendo con la Ley Fun-damental de Hong Kong, un estatus que teóricamente durará al menos 50 años hasta el 2047. Con el cual el Reino Unido logró extender al menos hasta esa fecha su influencia e intereses allí. Como Un País está bajo la soberanía de China, quien gestiona la diplomacia y la defensa exterior. Y como Dos Sistemas se mantiene un capitalismo de libre mercado, independiente del socialismo con características chinas; el derecho consuetudinario británico (Common Law), con un poder judicial independiente; con una moneda propia, el dólar de Hong Kong que emite y administra de forma autónoma; y control de fronteras, con sus propios pasaportes, aduanas y políticas de inmigración, por ello los ciudadanos chinos continentales requieren permisos para entrar. Todo lo cual ha producido tensiones recientes, y el dictado de leyes y reglamentos por parte de la República Popular China, que priorizan la cultura y seguridad nacional de Un País por encima de algunas de las libertades civiles contempladas en los Dos Sistemas. Y algo simi-lar sucede con lo que fue la colonia portuguesa de Macao, que fue devuelta a la República Po-pular China en 1999, con la vigencia del mismo principio Un país dos sistemas por 50 años más, hasta el 2049.

     Esto sucedió porque este tipo de acuerdo coloniales, fue producto del llamado reparto de concesiones en la China de finales del siglo XIX. Periodo en el cual, las potencias europeas im-pusieron contratos de arrendamiento a largo plazo, generalmente por 99 años, como meca-nismo legal para arrebatarle tierras a la debilitada dinastía Qing. Lo que permitía a los imperios occidentales gobernar de forma colonial absoluta; sin obligar a China a firmar otras cesiones perpetuas, que habría provocado un colapso político interno en el imperio chino.

     Además de Hong Kong y Macao, con esa misma fórmula jurídica colonial contra China, el Imperio Alemán obtuvo la Bahía de Kiautschou (Tsingtao), por 99 años; el Imperio Francés se quedó con Kouang-Tchéou-Wan (Zhanjiang), también por 99 años; el Imperio Ruso, Port Arthur (Lushunkou), por 25 años; y el Reino Unido, Weihaiwei, mientras Port Arthur permanezca bajo control ruso. Pero ya sea por las guerras o los intercambios que de ellas derivaban entre esas potencias, esos plazos no se cumplieron en ninguno de esos casos. Por eso ninguno fue tan perdurable y de las dimensiones como el de la colonialmente oprobiosa solución Hong Kong, que abarcó una superficie isleña y continental china de 1.067 kilómetros cuadrados.

     Contra los 2.530.000 kilómetros cuadrados de soberanía en disputa que implica el conflicto por las Malvinas. Representando por ende la superficie sobre la que se aplicó la solución Hong Kong menos -99,96 % de la implicada en Malvinas, por lo que de por sí resulta ridículo preten-der replicarla. Tan ridículo como la de querer imponer la autodeterminación de menos 1.500 isleños como solución de esa disputa, que no superan la cantidad de socios que tiene un club de barrio de los tantos que hay en Argentina.

     De esa manera a finales del siglo XIX, China sufrió un desmembramiento geopolítico masivo a manos de las potencias imperialistas; en un proceso histórico que en la historia se conoce como El reparto de China o El rebanado del melón chino, que para ese país lo recuerda como el Siglo de la Humillación. Dado que además de esos tratados coloniales descriptos, mediante las Esferas de Influencia, el territorio chino que no fue arrendado directamente, fue dividido en áreas donde una potencia extranjera tenía el monopolio exclusivo para construir ferrocarriles, explotar minas y manejar el comercio. El imperio británico, dominaba el rico y estratégico valle del río Yangtsé, además de Hong Kong y Weihaiwei. El imperio ruso, controlaba la región de Manchuria (en el noreste) y obtuvo el arrendamiento de Port Arthur. El imperio alemán, se asentó en la península de Shandong tras forzar el arriendo de la bahía de Kiautschou. El impe-rio francés, estableció su esfera de influencia en el sur (provincias fronterizas con su colonia de Indochina) y arrendó Kouang-Tchéou-Wan. Y el imperio del Japón, tras derrotar a China en la guerra de 1894-1895, se anexó la isla de Taiwán a perpetuidad, y adquirió influencia sobre Fujian y la península de Liaodong.

     A lo que se sumó, como si fuera poco, el Principio de Extraterritorialidad, mediante no la tierra, sino las leyes. En las grandes ciudades portuarias como Shanghái, se crearon los lla-mados Asentamientos Internacionales. Dentro de estas zonas, los ciudadanos extranjeros es-taban totalmente exentos de cumplir las leyes chinas; si cometían un delito, solo podían ser juzgados por los tribunales de su propio país de origen; anulando por completo la soberanía judicial de China en su propio suelo. Algo parecido a lo que actualmente ha llevado a cabo el presidente Milei con el RIGI y el Súper RIGI.

     Por este nivel de expoliación colonial que llegó a su culminación con esos tratados con la solución Hong Kong firmados en 1899, provocaron la violenta respuesta social en China, cono-cida como la Rebelión de los Bóxers (1899/1901); consistente en el estallido desesperado de la población china contra el rebanado del melón chino, y las humillaciones territoriales que ve-nían sufriendo por parte de las potencias extranjeras. El movimiento comenzó en las zonas rurales del norte de China como una revuelta campesina anticristiana y anticolonialista bajo el lema Destruir a los extranjeros. A la que finalmente se plegó la emperatriz viuda Cixi, quien declaró la guerra a las potencias coloniales, y con su ejército sitió al Barrio de las Legaciones en Pekín, donde residían diplomáticos, familias, y soldados extranjeros de diversas naciones; que quedaron atrapados y resistieron un asedio durante 55 días.

      Para rescatar a sus diplomáticos y aplastar la rebelión, las potencias colonialistas dejaron a un lado sus propias rivalidades y formaron una coalición militar inédita; integrada por el Reino Unido, Francia, Rusia, Alemania, Japón, EEUU, Italia, y el Imperio Austrohúngaro; que marchó sobre Pekín; saqueó la capital de punta a punta, y obligó a la corte imperial a huir disfrazada de campesinos. E impuso un nuevo tratado desigual, el Protocolo Bóxer de 1901, que asestó un golpe casi mortal a la soberanía del país; con una presencia militar extranjera permanente en Pekin; la prohibición de la compra de armas; y una indemnización de guerra astronómica, con el pago de 450.000.000 de taeles de plata, uno por cada habitante chino. Equivalente a 17.000.000 millones de kilos de ese metal, que actualmente representarían u$s 48.000.000.000  pagaderos a las potencias extranjeras en un plazo de 39 años, con un interés del 4 % anual.

     Como garantía para el pago de esa fortuna, las aduanas quedaron administradas por funcio-narios extranjeros, cuya recaudación iba completamente al pago de esa deuda. Y lo mismo el monopolio estatal del impuesto a la sal. Y también China tuvo que recurrir a préstamos extran-jeros con altos intereses para el pago de esa deuda, que se convirtió así en una bola de nieve. Todo lo cual sobrecargó a la población con nuevos impuestos, ante la pérdida de los seña-lados, sobre el comercio interior y sobre los campesinos más pobres, lo que disparó la miseria y el descontento popular.

      Este colapso económico y moral destruyó por completo el poco prestigio que le quedaba a la dinastía Qing, acelerando su caída definitiva pocos años después, en 1911, acabando con dos milenios de dominio imperial en China. A partir de allí, China se sumergió en un proceso de transformación caótico, que duró casi cuatro décadas. Que llegó a su fin con el triunfo militar del Partido Comunista sobre el partido nacionalista Kuomintang, apoyado por las potencias colonialistas; y la proclamación por parte de Mao Zedong el 1 de octubre de 1949 en Pekín, de la República Popular China.

     En Argentina existe respecto a la interpretación de los verdaderos alcances de la Doctrina Monroe una gran orfandad, pero en países que han sufrido duramente el yugo de EEUU, como es el caso de México, tan alejado de Dios y tan cerca de EEUU, tempranamente se encargaron de elucidar la tremenda malicia que encerraba esa famosa doctrina. La que en esencia prohi-bió la vuelta del colonialismo europeo en América; pero a su vez permitió el ejercicio del más crudo colonialismo por parte de EEUU en detrimento de sus vecinos en Norteamérica, excepto Canadá. Y posibilitó la aplicación del novedoso neocolonialismo inglés en Sudamérica, que la pérfida Albión liderada por George Canning, había ingeniosamente ideado tras la conmoción que suscitó en Londres el fracaso de las Invasiones Inglesas en Buenos Aires, para instaurar un régimen colonial al viejo estilo; bajo el concepto de que no había suficiente sangre inglesa para insistir con esta metodología

      El abogado, diplomático, escritor, e historiador mexicano Carlos Hilario Pereyra Gómez es quien con su libro El mito de Monroe ha escrito la visión más esclarecedora al respecto. Fun-dando rigurosamente la génesis de esa supuesta doctrina americanista en la carta qué el 23 de agosto de 1823, el primer ministro inglés George Canning dirigió al embajador plenipotenciario de los EEUU en Londres, Richard Rush, donde insinuaba: No habrá llegado aún el momento en que nuestros gobiernos concluyan un acuerdo sobre las colonias hispanoamericanas? Y si po-demos ultimar ese arreglo, ¿no sería conveniente para nosotros y benéfico para el mundo ente-ro que los principios en que se basara nuestro pacto quedasen claramente definidos y que los confesásemos sin embozo?

     Seguidamente exponía esos principios, luego repetidos por el presidente James Monroe el 2 de diciembre de 1823, en su mensaje anual al Congreso sobre el estado de la Unión. Qué, dado que por entonces EEUU carecía de estatura para enfrentar a las potencias europeas, y no habían pasado ni diez años de que Inglaterra tomara militarmente Washington, en esencia y con grandilocuencia: Advertía a las potencias europeas que el continente americano ya no debía considerarse como territorio de futura colonización o intervención; que cualquier intento de Europa por intervenir, dominar o imponer monarquías en países del hemisferio occidental, sería visto como un acto hostil contra los propios EEUU. Y a cambio, EEUU prometía no inter-ferir en los asuntos internos ni en las guerras de los países europeos.

     Desplegando así en la práctica un paraguas para que EEUU, país no europeo, ejerciera el colonialismo a discreción en Norteamérica, engullendo a sus vecinos hasta pasar a ser un país bioceánico. Y para que Inglaterra extendiera su Imperio informal o neocolonialismo en Sudamé-rica; basado en el comercio, las finanzas, el sometimiento mediante el endeudamiento externo, y la cooptación de las élites de las ex colonias de España. No fue nada casual que dicha doc-trina fuera enunciada por Monroe en ese año 1823, antes de que el Reino Unido comenzara a reconocer a las nuevas repúblicas sudamericanas que se habían librado del yugo colonial de España. Lo hizo tras un intenso intercambio de consultas entre el embajador Rush, el secre-tario de Estado John Quincy Adams, y los ex presidentes estadounidenses James Madison y Thomas Jefferson. Al respecto resulta altamente ilustrativo lo que expresó el ex presidente Jefferson en su carta de respuesta a Monroe el 22 de octubre de 1823; en la cual, además de manifestar tempranamente sus anhelos de anexar Cuba y la Florida, enfatizaba el espíritu que solidificaba esa alianza con la madre patria. Entendiendo que la cuestión presentada por las cartas que me ha enviado Ud. es la más importante que se ha ofrecido a mi contemplación desde la de Independencia.

      De esa manera la famosa doctrina Monroe sintetizada como A mérica para los americanos fue en realidad la piedra fundacional de la alianza especial anglo estadounidense que casi imperturbablemente se ha mantenido a lo largo de más de doscientos años. Siendo solo una mínima muestra de ello actualmente, el reciente retiro de Irak de las tropas estadounidenses y británicas que operaban en conjunto allí, desde el 2003. Igual que lo hicieron en el 2021 en Afganistan. A la cual palurdamente se pretende oponer una supuesta estrecha amistad entre los presidentes Trump y Milei, nada diferente de la cultivada en tiempos de Galtieri.

     Carlos Pereyra señala que la primera operación en tándem anglo estadounidense en Amé-rica, fue la ocupación de las islas Malvinas por parte del Reino Unido. Que por entonces y des-de mucho tiempo atrás, era un centro muy concurrido por navíos de diversas nacionalidades que practicaban la caza de cetáceos, a los fines de obtener el preciado aceite lampante empleado para la iluminación, antes que apareciera el querosén y la electricidad.

      El intrigante alemán Luis Vernet, comandante político y militar de las Islas Malvinas, nom-brado por el gobierno de Buenos Aires, delegó en su lugarteniente y socio, el capitán escocés Matthew Brisbane que había servido para el Reino Unido, la represión de esa caza por parte de quienes los hacían sin el permiso correspondiente. Brisbane por su parte capturó tres navíos con bandera de EEUU; lo que suscito la reacción de este país, con el envió de la fragata USS Lexington, al mando del capitán Silas Duncan, quien a fines de 1831 y principios de 1832, des-truyó la colonia argentina existente allí, y llevó a la mayoría de sus integrantes a Montevideo.

      Así, cuando Argentina intentaba reconstruir la colonia allí, arribó a Puerto Soledad a prin-cipios de enero de 1833, la corbeta inglesa Clio al mando del capitán John Onslow, apoyada por la Tyne, quien exigió el retiro en 24 hs de las autoridades y de la guarnición argentina, a lo que finalmente accedió pacíficamente el coronel José María Pinedo, al mando de la goleta argentina Sarandí, tras algunos rezongos, diciendo que no podía guerrear contra un país con el que Argentina comerciaba. Onslow por su parte dejó como encargado de las islas al bribón Brisbane, quien poco después fue ultimado por el motín que encabezó el gaucho Rivero.

     El súbito interés por esas remotas islas por parte de Inglaterra, a la que visitó Charles Dar-win con la Beagle pocos meses después de ese despojo, era porque había emprendido la difícil sustitución de la navegación a vela, que la había llevado a ser la reina de los mares, por la na-vegación a vapor. Y necesitaba por ende instalar allí una base de carboneo para la Royal Navy, y para el suministro del combustible en la ruta hacia sus colonias de Australia y Nueva Ze-landia, además de vigilar el estratégico paso de Drake. Esa operación en tándem anglo estado-unidense, dejó como saldo la prácticamente ruptura de relaciones entre Argentina y EEUU, que permaneció en manos de encargados de negocios, y recién fue elevada al rango de embajada por parte de ambos países, en 1914/15, tras el comienzo de la 1ra Guerra Mundial.

     De esa manera el Reino Unido, a fuerza de deudas externas, libre comercio, y cooptación de sus elites, fue implantando el neocolonialismo en las excolonias españolas de Sudamérica, divi-didas en países según su especialización. Tocándole a Argentina con su pampa interminable, con la oligarquía y la generación del ´80 de por medio, y en base al oro inglés y el músculo italiano, desempeñarse como la granja de Inglaterra, para mantener bajos sus salarios como pionera de la 1ra Revolución Industrial. Por su parte EEUU, que en 1803 había comprado Luisiana a Francia, y en 1818/21 había despojado a España de Florida; en 1836 logró la inde-pendencia de Texas, a la que anexionó en 1845. Y luego ejerciendo el más crudo colonialismo, justificado siempre como actos de defensa, entre 1846/54, guerra con México de por medio y luego la compra de la Mesilla, anexionó a California, Nuevo México, Arizona, Nevada y Utah. Quedándose así con la mitad de México y pasando a ser un país bioceánico. La siguió en 1867 con la compra de Alaska a Rusia. Y allí se abrió un momentáneo paréntesis a esa expansión colonial territorial, con la cruenta Guerra de Secesión, instada subrepticiamente por Ingla-terra, tratando de parar un socio qué con su protección industrial que impedía el ingreso de manufacturas extranjeras, venía adquiriendo mucho músculo. Terminada ella, en 1893 se quedó con Hawái, a cuya monarquía derrocó. Y en 1889 la siguió con las ex colonias españolas, Puerto Rico, Guam, Filipinas, y Cuba mediante la guerra hispano estadounidense.

     Ya empoderado y en pleno ascenso, después de haberse expandido EEUU enormemente en Norteamérica y sus adyacencias; en 1904 en su mensaje anual al Congreso, el presidente Theodore Roosevelt, anunció una modificación sustancial a la Doctrina Monroe, conocida como Corolario Roosevelt. Que así dejó de ser un no a la intervención europea, para pasar a ser una política de intervención armada de EEUU en América Latina. A la que actualmente el presidente Donald Trump la ha reflotado con crudeza, ante el ocaso de EEUU, y su enfrenta-miento existencial con la República Popular China, que lo tiene a mal traer.

     Siempre en consonancia con Inglaterra y Europa, ese corolario surgió como consecuencia del bloqueo naval a Venezuela (1902/03) por parte de Gran Bretaña, Alemania, e Italia. Para con la toma de sus aduanas, como habían hecho en China, obligarla al pago de deudas exter-nas y reclamaciones por daños a ciudadanos europeos. Lo que ponía en tela de juicio la doctrina Monroe de no intervención europea. Ante ello Roosevelt estableció que EEUU asumi-ría el rol de policía hemisférico. Si un país de América Latina tenía problemas económicos o inestabilidad política, EEUU intervendría para poner orden, tomar el control de sus aduanas, y asegurar los pagos, impidiendo así que los europeos tuvieran una excusa para cruzar el Atlántico. Ante lo cual Argentina opuso la Doctrina Drago que rechazaba el uso de la fuerza militar por parte de potencias europeas para cobrar deudas de los países americanos.

     Este rudo enfoque colonialista se conoció popularmente como la política del Gran Garrote resumida en la famosa frase de Roosevelt: Habla suavemente y lleva un gran garrote; llegarás lejos. Bajo este corolario, EEUU que en 1903 se había quedado con parte de Panamá para construir el canal del mismo nombre; la siguió con Nicaragua en 1912/33, Haití en 1915/34, y República Dominicana en 1916/24. El impacto de estas políticas crudamente intervencionistas militarmente, generó un profundo recelo y hostilidad en la región, debido a las constantes intromisiones de Washington en asuntos internos de los países latinoamericanos. Frente a ello, un primo lejano de Theodore Roosevelt, casado con Eleanor Roosevelt, sobrina de Theodore, se encargó de dejarla momentáneamente de lado. Al anunciar en 1993 la política del Buen Vecino, con la promesa de respetar los derechos de los demás y la no intervención en los asuntos internos o externos de las naciones latinoamericanas.

    No obstante, este enfoque de distensión terminó en la práctica tras la Segunda Guerra Mun-dial, con el inicio de la Guerra Fría; periodo en el que EEUU retomó la política de contención, ayuda militar, y apoyo a golpes de estado en la región. Que ahora se ha exacerbado con la pre-sidencia de Trump ante el peligro existencial que representa la República Popular China para la hegemonía de EEUU.

       Malvinas no fue la única operación en tándem anglo estadounidense contra Argentina. Para evitar que Argentina interviniera en la Guerra del Pacífico de 1879/83, por la cual Chile con la marinería británica se hizo de los yacimientos de Nitro de Chile de Bolivia y Perú, que eran la base de la dinamita y los fertilizantes de entonces, que de esa manera monopolizó el Reino Unido; EEUU impulso el tratado de límites con Chile firmado de 1881. Lo hizo con la interven-ción de sus encargados de negocios casi homónimos, destinados a ambos lados de la cordi-llera, Thomas O. Osborn en Argentina, y Thomas A. Osborn en Chile; quienes plasmaron la ambigua cláusula las más altas cumbres que dividen las aguas, que envenenó las relaciones argentino-chilenas durante más de un siglo. Sobre todo, en el confín austral, donde la cordi-llera de los Andes se hunde en los océanos Atlántico y Pacífico; región que el Reino Unido conocía muy bien por los relevamientos que había efectuado allí la Beagle, con su pasajero de lujo el naturalista Charles Darwin. Y a cambio de esa guerra y ese enredo, los Rockefeller de EEUU pasaron a detentar la mina de cobre a cielo abierto de Chuquicamata, las más grande del mundo, que previo la guerra pertenecía a Bolivia.

      Pero hubo más engaños de por medio; en 1887 el capitán Agustín el Castillo descubrió el carbón de Rio Turbio, y tomó posesión de Puerto Natales como perteneciente a Argentina, para posibilitar su extracción por vía marítima. Y volvió maravillado a Buenos Aires, con el objetivo de anunciar su descubrimiento, que haría que Argentina prescindiera del carbón inglés de Cardiff, con el que operaban los ferrocarriles británicos y justificaban sus altas tarifas. Pero fa-lleció súbitamente mientras preparaba su anuncio, y sus apuntes de la exploración desapa-recieron.

     Mientras Del Castillo profundizaba sus exploraciones en Santa Cruz, apareció en la isla Grande de Tierra del Fuego el aventurero rumano de origen judío Julius Popper; quien además de cazar onas, dijo haber descubierto oro en la bahía de San Sebastián. Como el meridiano pactado en 1881 atravesaba dicha bahía, y le daba salida al Atlántico a Chile; en defensa de ese oro que luego desapareció, el gobierno del presidente Carlos Pellegrini, tramitó una en-mienda al tratado de 1881, bajo la fórmula que luego se hizo famosa Argentina en el Atlántico Chile en el Pacífico. En base a este nuevo principio, luego su majestad británica designada arbitro en la disputa de límites por los Pactos de Mayo de 1902, evitó que Puerto Natales fuera costa seca argentina, para poder extraer el carbón de Rio Turbio que podría haber competido con el Cardiff inglés; el que recién se comenzó a explotar 60 años después, extrayéndolo con un ferrocarril de 200 kilómetros hasta el puerto Punta Loyola, cuando había dejado de ser el combustible estratégico, reemplazado por el petróleo.

    Ese principio también envenenó las relaciones argentino chilena, hasta casi llevarnos un siglo después en 1978 a la guerra con Chile por el conflicto del Beagle; provocado con un nue-vo fallo avieso de su majestad británica, con la intención de resolver el conflicto por Malvinas sin esfuerzo propio, a los efectos de instalar una base de la OTAN allí. El mismo fue firmado en 1893, en el comienzo de la presidencia de Luis Sáenz Peña, por el canciller Norberto Quirno Costa, ancestro del actual canciller Pablo Quirno; ayudado quizás por el primer préstamo que efectuó el banco de EEUU JP Morgan, el mismo que hoy manda en el país, para sortear la crisis de Baring de 1890, que tuvo su similitud con la crisis terminal del 2001.

     Al comienzo del siglo XX, la Royal Navy enfrentó un nuevo desafío para asegurar su supre-macía en los mares: la reconversión de su flota que quemaba carbón para hacerlo con petró-leo. Por eso desesperadamente buscaba petróleo en la costa de los mares, y lo encontró en el hemisferio norte en Chat el Arab, Persia; y en el hemisferio Sur, en Comodoro Rivadavia; de donde lo extraía de contrabando con la empresa de origen rumano ASTRA, para alimentar la estación de Malvinas reconvertida de carboneo a petróleo. Al mismo tiempo el Reino Unido enfrentaba la amenaza de sus primos hermanos, el imperio alemán, que avanzaba raudamente con su revolución industrial científico técnica, apoyada desde sus universidades; y no empíri-camente desde los talleres como fue la inglesa. Y a su vez se expandía con colonias en Asia y Africa; y pretendía tender el ferrocarril Berlín/Bagdad, en búsqueda del petróleo del Medio Oriente; avance que Inglaterra impidió fomentando las Guerras Balcánicas.

      Finalmente, la potencia hegemónica Inglaterra, que veía peligrar su supremacía, se decidió por una contienda militar, basada en una guerra de trincheras. Contando que detentaba el mo-nopolio del nitro de Chile, la base del explosivo estratégico de entonces, la dinamita. De esa manera proyectaba que agotadas sus municiones, Alemania se rendiría. Pero se llevó la sor-presa estratégica de su existencia, porque Alemania con su desarrollo científico técnico, obtu-vo el nitrógeno del aire con el proceso Haber/Bosch. Y como contra estrategia con la flota del Graf Spee (Almirante Spee) se lanzó al Pacífico Sur a atacar las nitreras chilenas, Y seguida-mente tras reabastecerse de carbón, puso rumbo a Malvinas, para cortarle la ruta del Nitro de Chile al Reino Unido. Intento que derivó en la cruenta batalla naval de Malvinas de 1914, la estratégicamente más importante de esa guerra. Para el cual el Primer Lord del Almirantazgo Winston Churchill, previsoramente había apostado en Malvinas sus buques más modernos, que quemaban petróleo de Comodoro Rivadavia; que con su superior performance hundieron casi la totalidad de la escuadra de Graf Spee, y mandó a este y sus dos hijos, mas 1.600 marineros alemanes al fondo del mar.

      Pero el estancamiento de esa guerra, que propulso el complejo militar industrial en todos los países intervinientes, trajo una derivación absolutamente inesperada. La caída en febrero de 1917 del Imperio Ruso, aliado de Inglaterra; y la posterior revolución bolchevique en octu-bre de ese año, que creó la Unión Soviética; facilitada de diversas maneras por Alemania, para aliviar su frontera oeste.

     Ante el cariz que tomaba la guerra, cambiando el orden mundial, y las dificultades que atravesaba su aliado especial, en abril del 1917 EEUU le declaró la guerra a Alemania; justifi-cada por la reanudación de los ataques submarinos alemanes a buques de EEUU que aportaban alijos bélicos a Inglaterra. Y con el famoso Telegrama Zimmermann, con el que Alemania propuso una alianza militar a México, para que este recuperara los territorios per-didos en el siglo anterior en manos de EEUU. De esa manera, esa guerra que costó 20.000.000 de muertos parió una potencia anticapitalista, la URSS. La que además de tratar de expandirse ideológicamente en el mundo, despojó a los anglo estadounidenses de los ricos yacimientos de petróleo que detentaban en el Cáucaso y el mar Caspio, en momentos en que ese combustible pasaba a ser altamente estratégico por la motorización a explosión.

        Ante la aparición de la explotación estatal del petróleo en competencia con las compañías privadas, en la que YPF del Gral Enrique Mosconi fue señera, las petroleras anglo estadouni-denses que venían librando una guerra de precios entre ellas, mediante el acuerdo de Achna-carry se cartelizaron como las famosas 7 Hermanas. Y el primer golpe que asestaron, fue el derrocamiento del presidente Hipólito Yrigoyen, quien con Mosconi pretendían llevar audaz-mente una guerra de precios contra ellas (la Shell y Estándar Oil ESSO) importando barato el petróleo soviético.

       Esa alianza especial angloestadounidense, le pagó muy mal, traicioneramente, a Argentina luego de la Segunda Guerra, al haberse mantenido neutral en función de los intereses de ella. A los efectos de evitar, igual que en la 1ra Guerra Mundial, que los envíos por vía marítima de alimentos y otros suministros hacía Inglaterra y Europa a favor de los aliados, fueran atacados por Alemania. Al haberse convertido el Rio Uruguay en la cocina el mundo, mediante la elabo-ración de carne vacuna enlatada, que era la ración con que alimentó las tropas anglo estado-unidenses. No obstante ello, Inglaterra apoyada por EEUU, alegó aviesamente en contra de Argentina la neutralidad que los había favorecido, y declaró la inconvertibilidad de la libra esterlina, negándose a pagar esos suministros. Y alentando el nacionalismo, impuso la solución de cancelar esa deuda con la entrega de especies, consistentes en los ferrocarriles británicos, cuando se estaban por acabar los subsidios con los que se habían favorecido su instalación.

      Esa alianza anglo estadounidense tuvo su primer distanciamiento en la ante la sospecha de EEUU de que el Reino Unido había facilitado secretos atómicos a la URSS; lo que trajo sus consecuencias, manifestada en la crisis de Suez de 1956, con la invasión a Egipto por parte de Israel, Inglaterra, y Francia. Ante la cual EEUU y la URSS se opusieron firmemente, y presiona-ron junto con la ONU para esos tres países se retirarán de allí.

     También tuvo su reflejo en Argentina, con el golpe de estado de septiembre de 1955 que derrocó a Juan Perón, quien había se apoyado últimamente en EEUU, a cambio de la concesión petrolera en la provincia de Santa Cruz a favor de la Stándar Oil off California, hoy Chevron. A la que pretendía también desde tiempos lejanos el Reino Unido, con la famosa Carta Patente de 1908 emitida por el rey Eduardo VII, denominada Tierra de Isabel. El presidente Perón para evi-tar la posibilidad un golpe militar por parte de la Armada Argentina, abiertamente probritánica y antiperonista, había resguardado las espoletas de los proyectiles ingleses Vickers en un arsenal común. Pero estos les fueron suministrados desde Malvinas, y así el almirante Isaac Rojas pudo bombardear Mar del Plata, y amenazar hacer lo mismo con La Plata y su destilería de YPF; y Buenos Aires y el Dock Sud de combustibles. Ante lo cual Perón opto por abandonar el poder.

     Sin embargo, en la década siguiente la alianza especial anglo estadounidense dinamizada por el petróleo, se había recompuesto. Ante la perspectiva de la explotación del petróleo off shore en el Atlántico Norte y en Alaska, para lo que era necesario un sustancial aumento de su precio. Y así en 1966 propició un nuevo golpe de Estado en Argentina, contra el presidente Humberto Illia; quien al asumir en octubre de 1963, en base a un guiño recibido por parte del presidente John Kennedy, anuló los leoninos contratos petroleros firmados por el presidente Arturo Frondizi. Pero un mes después Illia quedó colgado del pincel, tras el magnicidio del presidente Kennedy. Y esas anulaciones se fueron enervando, hasta el arribo al poder el dictador Gral. Juan Carlos Ongania, quien con su ministro de Economía Adalbert Krieger Vase-na, se encargó de dejar sin efecto esas anulaciones e indemnizar a las compañías petroleras anglo estadounidenses.

     Durante esa dictadura, se produjo la primera oferta por parte de un gobierno laborista inglés, para de llegar a un arreglo por la cuestión Malvinas, tras el triunfo diplomático argentino en 1965 con la resolución de la ONU 2065. Durante la dictadura del Gral. Onganía, en el año 1968, durante la gestión del embajador argentino en Londres brigadier Eduardo Mac Loughlin, se logró llegar a un borrador de memorándum a los fines de cumplir con la resolución 2065 de la ONU de tres años atrás, que dispuso que solo se debían tener en cuenta los intereses de los isleños, no sus deseos, al tratarse de una población colonialmente implantada. En el cual a esos efectos, se proponía realizar rápidos progresos con medidas prácticas para promover la libertad de la comunicaciones y movimientos entre el continente y las islas. Previendo que una vez concretado esto, y existiendo las necesarias garantías de que los intereses de los isleños estarían asegurados, el Reino Unido reconocerá la soberanía de la República Argentina sobre las islas a partir de una fecha a ser convenida; siendo este el punto mas cercano al que se llegó en ese conflicto ancestral. Sin embargo, el canciller de entonces Nicanor Costa Méndez, que luego también se desempeñó durante la Guerra de Malvinas de 1982, demoró largamente en pronunciarse al respecto. Y cuando lo hizo se encontró que los conservadores habían desper-tado una furibunda oposición a ese convenio.

      Tras la caída de la dictadura, en junio de 1974, durante el gobierno de Perón, cuando ya la cuestión de la existencia de petróleo en la cuenca de Malvinas era vox populi, el canciller ar-gentino Alberto Vignes recibió por parte del embajador ingles en Buenos Aires James Hutton, una novedosa propuesta de condominio o co soberanía de las islas. Poco antes había asumido como premier ingles el laborista Harold Wilson, en reemplazo del conservador Edward Heath (Partido Conservador). Y la propuesta implicaba el uso de ambas banderas, idioma oficial bi-lingüe español inglés, doble nacionalidad para los isleños, y designación rotativa del gober-nador por parte de Argentina e Inglaterra; pero nada hablaba de la explotación de sus recursos naturales. Al recibir la propuesta, Perón no dudó y le dio instrucciones a Vignes, expresando: Aceptemos. Una vez que pongamos pie en las Malvinas no nos saca nadie y poco tiempo después la soberanía será total. La Cancillería argentina recibió con entusiasmo la idea y comenzó a redactar una contrapropuesta, pero solo tres semanas después Perón falleció. Tras asumir la presidencia María Estela Martínez de Perón el gobierno británico comenzó a ver con desconfianza la estabilidad política y económica de la Argentina. Y ante el temor de que el nue-vo gobierno no pudiera cumplir con las salvaguardas pactadas, Londres decidió enfriar las negociaciones secretas y retirar la oferta.

      Seguidamente en marzo de 1975, ante el interés manifestado por distintas compañías pe-troleras por la zona de Malvinas, y el informe favorable de la Universidad de Birmingham al respecto, la cancillería emitió un enérgico comunicado haciendo saber que Argentina no reco-nocería ningún derecho en materia de exploración o explotación de recursos minerales o hidrocarburos. Postura que llegó a su climax con el incidente en febrero de 1976 con el navío Shackleton, al que el Almirante Storni le efectuó disparos por sobre la cubierta en las inme-diaciones de las islas Malvinas. Generando esto el retiro de embajadores por ambas partes que recién se repusieron tres años después, a fines de 1979. Al mes siguiente del incidente se derrocó a Isabel Perón.

     Entre mediados de 1979 y 1980 sobrevino la Misión Ridley, llevada a cabo por el sub secre-tario de Estado británico, barón Nicholas Ridley, quien efectuó sucesivas visitas a las islas Malvinas y a Buenos Aires. Con ella se repusieron los embajadores por parte de Argentina y el Reino Unido, y por primera vez se habló de la vetusta y oprobiosamente colonial solución Hong Kong; que fue rechazada de plano tanto por los isleños, como por la dictadura militar que la consideró inaceptable. El último intento Ridley, que ahora quiere reintentar el presidente Milei, se concretó con el Acuerdo Secreto de Ginebra plasmado entre el 10 y 11 de septiembre de 1980 en Suiza, entre Ridley y el subsecretario de Relaciones Exteriores argentino comodoro Carlos Cavándoli; el objetivo central fue formalizar y estructurar el mecanismo de arrenda-miento.  Con una transferencia formal e inmediata de la soberanía de las Malvinas a Argentina, el Reino Unido mantendría la administración compartida o exclusiva del territorio, por un perío-do prolongado. Se barajaron alternativas de 99 años similar al estatus de Hong Kong, o un tér-mino intermedio a definir; con inclusión de salvaguardas estrictas para preservar el modo de vida, leyes, idioma y costumbres de los isleños. No obstante, el plan colapsó, en noviembre de 1980 fue rechazado por el Parlamento Británico. Por su parte los isleños rechazaron tajante-mente quedar bajo el pabellón argentino. Y por su lado la Junta Militar argentina, consideró inaceptable esperar casi un siglo para ejercer el control efectivo de las islas.

     En marzo de 1981 el Gral. Videla fue reemplazado por el Gral. Viola; y a fines de 1981, tras una nueva visita de Kissinger a Buenos Aires, Viola fue reemplazado por el Gral. Leopoldo Galtieri, quien venía de ser homenajeado como un general majestuoso en Washington, y que pocos meses antes, en junio, había calificado a la solución Hong Kong de colonialista. Y con semejanza con el presidente Milei, creía infantilmente que su colaboración con la guerra sucia en El Salvador y Nicaragua, podía superar como nuevo aliado estratégico de EEUU, a la alianza especial integral con el Reino Unido. Así Galtieri, acometió la gesta de tratar de reflotar la fracasada y agónica dictadura militar, con la gesta de recuperar Malvinas. Contó para ello con la complicidad del comandante en Jefe de la Armada Isaac Anaya, quién como agregado militar en la embajada en Londres, y deslumbrado con la actividad petrolífera que el Reino Unido rea-lizaba en el Mar del Norte, que le había permitido recuperar antiguos esplendores, había sido pacientemente intoxicado con la desinformación de que al Reino Unido no le interesaba la so-beranía en Malvinas, sino solo su petróleo.

     Engaño que fue confirmada con las falsas señales de un supuesto plan de desguace de la Royal Navy, que incluía hasta el HMS Endurance, el rompehielos con destino en Malvinas. A lo que se sumó la tesis insinuada por el Reino Unido en las negociaciones de los años 1981/82, y comprada por el canciller Nicanor Costa Méndez, de que la disputa no era por las islas Malvi-nas, sino por el Territorio de las islas Malvinas, que según la burocracia inglesa abarca tam-bién las remotas islas Georgias y Sandwich el Sur.

     En consecuencia, el plan inicial de la Junta Militar, sin fecha fijada y sin alternativas pre-vistas, contando con esa supuesta alianza y falsas informaciones, era conmocionar la diploma-cia mediante una recuperación incruenta de las islas, dejando allí una mínima dotación. Igual que pretende hacer ahora Milei con la presentación ante el Tribunal del Mar, para que dicte una cautelar que impida la explotación del petróleo en la ZEE de Malvinas. A los efectos de lograr que diplomáticamente el Reino Unido, reconociera la soberanía argentina, en las islas, con la intermediación de EEUU. A cambio de llevarse todo su petróleo, para lo cual habían anunciado modificar la ley de Hidrocarburos; igual que ahora pretende hacer el presidente Milei con la histórica y colonialmente oprobiosa solución Hong Kong. Con la diferencia que el objetivo es-tratégico supremo de la estratagema de entonces, era poder instalar una base de la OTAN allí, para enfrentar la expansión de la URSS en el Atlántico Sur. Y ahora el objetivo estratégico su-premo, ante el agotamiento del petróleo en el Mar del Norte y los problemas derivados en Medio Oriente por la falta de control del estrecho de Ormuz, sí es el petróleo.

      El resultado de ese absurdo plan de la Junta Militar, primero fue la sorpresa táctica recibida por el incidente en las islas Georgias con los chatarreros de Davidoff; motivado porque el canciller Costa Méndez, bajo el concepto de Territorio de las islas Malvinas inoculado por la di-plomacia inglesa, les entregó para su desembarco allí, las tarjetas blancas que solo eran váli-das para Malvinas. Esto, sumado al rumor del envió de submarinos nucleares ingleses, que impedirían para siempre la ejecución del plan diplomático militar en ciernes, lo que hizo fue precipitar la recuperación de las islas Malvinas por parte de la Junta Militar. No obstante que los aprestos militares y menos aún los diplomáticos se habían concretado debidamente; al punto que recién acababa de asumir el amigo íntimo de Costa Méndez, Eduardo Roca, como embajador ante la ONU. Y así vino otra sorpresa, en este caso estratégica para la Junta Militar; Con la aprobación de la Resolución 502 por parte del Consejo de Seguridad de la ONU, que condenó la recuperación de las islas por parte de Argentina, y legalizó la reacción militar inglesa. Tras un inusitado discurso de Costa Méndez, en el que reconoció la existencia de una agresión por parte de Argentina, violatoria de la Carta de la ONU, en respuesta a la agresión que casi 150 años atrás había concretado no el Reino Unido, sino EEUU.

     En consecuencia, lo que vino después fue pura improvisación por parte de la Junta Militar. Qué ante esa resolución externa y la reacción positiva de la opinión interna, abandonó el plan Ocupar para negociar, y lo reemplazó por Reforzar para obligar a negociar. Abrazándose así a la presunta mediación del entonces secretario de Estado, excomandante en Jefe de la OTAN, y socio de Kissinger y de Lord Carrigton en Kissinger Associates Inc. Quien la única salida pací-fica que le brindó a la acorralada Junta Militar, fue el reconocimiento de los deseos de los isleños, renunciando así Argentina al triunfo diplomático de la resolución 2065.

    Como ultima presión para que la Junta Militar se aviniera a ello, fue la perpetración del crimen de guerra del Crucero Gral Belgrano, fuera de la zona de exclusión, incurriendo así el Reino Unido en la perfidia sancionada en las convenciones de guerra. Así sobrevino una guerra sin esperanza de victoria, al enfrentar en los hechos Argentina, a las dos potencias militares mundiales de entonces, respaldadas además por la OTAN. El único entorpecimiento que encontró en esa faena el Reino Unido, fue el impedimento del desembarco de las tropas británicas y sus famosos gurkhas, por el osado desempeño de la aviación argentina, con la aproximación a sus buques de desembarco por debajo del umbral del radar. No obstante el bajo desempeño de bombas inglesas que no explotaban al impactar contra ellos, por la defec-tuosa calibración de sus espoletas. Y lo mismo le sucedió al submarino ARA San Luis, con sus torpedos ingleses filoguiados que se cortaban. Dejando como moraleja que no se debe hacer la guerra, y menos con las armas del enemigo.

      Logrado el desembarco de tropas que venían de entrenar en Finlandia expresamente para esto, con equipos de última generación y apoyo de helicópteros, el resultado era irreversible. Contra tropas argentinas que no obstante su falta de equipo y entrenamiento, y con las penurias sufridas por muchos días a la intemperie invernal, estuvo lejos de hacérsela fácil. Por su parte a la Junta Militar, más allá de sus tremendos errores, falencias, y corrupto oportu-nismo, debe reconocérsele que no cedió un ápice a la pretensión de EEUU de revocar la re-solución 2065, que es la esencia del conflicto. Ni siquiera ante la perspectiva de que una derrota militar manchara para siempre sus carreras militares, por la que incluso fueron condenados penalmente y luego indultados.

     Ante todo esto, la pretensión del presidente Milei de reflotar la histórica y colonialmente oprobiosa solución Hong Kong, intentada por el Reino Unido en 1979/80 como último intento para no llegar a la guerra que estaba planificando meticulosamente, es una defección que linda con la alta traición, al echar por la borda todo ese sufrimiento.

     Conclusiones

     El nuevo curso de acción propuesto por el presidente Milei respecto el conflicto de Malvinas, que según el mismo debe desembocar en una solución Hong Kong, sería una nueva trapisonda anglo estadounidense destinada a poner en plena explotación con total seguridad jurídica, el petróleo de las islas Malvinas, que se reputa como un nuevo Kuwait.

     A los efectos por parte del Reino Unido, de enfrentar el agotamiento del petróleo Brent del Mar del Norte; y por parte de EEUU salir el atolladero del Medio Oriente; por la incapacidad de ambos de controlar efectivamente el estrecho de Ormuz, y así poder revertir la declinación de los petrodólares en que se basa el poderío de EEUU.

     En esa trapisonda, respecto el rol que cumple el presidente Milei, existe la baja posibilidad de que esté actuando inconscientemente, como consecuencia del desconocimiento palurdo que tiene tanto él como su entorno, de los entresijos de la historia en general, y de Malvinas en particular. Y la alta posibilidad de que sea el precio que conscientemente debe pagar, a costa del futuro de los argentinos, para que siga existiendo una ayuda total de toda índole por parte de EEUU, para imponerse en las próximas elecciones presidenciales, que vienen complicadas para ello.

     Por su parte la ley enviada al Congreso con motivo del conflicto de Malvinas, además de reforzar las sanciones contra las empresas que intenten explotar unilateralmente el petróleo existente allí; parece prever las dificultades que encontrará en ciertos sectores de la opinión publica movilizados por Malvinas el imponer esa solución. Y ello explica qué de sus ocho títu-los, siete de ellos parecen haber sido redactados por la famosa Escuela de las Americas; resucitando la Doctrina de Seguridad Nacional aplicada en los tiempos más sombríos de las dictaduras militares. Con instrumentos muchos de ellos flagrantemente inconstitucionales, para poder apagar las opiniones de quienes se opongan a esa colonialmente oprobiosa solu-ción Hong Kong, que pretende llevar adelante el presidente Milei.

     Por último, ante la enorme dimensión de este conflicto, la única posibilidad que existiría para salir ganancioso en él, es revelar con el auxilio de la semiótica, la profunda verdad de este por increíble que sea, que está escondida en las páginas opuestas al editorial del diario La Nación, donde estabas los mensajes encriptados para mostrarla ante el mundo y lograr su apoyo. Lo cual no solo sanearía el conflicto de Malvinas, sino también la democracia y la comunidad ar-gentina. Dado que ninguna de ambas puede realizarse efectivamente si los medios de comuni-cación más influyentes están al servicio del enemigo externo, intoxicando como quinta colum-nistas la opinión pública interna.

      Afirmación que abarca al Grupo Clarin, que también tuvo una participación decisiva en el conflicto, a los efectos de torcer el plan diplomático militar de la Junta Militar, de Ocupar para negociar a Reforzar para obligar a negociar. Propiciando la euforización de la sociedad ante lo primero; y dejando así postrada a Argentina ante la alternativa de una derrota diplomática que felizmente no sucedió, o la trágica derrota militar que sí sucedió.

      Para lograr ello, en febrero de 1982 previo a la recuperación momentánea de Malvinas, en el Grupo Clarin se registró un cambio de manos. Con la expulsión de los desarrollistas del mismo, y el ascenso de Horacio Magnetto. Y a la par junto con La Nación pusieron en marcha la agencia de noticias Diarios y Noticias, con la cual, propiciaron nacionalmente a través de los diarios del interior la euforización, en contra de los intereses genuinos del país. Y luego fueron los agentes de la desmalvinización que tanto costó revertir.

     A ello se agregó por parte de tres editores del Grupo Clarin, el fallecido Oscar Cardoso, Ri-cardo Kirschbaum, y Eduardo Van Der Koy, la edición de un libro que parece escrito en inglés (Malvinas La trama secreta); qué como primera versión de esa trágica guerra, presenta a los mandos ingleses como caballeros que distraídamente dejaban caer falsas señales respecto el conflicto; y a los mandos argentinos como palurdos corruptos que las creían. Haciendo así honor al dicho de que las historias de las guerras las escribe el vencedor.