Amadeo, Bein, Blejer, Pignanelli, Prat Gay, y Sturzenegger,
involucrados en la catástrofe del 2001, están de nuevo al frente
Miguel Bein y Mario Blejer son los asesores del candidato
Daniel Scioli. Aldo Pignanelli es el asesor del candidato Sergio Massa. Y
Eduardo Amadeo, Alfonso Prat Gay, y Federico Sturzenneger son los asesores del
candidato Mauricio Macri. Todos ellos como si no tuviesen pasado, hablan de
nuestro futuro, pese haber sido los responsables de la catástrofe del año 2001,
considerada la crisis económica financiera más grave de la República Argentina.
Pero vivimos en “el país de Nomeacuerdo” de María Elena Walsh, y así se
proponen para guiarnos de nuevo hacia quién sabe dónde.
El Regreso de los Muertos vivos
Por Javier Llorens
A fines de 1999 el presidente Fernando De la Rua se hizo
cargo del gobierno, cuando ya la convertibilidad estaba exhausta y había que
abandonarla ordenadamente, y los servicios de la deuda se habían hecho
impagables, por lo que a un canje de deuda le sucedía el otro. No obstante el
gobierno de la Alianza que había prometido no abandonarla, decidió insistir a
ultranza con ella.
Lo primero que hizo a esos efectos, con la intervención del
ministro de Economía José Luis Machinea y su viceministro Miguel Bein, fue descargar
un impuestazo sobre la clase media, con la ley de Reforma Tributaria. Que
generalizó el impuesto a las ganancias sobre los empleos de altos ingresos, que
hoy por efecto de la inflación y la falta de ajuste de sus rangos, alcanza a
los ingresos medios. Efectuó además quitas a los jubilados de haberes altos, y
generalizó la aplicación del IVA a todos los bienes, junto un aumento de casi
todos los impuestos internos. Seguido luego con una reducción de salarios del
personal estatal, y la reestructuración o supresión de diversos organismos
públicos.
BLINDAJE y después
Pero eso no fue suficiente, y a fines del año 2000 con
bombos y platillos se firmó el famoso Blindaje con el FMI y la banca acreedora.
En cuya negociación intervinieron los entonces ministro José Luis Machinea, el
mismo de la estatización de la deuda privada en 1985. El secretario de Hacienda
Mario Vicens, quien luego pasó a presidir ABA (Asociación de Bancos
Argentinos). Y el viceministro y secretario de Programación Económica Miguel
Bein, quién no obstante actualmente, además de asesorar a Daniel Scioli, es un
gran consultor en la cuestión de la deuda.
En la letra chica del Blindaje, se preveía absurdamente que
en el 2001 se extraerían del país nada menos que 20 mil millones de dólares de
ahorro interno argentino, equivalentes a los Requisitos Mínimos de Liquidez
(RML) de los bancos. Estos eran las altas “reservas prudenciales” del sistema
financiero, que se habían establecido después de la crisis financiera del
Tequila en 1995, para asegurar su funcionamiento.
Los que supuestamente a los efectos de garantizar su
efectiva disponibilidad, debían depositarse en el exterior en dólares, en un
banco de primera línea. Quienes a su vez casualmente, detentaban en sus
carteras títulos de la deuda argentinos, sobre los que se avizoraba un negro
futuro, por el agotamiento de la convertibilidad, y la incapacidad de obtener
nuevos créditos externos por parte de Argentina, igual que sucede actualmente.
Por ello la idea o eje de la maniobra que los bancos
norteamericanos encabezados por el JP MORGAN CHASE y el CITIBANK urdieron para
zafar del default que se venía encima, fue muy sencilla. Quedarse con los RML a
cambio de sacarse el clavo de los títulos públicos argentinos que tenían en su
poder.
Razón por la que técnicamente se puede decir que el 2001 no
hubo una fuga de divisas, ya que en realidad –absurdamente- buena parte de ella
se había fugado mucho antes, a medida de la constitución de los RML en el
exterior. Por lo que el cuento del gobierno de Duhalde, de los camiones
cargados con billetes que iban a Ezeiza, fue un cruel bluf de ese gobierno para
justificar incumplir la promesa que había hecho, de que “el que depósito
dólares, recibirá dólares”.
La maniobra prevista en los papeles por Machinea y Bein, se
puso efectivamente en operaciones en marzo del 2001, tras la renuncia de ambos,
y la asunción de Domingo Cavallo como súper ministro de Economía. El mismo de
la autoría intelectual de la famosa circular 1050, la estatización de la deuda
externa privada en 1982, y la convertibilidad y capitalización de la deuda
externa con las privatizaciones de los `90, pero dotado ahora de plenos
poderes.
Flanqueado por Horacio Liendo, el cerebro legal de Cavallo
desde los tiempos en que este se desempeño como subsecretario del ministro del
Interior Gral Horacio Liendo, durante el Proceso Militar. Y por Daniel Marx,
que conservó su puesto de secretario de Finanzas, y que bien podría llamarse el
saltimbanqui de la deuda.
Ya que de ejecutivo del Citicorp – Banco Rio durante el
Proceso Militar, pasó a desempañarse como representante Financiero de Argentina
en Estados Unidos y secretario de Finanzas, hasta la implementación del Plan
Brady en 1992. Para a partir de allí pasar nada menos que a ser socio del
banquero Paul Brady, autor del plan que lleva su nombre. Para luego con el
presidente De la Rua volver a la secretaría de Finanzas, en un incesante salto
de un lado al otro del mostrador.
MEGACANJE y después
A continuación, con el Megacanje concretado apuradamente en
junio de ese año, con el que se aumentaron los pagos de la deuda pública en
55.000 millones de dólares, lo que hicieron efectivamente Cavallo y Marx fue
introducir en el sistema financiero argentino los bonos que detentaba la gran
banca norteamericana, e iban a un seguro default. A cambio de quedarse
limpiamente con los RML, que eran propiedad de los ahorristas de los bancos
argentinos.
Para poder concretar este criminal empapelamiento de los
bancos, que paralizó la economía a lo largo del 2001, y derivó en el corralito
bancario, Cavallo tuvo previamente que hacer volar a Pedro Pou de la
presidencia del Banco Central. Quién se oponía terminantemente a que se
manotearan las RML o “reservas prudenciales”, ya que habían sido una creación
suya a los efectos de poder enfrentar en el marco de la convertibilidad, una
corrida bancaria y cambiaria como la que sobrevino a fin de ese año.
Fue reemplazado por Roque Maccarone, un legendario tiburón
de la patria financiera directivo del Banco Rio y Pérez Companc, para lo que
fue necesario brindarle una dispensa especial, por carecer de título
profesional. Seguidamente ese empapelamiento fue “legalizado” por Cavallo, con
la reforma que efectúo de la Carta Orgánica del BCRA, en base a los plenos
poderes que había exigido que se lo dotara, antes de reasumir como súper
ministro de Economía a principios del 2001, disponiendo que los RML se podían
integrar con títulos públicos.
Los cuales obtuvo gracias a la enorme presión ejercida
personalmente por una delegación de mega banqueros norteamericanos, encabezada
por el legendario David Rockefeller, que casualmente visitaron Buenos Aires en
marzo, simultáneamente con la designación de Cavallo como súper ministro.
Integrada también por su tocayo, David Mulford, recientemente sobreseído por
prescripción en la causa del megacanje.
Los anfitriones de esa conspicua delegación de mega
banqueros, fueron los hermanos Rohm del Banco General de Negocios, que luego
fueron encarcelados por el escandaloso vaciamiento que hicieron de ese banco. Y
Eduardo Amadeo, el único argentino integrante de la “Americas Society”, y
director de “The American Society of the River Plate” (“organización de
argentinos amigos del quehacer de los Estados Unidos”). Que hasta hace poco fue
el consejero personal del candidato Sergio Massa, y ahora lo es de Mauricio
Macri, habiendo sido acusado de recibir dádivas de dinero por parte de este.
El megacanje de Cavallo tuvo también la virtud de hacer caer
el seguro de liquidez o de “Pases Contingentes” para afrontar situaciones de
iliquidez por 7.300 millones de dólares. Al que estaban obligados con el Banco
Central un sindicato de bancos encabezados por el Credit Suisse – First Boston,
cuyo CEO era David Muldford, junto al JP MORGAN– CHASE y el CITIBANK. Como
consecuencia de haberse rescatado y extinguido con él, los títulos (bonos
Brady) que el BCRA debía utilizar como garantía para obtener la liquidación de
ese seguro, por el cual había venido pagando una costosa prima de 500 millones
de dólares.
De esa manera ese sindicato de bancos se desobligó de
cumplir con ese contrato, cuando el Banco Central más necesitaba de él. Por lo
que se puede decir que Cavallo, Marx, y Liendo, realizaron una exitosa
carambola a dos bandas, para sacarle de encima a la gran banca norteamericana,
los activos y las obligaciones sumamente riesgosas que tenían pactadas con
Argentina.
Cavallo, Marx, Liendo, y los bancos remataron así una
gigantesca maniobra de vaciamiento bancario y fuga de capitales, que fue
financiada por el FMI con el aporte de 9.000 millones de dólares. Violando este
sus estatutos, que le prohíben prestar para alimentar una fuga de divisas. Y
como si fuera una exigencia del FMI y la banca norteamericana, para garantizar
que la fuga se encaminara adonde correspondía, y la maniobra se llevara
adelante sin tropiezos, Cavallo primero pretendió nombrar como vicepresidente
del Banco Central, al ejecutivo del JP MORGAN CHASE, Alfonso Prat Gay. Lo que
fue objetado por la Oficina Anticorrupción, por los intereses claramente
encontrados que este representaba.
En su sustitución nombró al director del FMI Mario Blejer,
un conspicuo operador de la gran banca internacional, al punto de haber llegado
a ser director del Banco de Inglaterra y del Banco de Israel. Quien no obstante
tuvo que renunciar a medidos del 2002, después que las auditorías públicas y
privadas del Banco Central, rechazaran de plano el balance de este del año
2001, por la gravísimas discontinuidades que existían en sus cuentas.
No obstante hoy gracias a los grandes medios, Blejer es un
gran consultor y opinador sobre la economía y las cuestiones de la deuda, y
asesor personal del candidato Daniel Scioli. Blejer fue sustituído entonces por
el director Aldo Pignanelli, otro firmante de ese fraudulento balance del Banco
Central, que hoy asesora personalmente al candidato Massa. Quien se vio a su
vez obligado a renunciar pocos meses después, por la oposición que hacía a la
pesificación asimétrica.
No obstante hoy, pese la gravísima mancha que ostenta su
legajo con el rechazo de ese balance, es mencionado para presidir nuevamente el
Banco Central. Cosa que solamente puede suceder en un país como Argentina, que
parece elegir a sus conductores no por sus aciertos, sino por la cantidad de
choques y siniestros que tienen su haber.
Así a finales del 2002 se hizo cargo de la presidencia del
Banco Central Prat Gay, pese a las incompatibilidades que arrastraba como
ejecutivo del JP MORGAN – CHASE, quién llevó entonces como asesor a Martín
Lousteau. Los que lejos de investigar en los libros del Banco Central respecto
las gravísimas irregularidades que tenía su balance del 2001, que hasta la
fecha no ha sido aprobado, remataron en la práctica esa sideral maniobra de
vaciamiento del sistema financiero, encubriéndola totalmente.
Sin embargo Prat Gay es hoy asesor personal del candidato
Mauricio Macri, siendo mencionado como su posible ministro de Economía. Y por
su parte Martín Lousteau también integra las filas de Cambiemos, alianza en la
que participa la UCR, habiendo sido candidato a jefe de Gobierno de Buenos
Aires.
CORRALITO BANCARIO y después
La maniobra de empapelamiento de los bancos y birlado de sus
reservas la remató Cavallo en noviembre del 2001, con la instauración del
“corralito bancario”, al quedarse los bancos sin el efectivo mínimo para
funcionar. Y con la simultánea
conversión de los títulos de la deuda en manos de los bancos, en Préstamos
Garantizados con impuestos, evitando así que ellos cayeran en default. Saliendo
de esa manera limpiamente los bancos argentinos y norteamericanos de la
exposición al riesgo argentino, y al default que se les venía encima.
Buenos_Aires_-_Manifestación_contra_el_Corralito_-_20020206-10m
A los “Préstamos Garantizados” los denominaron y
contabilizaron así, para poder simular en los balances de los bancos, que la
pérdida de las reservas o RML se había producido por una fuga de depósitos. Tal
como sostenía públicamente ABA (Asociación de Bancos Argentinos) presidida por
Mario Vicens, quién de secretario de Hacienda que participó en el Blindaje, pasó
a ocupar ese estratégico puesto en las altas finanzas privadas. Pese que
simultáneamente los bancos habían ido concretando pacientemente un formidable
recupero de préstamos, con el que paralizaron el funcionamiento de la economía
a lo largo del 2001. Por lo que las reservas o RML de los bancos que se habían
evaporado, deberían haberse mantenido incólumes.
De esa manera ese año se fugaron del país casi 30.000
millones de dólares, provenientes del Préstamo del FMI y las RML de los bancos.
Y como colofón de esa fuga de divisas, que paralizó la economía argentina, a
fines de ese año el presidente De la Rua se fugó en un helicóptero de la Casa
Rosada, tras presentar su renuncia. Dejando atrás una estela de veinte
argentinos muertos, un caos social e institucional indescriptible, una economía
totalmente parada, y un monto de deuda pública de u$s 144.000 millones.
Por todas esas razones, desconociendo los detalles de esa
sórdida trama, pero si las presiones en torno de la deuda, que los había
obligado a sesionar a lo largo del 2001 entre gallos y medianoche, para
sancionar leyes absurdas como la de los superpoderes de Cavallo, de déficit
cero, e intangibilidad de los depósitos, el Congreso aplaudió a rabiar la
declaración de default que anunció el presidente Adolfo Rodríguez Saá, en su
brevísimo interregno a fines del 2001. Que por otro lado era la única salida
que tenía Argentina, pero que hoy los grandes medios que ocultaron esa enorme
maniobra de vaciamiento financiero del país, se encargan de ridiculizar, como
si hubiesen existido otras alternativas.
No obstante el default resultó ser selectivo, porque pocos
días después Rodríguez Saá fue obligado a renunciar, como consecuencia del
accionar de la junta de los 14 gobernadores peronistas, liderada por el gobernador
de De la Sota, y movilizada desde la Embajada norteamericana. Fue sustituido
por Eduardo Duhalde, quien como secretario General de la Presidencia, designó
nada menos que a Eduardo Amadeo. El amable anfitrión de los banqueros
Rockefeller, Muldford y otros, que habían estado de visita en marzo anterior en
Buenos Aires, para presionar que De la Rua designara a Cavallo como súper
ministro de Economía con plenos poderes.
Seguidamente Duhalde dispuso que los Préstamos Garantizados
que tenían los bancos en su poder, se siguieran pagando religiosamente. Y a la
par se pagó cash al JP MORGAN – CHASE los 1.000 millones de dólares que había
puesto para cumplir con el seguro de liquidez con el Banco Central, que en
realidad lo obligaba por un monto de 7.300 millones de dólares. Habiendo sido
además Amadeo, el padrino para que Prat Gay fuera designado presidente del
Banco Central. No siendo causal por ende que ambos recientemente se hayan
mudado simultáneamente a las filas del candidato Macri.
Esa feroz maniobra de vaciamiento del país, fue coronada con
la derogación de la ley de subversión económica que atrapaba a los banqueros,
por el vaciamiento que habían practicado de los RML o reservas de los bancos.
La que era exigida por estos y el FMI, a cambio de la promesa caza bobos
trasmitida por Amadeo, el anfitrión de los banqueros, al presidente Duhalde,
que a cambio de esa “seguridad jurídica”, iba a venir un salvataje externo de
20.000 millones de dólares, para sacar al país adelante, el que por supuesto
nunca llegó. La derogación se concretó también gracias a las febriles gestiones
desplegadas por Amadeo, según el mismo las narra en su libro “La salida del
abismo”, siendo por ello premiado con el cargo de embajador en Estados Unidos.
Siete años después todos momentáneamente resucitaron
De esa manera los banqueros salieron totalmente impunes de
esa monumental y enormemente dañina maniobra de vaciamiento. Pero años después,
en septiembre del 2007, el fiscal federal Oscar Amirante pidió la indagatoria
de centenares de banqueros, por la administración fraudulenta de los RML de los
bancos. Y la de los principales funcionarios que estuvieron al frente del
Ministerio de Economía y el Banco Central durante la crisis de 2001 y su zaga.
Responsabilizándolos por haber perjudicado a los ahorristas
del sistema financiero, para beneficiar a los bancos con la instauración del
“corralito”. Entre los funcionarios acusados figuran Domingo Cavallo, Daniel
Marx, Mario Blejer y Alfonso Prat Gay, etc. Mientras que el listado de banqueros
incluye a Guillermo Harteneck, Eduardo Escasany, Arnaldo Bocco, Roberto
Feletti, Diego Santilli, Enrique Olivera, Julio Macchi, Carlos y José Rohm,
Miguel Kiguel, José María Dagnino Pastore, Mario Vicens, Julio Werthein, Manuel
Sacerdote y Carlos Fedrigotti, entre muchos otros.
Esta causa había sido abierta por orden de la Corte Suprema,
en base al libro “LA ARGENTINA ROBADA – El corralito, los bancos y el
vaciamiento del sistema financiero argentino”, publicado en el año 2002 por
Mario Cafiero y el autor de esta nota, confeccionada en base al contenido del
mismo. En su dictamen el fiscal Amirante concluyó que existió “un plan
destinado a proteger y favorecer a determinados grupos de poder económico y, en
especial, a los patrimonios de los bancos autorizados a funcionar en el
sistema…”
“Esta investigación se propone abrir la ‘caja negra’ del
sistema bancario y financiero para poder determinar si las catástrofes se
debieron a causas naturales o si hubo negligencia, impericia o dolo. Esa ‘caja
negra’ se llama Banco Central de la República Argentina y el conjunto de bancos
del sistema financiero”, sostuvo Amirante. Quien también aseguró que la ley de
intangibilidad de los depósitos resultó ser un fraude, porque su objetivo no
era materialmente cumplible.
La causa recayó en el supuestamente valiente juez federal
Ariel Lijo, y como todas las relacionadas con las altas finanzas, se perdió en
el olvido. Gracias a la “ignorancia deliberada” de la gran prensa, que se
encargó de no darle ninguna trascendencia, lo mismo que hizo con el mencionado
libro. Pese que aportaba fundadamente una explicación totalmente distinta
respecto la catástrofe del año 2001, lo cual en cualquier país serio hubiese
originado por lo menos un debate al respecto.
Otra cantar hubiese sido si una prensa realmente
“independiente” de todos los poderes, la hubiese puesto en la agenda. Como
diariamente hace CLARIN con las causas que afectan al vicepresidente Amado
Boudou. No obstante que sus picardías respecto la Casa de la Moneda son
infinitamente menos dañinas, y solo monedas en relación con la de la catástrofe
del 2001. De esa manera se cerraron todas las causas judiciales dirigidas
contra los banqueros, que habían defraudado ferozmente a los ahorristas
argentinos.
Por contrario, pese los enormes daños que infligió a
Argentina, el sistema financiero fue indemnizado integralmente por la
pesificación asimétrica, y por la exposición que tenía en moneda extranjera,
mediante una entrega masiva de bonos. Cuyo monto nadie conoce a ciencia cierta,
dado que la secretaría de Finanzas nunca informó respecto la colocación de
títulos entre el 2002 y 2005. Pero cuyo monto se puede estimar entre los 24 y
28 mil millones de dólares, siendo este el motivo sustancial del crecimiento en
40 mil millones de dólares de la deuda pública durante ese periodo.
MEGACANJE y olvido
A la par fueron cayendo sucesivos sobreseimientos a favor de
los numerosos involucrados en la causa penal abierta con motivo del Megacanje.
Quedando a la postre encartado solo Cavallo, con la benigna calificación de
“negociaciones incompatibles con la función pública”, delito menor que en
realidad esconde otros muchos mayores, lindantes con el latrocinio y la
traición.
Para poder zafar, Marx uso la clásica treta de la cosa
juzgada, a la que generalmente apelan los grandes delincuentes de cuello blanco
para lograr su impunidad. Tal como lo habían hecho los Macri, para zafar en las
causas por contrabando que los tenían a maltraer. Consistente en generar una
causa paralela en un juzgado amigo, con algún vago contacto con la causa
principal, para obtener de ellos una sentencia de sobreseimiento, que traída de
los pelos permita invocar la cosa juzgada en la causa principal.
Por su parte el banquero Muldford, Liendo, y otros notables
funcionarios de Cavallo, como Federico Sturzzeneger, que hoy asesora a Macri y
se menciona como candidato a la presidencia del Banco Central, lograron zafar
con la otra clásica treta, que es lograr la prescripción por el paso del
tiempo. Conseguida con abogados muy rápidos en oponer apelaciones y chicanas
dilatorias, y jueces y fiscales muy lentos para diligenciarlas.
Así Cavallo fue el único que llegó el año pasado a juicio
oral y público. Que no solo fue secreto, por la omisión deliberada de la prensa
en cubrirlo, como si se tratara de un juicio de instancia privada contra un
pedófilo o maniático sexual. Sino que en la práctica no tuvo acusación, ya que
la fiscal de Cámara Fabiana León, dio la impresión de que ni había leído la
causa. Ya que llegó a afirmar que el megacanje fue “una cuestión política que
no tiene nada que ver con lo judicial. La decisión judiciable es si benefició o
no a los bancos, no la cuestión del megacanje y la deuda”. Evidenciando así no
haber entendido nada de esa compleja operación, urdida por mega banqueros
extranjeros.
La causa tampoco tuvo querellante, por defección del Estado
Nacional, después de que la justicia apartó a los particulares damnificados
-que somos todos- y a los diputados que lo impulsaron, como Mario Cafiero. Y
además Cavallo, como si se tratara de una reunión entre caballeros londinenses
para jugar al bridge, y no de un juicio criminal oral y público, fue exceptuado
de estar presente por tener que atender compromisos en el exterior.
Cavallo fue finalmente no solo sobreseído por el Tribunal
Oral Federal Nº 4, integrado por los jueces Néstor Costabel, Patricia Mallo y
Enrique Pose, sino que además fue liberado de pagar las costas, que recaerán
sobre el estado bobo. No obstante actualmente ese fallo se encuentra en
revisión en la Cámara Federal de Casación.
La descobertura del juicio de Cavallo por parte del
periodismo, tanto oficialista como “independiente”, fue notable. Rematando así
la invisibilización que hicieron de la causa del vaciamiento de los bancos y
del megacanje a lo largo de los años. Y hoy con la cibernética, los buscadores
de sus portales web, que arrojan muy poco o nada al respecto, son los testigos
irrefutables de lo que en términos de faltas o delitos, se conoce como
“ignorancia deliberada”, y que en periodismo se denomina tendenciosidad.
Encargándose así el establishment de preservar a los
personajes que lo sirven fielmente, para poder volver a emplearlos cuando surja
la ocasión. Tal como sucede hoy por orden de aparición en el relato, con Bein,
Amadeo, Blejer, Sturzenegger, Pignanelli, Prat Gay, etc.
No obstante la cobertura brindada por el establishment a
este mega delincuente y operador a favor de la gran banca extranjera no acabó
allí. Ya que la gran prensa, en lugar de referirse a las vicisitudes que
Cavallo soportaba como acusado ante la Cámara del Crimen, le daba amplios
espacios para que el imputado, además de hacer públicos alegatos referido a la
causa, impartiera consejos al gobierno y pueblo argentino.
Pontificando por ejemplo, que es imperioso “terminar con los
conflictos con los holdouts que han mantenido a Argentina aislada de los
mercados de capitales por 13 años. Es muy importante que la Presidenta salga
del error en el que ha caído al echar la culpa de lo que está aconteciendo al
blindaje del 2000 y al megacanje del 2001… fueron formas inteligentes de evitar
el default y preparar el terreno para una reestructuración de la deuda pública
que podría haber sido completa y exitosa”.
Hoy sus cómplices de antaño están nuevamente al frente de
nosotros, diseminados en diversos partidos políticos expectables,
proponiéndonos llevarnos a otro abismo como el del 2001. Así gracias a la
desinformación de la prensa, la ausencia de justicia, y la falta de memoria
colectiva, parecemos un pueblo de hotentotes destinado a transitar en círculos
la historia. En asuntos de vital importancia, que soportamos desde nuestro
nacimiento como “país del Nomeacuerdo”, como son la cuestión de la deuda
externa y la fuga de divisas.
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