Araucanía: sin derecho a defenderse
José Cañete, en cosa de segundos, pasó de ser otra víctima
de la violencia a ser culpable de un desafortunado hecho que fue originado,
desde un inicio, por comuneros.
José Cañete, en cosa de segundos, pasó de ser otra víctima
de la violencia a ser culpable de un desafortunado hecho que fue originado,
desde un inicio, por comuneros.
Publicado 15.11.2015
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Alejandro Martini
La justicia, en La Araucanía sigue dando pésimas señales.
Ahora le tocó a José Cañete Paredes, un trabajador que ha sido condenado a la
pena efectiva de cinco años y un día de presidio. ¿Por qué? Por intentar salvar
su vida. Sí, leyó bien: por intentar proteger su vida.
Los hechos fueron los siguientes. El primero de octubre del
2014, José Cañete cumplía tranquilamente sus labores cotidianas: tractorista
del fundo Nilpe, en Galvarino. La mañana de aquel día, un numeroso grupo de
comuneros mapuche -aproximadamente 30- ingresaron violenta e ilegalmente al
predio, y pronto comenzaron a agredir a los trabajadores, entre ellos José
Cañete, quien, al verse rodeado y amenazada su integridad física (ya había
resultado herido con piedras y palos), trató de salvarse de ese peligroso
contexto en donde él -es necesario precisarlo- nunca buscó estar. En su desesperado
intento por protegerse, de manera fortuita/imprevista/accidental atropelló con
el tractor a uno de los individuos que lo agredía, el cual resultó
lamentablemente fallecido.
José Cañete, en cosa de segundos, pasó de ser otra víctima
de la violencia a ser culpable de un desafortunado hecho que fue originado,
desde un inicio, por los mencionados comuneros. Estos últimos -porque es
también oportuno señalarlo-, ese día cometieron varios delitos (usurpación
violenta, daño a la propiedad privada y lesiones contra personas/terceros),
delitos por los cuales ninguno de ellos fue imputado por la Fiscalía, dejando
en el olvido el principio de objetividad en este caso. Pero no es todo: durante
el juicio, los principales testigos de lo sucedido esa mañana fueron los
propios comuneros que cometían los delitos antes descritos…
Ante todo lo anterior, consideramos que tanto la Fiscalía
como los jueces, a la hora de ponderar los hechos, han sido particularmente
desprolijos y han actuado con escasa ecuanimidad, pues resulta incomprensible
que una persona sea condenada a cinco años y un día por defender su vida. Una
persona esforzada y humilde que, realizando las faenas que le permitían llevar
el sustento a su familia, de pronto cae en desgracia por culpa de esos pocos
mapuche que usan y abusan de su propio pueblo para beneficiarse exclusivamente
ellos mismos. Incluso, y es bueno recordarlo, se trata de gente fuera de
control que ha legitimado, abiertamente, el uso de la violencia como opción de
lucha. Y esto último es algo que, a estas alturas, ya no se puede seguir
tolerando ni aceptando: hay que poner un freno definitivo.
Lo que ha sucedido con José Cañete es de una injusticia que
indigna y duele, pero que lamentablemente no extraña aquí en La Araucanía,
donde los violentistas hacen y deshacen a su antojo mientras las víctimas viven
atemorizadas pensando que en cualquier minuto su vida puede sufrir un drástico
y dramático giro, tal como está sucediendo con este trabajador.
Alejandro Martini I., Movimiento Paz en La Araucanía.