ARGENTINA: GRAN SIMILITUD CON
LO QUE OCURRE EN COLOMBIA
LO QUE OCURRE EN COLOMBIA
10 de mayo de 2017: La Argentina, como Colombia,
es un país con las condiciones perfectas para ser próspero, pero como se dice
en esta artículo refiriéndose a Colombia: Se miente para obtener subsidios, se
soborna a funcionarios y lloran para que haya más días festivos. No sólo es
culpa de los políticos, se obtiene lo que se pide. Se justifica a los
subversivos de las FARC (aquí podríamos decir: del ERP, Montoneros, etc.), en
este país es tradición que los terroristas del marxismo se hagan alcaldes de la
capital o el capo del paramilitarismo se convierta en Presidente. Aquí es común
que los niños indígenas mueran de hambre, (casi siempre porque sus padres son
irresponsables) o que los ancianos fallezcan haciendo filas en las que esperan
los medicamentos para combatir el cáncer. Están más orgullosos de una estrella
porno (podría leerse de Tinelli, y su programa de TV porno, el de más audiencia
en todo el país) que de los guerreros que nos salvaron de ser como Cuba, a
quienes tenemos prisioneros en infames mazmorras, donde ancianos mueresn sin
niguna atención médica. Encarcelamos a nuestros héroes, y la lista podría
seguir.
Cartas desde Colombia: Mocoa
Carlos Arturo Calderón Muñoz.
Omayra Sánchez
... de puros criollos vamos a poder reunir
suficientes quijotes como para retomar el rumbo de la hispanidad suramericana.
No pierdan la calma hermanos, todo es tal y como debería ser; tenemos las
condiciones perfectas para la prosperidad."
El 13 de noviembre de 1985 el municipio tolimense de Armero fue sepultado por una avalancha de lodo que causó la explosión del Volcán Nevado del Ruiz, más de 20.000 personas murieron, en un lugar con menos de 30.000. Con 3 meses de antelación vulcanólogos intentaron alertar al gobierno nacional de la inminente tragedia, pero no fueron escuchados, de hecho fueron ridiculizados. Con el anuncio de la catástrofe la ayuda empezó a llegar de todo el ancho mundo, esta, como es habitual por acá, no logró canalizarse de forma adecuada. Al mismo tiempo que rescatistas de la Defensa Civil y la Cruz Roja luchaban contra el tiempo para salvar a los heridos, oleadas de saqueadores robaban lo que podían. He sabido de tipos que no tuvieron problema en arrancarle el dedo a un cadáver para quedarse con el anillo que portaba.
El
símbolo de la tragedia fue una niña de 13 años. Una mestiza acanelada conocida
como Omayra Sánchez; por tres días estuvo atrapada de la cintura para abajo entre
placas de cemento, lodo y los cuerpos sin vida de sus familiares. Existían dos
opciones para sacarla, amputarle las piernas o usar una moto bomba para drenar
el lodo; la primera opción la hubiera matado, por su parte la motobomba, una
insignificante motobomba, no llegó a tiempo para salvarla. Mientras rescatistas
y policías intentaban desesperadamente salvar a Omayra de una muerte que un
gobierno inútil no quiso evitar, ladrones sin alma robaban cerdos en
propiedades cercanas. Omayra no rogó desesperadamente por su vida, con
estoicismo pensaba en las materias del colegio, les pedía a los rescatistas que
descansaran y hasta les decía a las cámaras de televisión que iba a salir
triunfante de ese predicamento. El 16 de noviembre este país te dejó morir, este
país de mierda, como dijo César Augusto Londoño el día que mataron a Jaime
Garzón, te falló Omayra.
En este
2017, cuando mi mente todavía estaba perturbada por las muertes que la ola
invernal había causado en la capital de mis hermanos peruanos, la ciudad de
Mocoa fue golpeada por una avenida torrencial, destrozando barrios enteros y
llevándose cientos de vidas. Nuevamente se había alertado con anterioridad de
la tragedia, 9 meses antes. Otra vez ha llegado ayuda de todo el mundo, hasta
los moros de los Emiratos Árabes están enviando gordos cheques.
Cómo van
las cosas los únicos que no se van a beneficiar de esa ayuda serán los
mocoanos. La plática se está perdiendo en manos de burócratas. Al tiempo
que las cámaras de televisión mostraban a las víctimas, la policía capturaba
saqueadores, personas de Ibagué llegaron para inscribirse en las listas de
damnificados y así recibir ayudas humanitarias por una tragedia ocurrida en un
lugar en el que nunca habían estado y en la lejana Bogotá, estafadores pedían
fondos a los ciudadanos diciéndoles que eran para ayudar a Mocoa.
En el 85
las cercanas fiestas decembrinas hicieron que la colectividad olvidara a
Armero; hoy, entre tanta novela y partidos de fútbol la tragedia está siendo
ahogada en un torrencial de entretenimiento. 32 años y nada cambió y para ser
honestos, nada cambiará en el futuro cercano. Actualmente existen 385
poblaciones en las que podría ocurrir una catástrofe como la de Mocoa, juro que
no vamos a hacer nada para evitarlo.
Las
líneas de este texto podrían ser tituladas cómo “Armero”, “Palacio de
Justicia”, “Falsos Positivos” o “Gaitán” da igual, este es simplemente el
capítulo más reciente de la historia de un país acostumbrado a la muerte.
Me es imposible reprocharles a mis compatriotas la facilidad con la que aceptan
la tragedia ¿Cómo podría hacerlo? cuando en este país es tradición que los
terroristas del marxismo se hagan alcaldes de la capital o el capo del
paramilitarismo se convierta en Presidente. Aquí es común que los niños
indígenas mueran de hambre, (casi siempre porque los papás son unos
irresponsables) o que los ancianos fallezcan haciendo filas en las que esperan
los medicamentos para combatir el cáncer. Nos volvimos inmunes a los carros
bombas, a los niños sicarios, a ver cómo los disidentes eran picados con
motosierra. Es normal que los estudiantes violen profesoras y que los
narcotraficantes financien presidentes.
Nos
quejamos de los políticos a los que les vendemos nuestro voto por una empanada.
Mentimos para obtener subsidios, sobornamos funcionarios y lloramos para que
haya más días festivos. No es culpa de nuestros dirigentes, tenemos lo que
pedimos. Amamos a Pablo Escobar, justificamos a los terroristas de las
FARC, estamos más orgullosos de una estrella porno que de nuestras mujeres
en la NASA. ¿Hay Consuelo en medio de tanta descomposición? … Sí… Consuelo… Ese
era su nombre.
El mismo
día que Omayra murió, una pequeña trajo la esperanza. La motobomba que no pudo
salvar a la valiente niña inmortalizada por la fotografía de Frank Fournier, le
dio a la vida la oportunidad de volver a nacer. Otro grupo de rescatistas, a
unos minutos de la posición de Omayra, batallaban para sacar a una señora con 8
meses de embarazo del fango. A la criatura no se le ocurrió mejor idea que
nacer prematuramente, con la motobomba que llegó muy tarde para salvar a Omayra
y el trabajo de los abnegados rescatistas, pudieron sacar a la mujer del lodo y
le hicieron una cesárea para traer al mundo a una niña ¿qué nombre sería bueno
ponerle? ¡Consuelo! Aquellos que vieron el último suspiro de Omayra
confundieron sus lágrimas con risas al ver como un helicóptero se llevó a la
madre y a su recién nacida para que empezarán de nuevo.
No
importa lo nefasto del panorama, la vida siempre emerge victoriosa porque en la
manifestación material del amor. Al ver que los dramas sociales de mis hermanos
a lo largo del continente tienen tantos parecidos con los de esta tierra del
olvido condenada a 1.000 años de soledad, les puedo decir sin temor a
equivocarme que esas penurias no son un obstáculo para el triunfo de la
voluntad. Al mismo tiempo que el Cártel de Cali y el M19 propagaban el terror,
incontables anónimos de la Defensa Civil Colombiana consagraban voluntariamente
sus vidas para salvar las existencias de otros. Sin importar los millones de
pecadores, al padre García Herreros siempre le bastaba con un minuto diario
para devolverle la esperanza a los desposeídos. ¡Qué gran bendición ha sido
nacer en uno de los territorios más barbáricos vistos por el hombre! Así le
puedo dar al mundo la buena nueva de que no existe un oscuridad tan potente
como para extinguir la llama de la esperanza.
Ángeles
anónimos han sido la salvación de numerosos niños y sus mascotas en Mocoa, a
pesar del carnaval tragicómico de este país de puros criollos vamos a poder
reunir suficientes quijotes como para retomar el rumbo de la hispanidad
suramericana. No pierdan la calma hermanos, todo es tal y como debería ser;
tenemos las condiciones perfectas para la prosperidad. ¡Estamos en medio del
caos!
*Desde
San Bonifacio de Ibagué, Colombia