·
miércoles, 4 de enero de 2017
Laurenti Beria fue uno de los personajes más temibles y crueles del régimen estalinista. Miembro de la cheka, luego de la NKVD (antecedente de la KGV), se erigió en mano derecha de Stalin para establecer una enorme red de espionaje y ejecutar las purgascontra “los enemigos del pueblo”, es decir, los enemigos del líder soviético.
Las noticias de lo que está ocurriendo en el Vaticano en los últimos días llevan a pensar que un hijo de Beria se ha instalado en los poderes más elevados de la Iglesia católica, con su propia red de espionaje y las purgas consecuentes.
Nos referimos, por cierto, al Papa Francisco que, jesuita al
fin, es bien ducho en la promoción del espionaje y la delación. Relata
Sebastián Randle en el capítulo 51 del segundo tomo de su biografía de Leonardo
Castellani (que aparecerá publicada en Vórtice en abril
próximo), que visitó semanalmente durante dos años, autorizado
expresamente por el Provincial, el archivo secretos de la Compañía de Jesús en
Argentina que se conserva en el colegio Máximo. Descubrió allí que la Compañía
posee lo que denominan “Régimen de Consultas” y que consiste en lo siguiente:
en cada casa religiosa hay un “consultor” designado secretamente por el
Provincial que tiene por incumbencia informarle anualmente sobre cada uno de
sus cófrades en aquella casa
. El resultado son incontables cartas-informes
(algunas considerablemente extensas, otras, breves) en que el “consultor” se
despacha a gusto y piacere criticando a los que conviven con
él. El provincial, con esa información clasificada, sabe qué hacer con sus
súbditos. Éstos, por su parte, sabiendo que tienen un topo entre
ellos, y que no pueden hacer nada al respecto, viven cuidándose continuamente
sobre lo que dicen, hacen y ofenden, no vaya a ser que aquél en quien confían o
el que moja el pan en su mismo plato, sea el que pasa información
al superior que será, en última instancia, quién decidirá sobre su futuro.
Este régimen establecido por los bondadosos hijos de San Ignacio, fue
abundantemente utilizado por el P. Jorge Bergoglio mientras era provincial (1973-1980),
como bien pueden atestiguar los sacerdotes que lo padecieron en ese periodo
(pregunten, por ejemplo, a quien fue su socius). Y exportó el mismo
régimen de espionaje cuando se hizo cargo del arzobispado de Buenos Aires. Los
que conocen los intríngulis curiales, relatan que el entonces cardenal
Bergoglio había fichado sacerdotes en cada diócesis y congregación religiosa
del país para que le enviara información confidencial (omitiré en este
caso relatar los fines para el cual la usaba). Sería este uno de los motivos
por los que sus pares obispos argentinos jamás lo quisieron.
No resulta demasiado difícil descubrir quiénes eran los topos de Bergoglio: la mayoría de ellos han sido nombrados obispos. Ponemos el caso de Mons. Jorge Torres Carbonell, que era el encargado de reportar, entre otras cosas, los movimientos financieros de los obispos argentinos. O bien, del frustrado monseñor Carlos Novoa, fraile capuchino y espía de Bergoglio en esa orden, que fue nombrado obispo auxiliar de Lomas de Zamora y, pocos días antes de la consagración renunció, según se dice “apretado” por la revelación de algún secreto inconveniente.
No resulta demasiado difícil descubrir quiénes eran los topos de Bergoglio: la mayoría de ellos han sido nombrados obispos. Ponemos el caso de Mons. Jorge Torres Carbonell, que era el encargado de reportar, entre otras cosas, los movimientos financieros de los obispos argentinos. O bien, del frustrado monseñor Carlos Novoa, fraile capuchino y espía de Bergoglio en esa orden, que fue nombrado obispo auxiliar de Lomas de Zamora y, pocos días antes de la consagración renunció, según se dice “apretado” por la revelación de algún secreto inconveniente.
Esta misma red de espionaje y sospecha ha sido instalada por Francisco
en la Curia Vaticana, y está dando sus frutos. Beria ha comenzado la purga. Hagamos un
repaso de lo ocurrido en los últimos meses.
1. Hace algunas semanas el sitio Life Site News dedicó un artículo a
describir el ambiente de miedo y angustia que se respira en el Sacro
Palacio donde todos los oficiales vaticano miran a los cuatro costados
antes de decir una palabra por temor a los micrófonos ocultos o a los oídos
traidores.
2. A fines de octubre, pocos meses después que el cardenal Sarah
invitara a los sacerdotes católicos a volver a celebrar la Santa Misa ad
orientem, el Papa Francisco le vació
literalmente la Congregación para el Culto Divino de la cual es
prefecto, llenándosela con cardenales y obispos conocidos por su ideas
progresistas, entre ellos, el deletéreo Piero Marini, discípulo de Mons.
Bugnini y esperpéntico maestro de ceremonias de Juan Pablo II.
3. Hace un par de años degradó al cardenal Burke de su puesto en la
Signatura Apóstólica y lo ubicó como patronus de la Orden de
Malta. Pero, liderando el prelado americano a los cardenales de las dubia, pretendió vaciarle la
Orden, o intervenirla, lo cual fue impedido como ya dimos a conocer hace pocos
días.
4. A mediados de noviembre, Bergoglio decidió abolir los
estatutos de la Pontificia Academia para la Vida, que había sido creada
por Juan Pablo II y estaba estrechamente relacionada con el cardenal Carlo
Caffarra, otro de los firmantes de las dubia, y establecer
nuevas reglamentaciones que permitirán remover a todos sus miembros y nombrar
otros nuevos, esta vez sin ningún tipo de discriminación religiosa. Como
presidente fue encumbrado Mons. Paglia, conocido defensor de las parejas
homosexuales y de la nueva moral de las periferias.
5. Una fuente inobjetable relató que todos los sacerdotes y laicos que
trabajan en la Santa Sede viven temerosos de hablar con quien sea puesto
que saben que una palabra de más les puede costar el puesto. Fue el
caso de dos sacerdotes que trabajaban en la Congregación para la Doctrina de la
Fe y que en alguna reunión fueron un poco críticos del Papa Francisco. Pocos
días después, fueron expulsados del dicasterio y devueltos a sus diócesis. Los
pobres curas comentaba que consideraban que ellos serían sólo los primeros de
una purga mucho mayor.
6. Y pareciera que ese es el caso. Marco Tossati, incuestionable conocedor de los pasillos vaticanos, comenta lo ocurrido la semana pasada en la Congregación para la Doctrina de la Fe. El cardenal Müller recibió una nota del Santo Padre ordenándole que despidiera y enviara a casa a tres buenos y fieles sacerdotes que habían trabajado allí durante años: un americano, un francés y un mexicano, sin dar ninguna explicación. La nota decía: “Le pido que por favor despida a ...”. El prefecto de la Congregación quedó perplejo y, antes de cumplir la orden, pidió en varias ocasiones una entrevista con el Papa la cual era siempre postergada. Finalmente, recibido por el Pontífice, le dijo: “Santidad, he recibido esta carta, pero no sé que hacer porque estas personas están entre las mejores de mi dicasterio. ¿Qué hicieron?” La respuesta fue la siguiente: “Y yo soy el Papa, y no tengo necesidad de dar razones de ninguna de mis decisiones. Yo decidí que estos tres se tienen que ir, y se tienen que ir”. Se levantó y estrechó la mano del cardenal Müller dando a entender que la entrevista había terminado. El 31 de diciembre, los sacerdotes dejaron su puesto en Roma, luego de largos años de servicio. Según parece, uno de ellos había sido un poco crítico con algunas decisiones deFrancisco. La crítica fue escuchada por algún espía y el chisme pronto llegó a los misericordiosos oídos pontificios.
7. En diversas ocasiones hemos hecho referencia a la periferia
sacerdotal a la que recurre el Santo Padre para escoger los obispos argentinos.
Nadie puede olvidar al danzarín Mons. Pedro
Torres o al lumpen Chino Mañarro. Sin embargo, el
criterio de selección no rige solamente para nuestro país. Comenta también Tossati
el siguiente caso: Se necesitaba nombra un obispo en cierto país. El nuncio
había preparado la terna. El cardenal prefecto del dicasterio, Marc Ouellet,
durante la asamblea ordinaria, tomó la palabra diciendo: “El primer candidato
propuesto es óptimo, y el segundo es bueno. Pero quisiera advertir sobre el
tercero, al que conozco bien desde que era seminarista, y que presenta
problemas tanto en el plano de la doctrina como de la moral”. Pero resulta ser
que este tercero era amigo de alguien importante, por lo que, otro purpurado
muy cercano al poder pontificio (¿Baldisseri?) que asistía a la asamblea
increpó al cardenal prefecto por su opinión. En esa reunión no se decidió nada
pero al día siguiente, el secretario personal del Pontífice se presentó en la
Congregación diciendo que el elegido había sido el tercero.
En fin, si estos son los casos que se filtran, podemos imaginar lo que
está ocurriendo dentro de la Curia, y de lo cual no nos enteramos. Lamento que
mi corresponsal Dall’Ombra der Cuppolone se haya llamado a silencio, aunque puede
entenderse su decisión.
Conclusiones:
1. Cuando el cardenal Daneels admitió hace poco más
de un año la existencia de un club o mafia de cardenales,
apodada de Saint Gallen que, desde 1996, confabularon para que Ratzinger no se
convirtiera en el sucesor de Juan Pablo II y, cuando esto sucedió, para
forzarlo a renunciar, no estaba relatando una novedad. Malachi Martin, en 1978,
había escrito su libro El último cónclave (que pueden
leer aquí en portugués),
en cuya parte de no-ficción (la primera), explica una trama análoga liderada
por el cardenal Villot y autorizada por el mismísimo Pablo VI. Y lo más
plausible es que estos cardenales no solamente hayan elegido un sucesor de
Benedicto sino que le hayan trazado también las líneas programáticas de su
pontificado: modernizar la Iglesia adaptándola a los cambios producidos en el
mundo en las últimas décadas. Es este el espectáculo al que estamos
asistiendo: el cambio de la religión.
La impresión que dan los pocos hechos que he relatado en este post, es
que Bergoglio y lo suyos están tratando de vaciar el contenido de la
fe, a fin de reemplazarlo por otro, pero conservando las estructuras. De
ese modo, serán pocos los que, efectivamente, se darán cuenta que lo que en
verdad se cambió fue la religión. Es lo que hicieron los arrianos en su
momento. En su época de mayor esplendor (s. IV) la mayor parte de las sedes
episcopales estaban ocupadas por obispos arrianos, y los obispos ortodoxos
debían celebrar en alguna casa de familia rodeados de los pocos fieles que los
seguían. Y algo similar ocurrió en Alemania con Lutero: en las primeras décadas
de la Reforma, poca gente se dio cuenta que, efectivamente, se había cambiado
la religión puesto que los cambios que veían les parecían secundarios.
Creo que es eso lo que está haciendo Bergoglio. Ha comenzado a
vaciar las estructuras de la Curia romana para poder llenarla luego con quienes
le son fieles. Mantendrá las estructuras, pero cambiará la fe.
b. El vaciamiento de la Congregación para la Doctrina de la Fe no es un hecho menor.En la actual estructura de la Iglesia es el único organismo que tiene cierta autoridad para ponerle límites al Papa. De hecho, todos los documentos que éste escribe deben pasar por la Congregación que le señala errores, ambigüedades, etc. y le sugiere cambios (que Bergoglio nunca acepta). El cardenal prefecto tiene autoridad para frenarlo o, al menos, para expresar públicamente la enseñanza de la verdadera fe para que pueda ser contrastada con las falsedades que nos quiere imponer Francisco. Si ese dicasterio se vacía y se puebla de seguidores del actual pontífice, ya nadie podrá cumplir esa misión con autoridad. Serán, en todo caso, opiniones de "cardenales ultracatólicos" o de "cardenales rebeldes", pero no más que eso.
Insisto, entonces, en la enorme gravedad que implica lo que está
ocurriendo en la Curia Romana. En una organización tan profundamente
centralizada como es la Iglesia católica, los cambios en el centro del poder
repercutirán rápidamente en todo el mundo, sobre todo si tenemos en cuenta la
cobardía y doblez de los obispos.
Esto me lleva a plantear dos escolios:
1. Frente a todo esto, nada puede hacerse. El papado, tal como se fue
construyendo en la iglesia latina a partir del segundo milenio, terminó
por crear un monstruo inmanejable: Francisco. Ya hemos insistido en
numerosas ocasiones en este hecho, pero las consecuencias son cada vez más
claras y cada vez las padecemos más. Frente al poder omnímodo y absoluto de
Bergoglio nada puede hacerse. Nadie puede oponerse. Lo único que cabe esperar
es el día en que el Señor se acuerde de él, o bien, que alguna bondadosa
monjita le acerque una tisana fortificada, como en los buenos tiempos de los
Borgias.
2. Cuidémonos de ser demasiado ingenuos con respecto a la red de
espionaje montada por Bergoglio. Hay un antecedente cercano: el Sodalitium
pianum, una sociedad secreta fundada en 1906 y dedicada a espiar a
sacerdotes, obispos y cardenales para descubrir a los modernistas que se
alojaban dentro de la Iglesia. Esta organización fue aprobada y financiada por
el papa San Pío X (de allí su nombre) y disuelta por Benedicto XV. Ningún
tipo desodalitium es aceptable, ni el pianum ni
el franciscanum. El fin no justifica los medios.
http://caminante-wanderer.blogspot.com.ar/2017/01/beria-en-el-vaticano.html