Sacando pasaje en el Titanic
A veces pienso que los argentinos nos parecemos
en este momento al personaje que interpreta Di Caprio en esa famosa película,
Jack Dawson, el inmigrante irlandés que gana en una partida de cartas un pasaje
de tercera a bordo de ese transatlántico. Es sólo una imagen, eh; en todo caso,
no lo conseguimos en un juego de naipes sino en una elección presidencial. Y
hay otras diferencias.
Pero es cierto que el gobierno actual está
convencido que debemos “integrarnos al mundo” -globalizado- con el equivalente
de un pasaje de tercera: endeudamiento externo, apertura (de gambas) a las
inversiones extranjeras que puedan venir, y el ajuste que debe “dar confianza a
los inversores”. Y es razonable comparar a la economía global, en este momento,
a un gran buque que avanza, sin radar, en un océano en el que abundan los
témpanos.
La Reserva Federal de los EE.UU. amenaza cada
tanto -o trata de amenazar en forma más o menos creíble, al menos- que va a
aumentar la tasa de interés, lo que obraría como una gigantesca aspiradora de
capitales. Pero -son economistas ortodoxos pero no boludos, dirían en mi
barrio- siguen subsidiando el crédito para mantener los actuales niveles,
insatisfactorios, de actividad. Los experimentos a la Sturzenegger quedan para
los “mercados emergentes”.
Y este jueves los británicos votarán si se van o
no de la Unión Europea. Algo inconcebible hace muy poco, pero las encuestas
están diciendo que la “Salida”, el Brexit, tendría mayoría. Eso es indicio de
un malestar muy profundo en “Occidente”, y si tengo tiempo volveré a escribir
sobre eso. Pero lo indiscutible es que provocaría un sacudón económico de
aquellos. Y éstas son solo las noticias de la semana.
Por eso quería, nuevamente, traerles un artículo de Paula Bach. Puedo estar en desacuerdo con el enfoque
conceptual de esta economista, pero su resumen muestra, como siempre, un
excelente nivel de información. Sobre los témpanos.
“Petróleo, deuda, Brexit y productividad: el
tráiler y la película
La Reserva Federal norteamericana volvió a dejar
sin cambios la tasa de interés de referencia. Con caídas bursátiles
considerables, los “mercados” bailaron durante los dos días que se desarrolló
la reunión de la Fed. Pero a diferencia de lo que podría pensarse, esos
movimientos de coyuntura no estuvieron vinculados a la “incertidumbre” sobre
las resoluciones del organismo que ya estaban cantadas. El origen de las
perturbaciones hay que buscarlo en la cercanía de un eventual Brexit, es decir
en la posibilidad de que el Reino Unido abandone la Unión Europea tras el
plebiscito del 23 de junio.
Mientras la probabilidad de este suceso resultó
baja durante la primer parte de la campaña, los sondeos –es cierto que muy
cuestionados- en su mayoría muestran ahora ganador al Brexit, aunque el 17% de
los electores se mantiene aún en el terreno de la indecisión. Si bien gran
parte de los analistas considera que llegado el momento es probable que el
resultado se revierta o que una victoria por la salida obtenga una diferencia
tan mínima que obligue al Reino Unido a renegociar con la Unión Europea, en el
caso de que el Brexit se hiciera realidad, se calcula que la respuesta tan solo
inmediata de la libra esterlina y del mercado de valores británico se
traduciría en caídas superiores al 10%.
El riesgo de Brexit pende como una espada de
Damocles sobre las fragilidades de la economía mundial y tal como alertaSummers: es extendida la creencia de que las
incertidumbres asociadas al Brexit son lo suficientemente significativas como
para afectar las políticas de la Fed y de los principales bancos centrales. En
consecuencia no había chance de que la Fed avivara el fuego del Brexit.
Esta certeza sumada a un muy mal reporte de
crecimiento del empleo en mayo en Estados Unidos, borró del imaginario de los
muy poco serios –aunque conocedores del paño- “mercados financieros” la
probabilidad de un aumento de tasas en la reciente reunión de junio. Mientras
tanto, la probabilidad de un alza en julio se redujo desde el 53% de hace una
semana hasta un 20% y la mayor incertidumbre se aplaza hacia la reunión de
septiembre.
Larry Summers lo expresa bastante bien: por un lado la
Reserva quiere realmente subir las tasas y lograr una posición más “normal”
pero al mismo tiempo no quiere apretar cuando la economía podría estar
desacelerándose o incubando turbulencias financieras. De esta contradicción
nace su estrategia discursiva que, usando como arma la indefinición, busca
mantener en estado de promesa un eventual aumento de tasas sin decir nunca
cuando va a incrementarlas realmente.
Las mejores escenas
Los adelantos suelen mostrar las mejores partes
de la película. Y así se puede interpretar el “tráiler” que pone de relieve los
resultados inmediatos de la estrategia comunicacional de la Fed. El carácter
dual del mensaje, en tanto busca explícitamente no resultar convincente
respecto de la inminencia de una suba de tasas, favoreció la anhelada
recuperación de los precios de las materias primas, con el petróleo y la soja
entre las más destacadas.
El precio del crudo llegó a rebasar por primera
vez en el año los 50 dólares, acumulando un repunte de casi 80% desde que su
precio tocó fondo el último enero.
El discurso de Yellen y sus efectos –la
debilidad del dólar, en particular- se combinaron con factores más “reales” que afectaron la oferta: la producción
libia se mantiene deprimida y lo mismo sucede en una Venezuela asechada por la
crisis política y económica. En Nigeria –uno de los mayores productores de África-
la producción se redujo en alrededor del 40%, los incendios en Canadá
impactaron negativamente en la oferta, la producción en Estados Unidos se
contrajo en 500 mil barriles diarios desde el pico de 9,7 millones de hace 13
meses y China -uno de los 5 mayores productores del mundo- reducirá su
producción en un 3% durante el año en curso.
Debido a la conjunción de todos estos factores
se calcula que el mercado mundial podría quedar cerca del déficit por primera
vez en dos años. Por su parte también la soja se vio influenciada por la
adversidad del clima en plena siembra en Estados Unidos, las inundaciones en
Argentina que redujeron los cultivos y el aumento de la demanda china. Factores
que combinados con los resultados de las políticas de la Fed, llevaron su
precio a un nuevo máximo en dos años, superando los430 dólares por tonelada. De hecho y según Financial Times, durante
2016 las commodities volvieron a resultar la clase de activos que ofrece
mayores rendimientos.
Por otra parte y aunque la incredulidad respecto
de una suba inminente de tasas continuó recalentando Wall Street, el mismo
motivo –combinado probablemente con la amenaza de un alza futura- estimula a
los capitales internacionales a un aprovechamiento rápido de los diferenciales
de rendimiento allende el “centro”. El resultado se puso de manifiesto como un
freno parcial de la reversión del flujo de capitales. En consecuencia, las emisiones
de deuda soberana por parte de los países llamados “emergentes” y periféricos
resultaron, según JP Morgan, un 44% superiores al total del año 2015.
Los mayores volúmenes de deuda creada provienen
de América Latina con el liderazgo absoluto de la Argentina que aparece durante
el año en curso como el mayor emisor de deuda del mundo, seguida por Qatar,
Emiratos Árabes, México y Polonia.
Es evidente que tanto el incremento en el precio
de la soja como al aumento del flujo de capitales desde los países centrales
–que como tendencia posible señalamos en Consecuencias de un
riesgo global inminente– son dos aspectos de la coyuntura que estimulan una “brisa leve”
desde la economía mundial hacia la Argentina.
Si se incluye la emisión de bonos para el pago a
los fondos buitres, en sólo tres meses Argentina tomó deuda por la
escalofriante suma de 33.199 millones de dólares que, según Alfredo Zaiat, representa el mayor aumento nominal de deuda
en la historia nacional durante un período tan estrecho. Sin embargo las
contradicciones que pone de manifiesto la economía argentina bajo la era Macri:
entrada de dólares por un lado y recesión, caída del consumo y ausencia de
nuevas inversiones reales a la vista, por el otro, concentran gran parte de las
disyuntivas de la economía mundial.
Misterio en el bajofondo
La película suele ser más compleja (y
frecuentemente peor) que su síntesis marketinera. El ciclo senil de las
materias primas y una reversión parcial del flujo de capitales están acoplados
–más allá de movimientos circunstanciales- a factores de tipo
especulativo-financiero y no “reales”. Lo mismo vale para el auge de Wall Street. Es en este escenario
que las políticas discursivas de la Fed cumplen un rol primordial.
Pero mientras el tráiler muestra algunas –hay
que remarcarlo- materias primas con precios ascendentes y pone en pantalla un
festival de bonos, cuando se mira la película, otros hechos toman la posta. La
escasa productividad está entre los más destacados.
Hace unos días con motivo de la contracción del
producto por hora en el sector no agrícola durante el primer trimestre, el
habitual columnista de Financial Times, Eduard Luce, titulaba “El misterio de la débil
productividad en Estados Unidos”. Decía Luce que “cada vez hay más cambios; desde la entrega de
productos mediante drones hasta el avance de los vehículos autónomos. Warren
Baffet, el gran inversionista, nos promete que la generación de nuestros hijos
será ‘la más afortunada de la historia’. El mundo se está acelerando en
muchas áreas excepto en una: la productividad. Este año, por primera vez
desde principios de la década de 1970, el crecimiento de la productividad
estadounidense seguramente mostrará números negativos, tras una década de
fuerte desaceleración”.
Y el aparente misterio se reproduce en Reino
Unido. En otro artículo de Financial Times el también columnista
Chris Gilles señalaba: “El temor ahora es que la automatización y la
inteligencia artificial están avanzando tan rápido que, a diferencia de la
generación anterior, traerá los retos insuperables de redundancia humana y la
concentración de los ingresos. No hay sin embargo ninguna señal en los datos de
una aceleración en el progreso tecnológico. Los datos oficiales (…) mostraron
un número récord de personas británicas en el trabajo (…). No obstante, el
crecimiento de la productividad ha estado de capa caída. Un informe sobre la
economía digital de Conference Board (…) mostró que el crecimiento de la
productividad del Reino Unido acaba de caer al 0,1 por ciento entre 2007 y
2014, desde un promedio de 1,9 por ciento entre 1999 y 2006.”
Sin embargo no hay misterio en las aparentes
contradicciones expuestas. O, dicho de otro modo, lo que resuelve el misterio
es la escasez de inversión que deviene una muestra significativa de lo que
sucede en el “territorio” más allá de las luces de la videoeconomía de la
Fed. Como también señala Eduard Luce “La producción económica es la prueba
definitiva de nuestra capacidad para crear riqueza” y ese es precisamente el
test que el capital no está superando amén de los grandes adelantos
tecnológicos.
La “incapacidad para crear riqueza” que en
términos genéricos se trata de valores de uso y en términos del capital, de
valores de cambio y de ganancia, dice mucho sobre la economía real. Bastante de
esto desarrollamos en el DossierPensando la crisis
económica mundial y
en la serie sobre productividad cuya entrega más reciente es La conspiración de los
robots.
El asunto nos retrotrae en parte al principio.
Sobre la economía mundial pende el fantasma del Brexit que se cuece en un clima
de polarización con ascenso de la xenofobia en el Reino Unido. Acontecimiento
que, como el fenómeno Trump y su contraparte por izquierda, el fenómeno
Sanders, son hijos de las consecuencias funestas y estructurales de la crisis
de 2008 sobre amplias mayorías de las clases trabajadoras“.
El Titanic, desde pasajeros argentinos
En el posteo anterior, Sacando pasaje en el
Titanic, expuse mis reservas
(para ponerlo suavemente) con el objetivo central de la política económica del
gobierno Macri: la inserción, sin plan ni
precauciones, de Argentina en el actual esquema económico cuyo centro es el
Atlántico Norte.
Para ilustrar el tema, subí un artículo que
publicó este jueves Paula Bach, donde -como de costumbre- hace una lectura
informada de la coyuntura. Ahí señala -yo estoy de acuerdo- que el posible
aumento de tasas por parte de la Reserva Federal y aún la posibilidad que el
próximo jueves 23 ganen un referéndum los partidarios de que Gran Bretaña
abandone la Unión Europea, el Brexit, son poco más que pretextos
para las oscilaciones de los mercados: lo que pasa con las economías
desarrolladas es que no se han recuperado de la Crisis del 2008, ni hay
indicios serios que lo harán.
Como pasa siempre, los comentaristas leyeron su
propia versión (son las reglas del juego bloguero). Algunos de ellos se
centraron en el tema Brexit. Vale. Yo mismo dije ahí que “es indicio de un
malestar muy profundo en “Occidente”, y si tengo tiempo volveré a escribir
sobre eso“.
Un par de comentarios me ahorran trabajo. Uno de
ellos es de alguien que usa el nic “guillermo“, nacido aquí y radicado
en Londres desde hace largos años, pero que conserva características muy
argentinas. Entre ellas, un gorilismo envenenado que le impide escribir más de
dos párrafos sin atacar al peronismo y los peronistas. Bastante común, pero lo
curioso es que parece creer que estoy obligado a reproducir sus ataques, más
allá de lo que yo considere útil para ilustrar, precisamente, el gorilismo.
Debo decir, del mismo modo, que escribe bastante
bien, para lo que es habitual en la blogosfera (ni hablar de las cloacas que
son los foros online). En este caso, expone con claridad, y apasionamiento, la
posición Remain, la de los que quieren que Gran Bretaña
permanezca en la U.E. Me ahorra el trabajo de traducir alguna de ese palo,
porque muestra fielmente sus planteos… y su miopía. Simplemente, podé los
ataques al peronismo, a otros comentaristas y a mí (y agregué algunos acentos,
hasta que me cansé).
“… Lo que dije no es mi deseo (que UK
siga en UE), es la roca inamovible del trámite que viene si Brexit gana. No
inventé el sistema de gobierno inglés. Te hice referencia a un aspecto no muy
mencionado del tema, pero que va a tener importancia .
Lo de que UK va a permanecer en la UE con una
union economica laxa es una de las infinitas mentiras propagadas por los que
apoyan el Brexit (que en cuanto a deshonestidad verbal tiene poco que
envidiarle a algunos por aqui): No hay forma de permanecer en la UE
como asociado pero cerrando la entrada a los habitantes de paises miembros,
el argumento No 1 usado ad nauseam por Brexit, cuya motor fundamental es
xenofobia en general, y odio a la inmigracion al Reino Unido en particular.
Se refleja en el argumento n° 1 de los que
quieren “Salir”: Devuelvanme mi pais, estoy harto de que en mi barrio haya
negros, afganos e hindues (Si, ya se que esos no vienen de la UE, pero … los
argumentos emotivos tienen poco que ver con la racionalidad). Para asociarte
económicamente a la UE tenes que aceptar inmigracion libre. Noruega lo hace,
Canada lo hace, Suiza trató de cambiarlo y ahora está dando marcha atrás a 100
por hora porque le ha congelado el comercio con la Unión.
Si lees el New York Times hoy, verás citados a
una serie de insiders en Bruselas que dicen que, por interés de la UE, las
condiciones de salida de UK van a ser tan desventajosas como sea posible, para
desalentar a otros gobiernos a hacer la idiotez que hizo Cameron: usar a la UE
como aspirina para sus problemas locales en un momento en que la UE es impopular,
por razones válidas y falsas. Abriendo el camino para debilitar y eventualmente
desintegrar la UE con otros referendums.
Si a eso le sumás el hecho de la recesión fuerte
que va a ser la consecuencia inmediata de Brexit, con caida de la libra y el
stock market, desinversión y contracción (sé de fuente incuestionable que uno
de los dos bancos suizos mas grandes en Londres tiene estructurado el plan para
transferir 4000 de los 7000 empleos que tiene aquí a Frankfurt si Brexit gana,
con implementación inmediata. No deben ser los únicos). Gran Bretaña pasaría
los próximos dos/tres años en recesión estilo 2008 o peor.
La negociación de salida con Bruselas se va a
hacer con ese fondo, ideal para la oposición como marco para elecciones
generales. Si Brexit gana ahora, los conservadores van a entrar en guerra
civil, y ningún partido gana elecciones dividido en dos. Que los conservadores
perdieran el voto en los Comunes en el proceso de lograr un Act of Parliament
para confirmar Brexit llevaría inmediatamente a un vote of confidence, que el
gobierno perdería. Le votarían en contra no solo los laboristas sino los
conservadores disidentes. No le da la mayoria para evitar eso. Si el gobierno
no logra hacer pasar Brexit por el Parlamento, se cae…“.
Otro comentario que tocó este tema y me interesa
copiar aquí es el de “Casiopea“. Ciertamente no es gorila, y menos aún
peronista. Pero es la mirada informada de una argentina radicada en el exterior
sobre este Titanic. Y me da pie para agregar, a continuación,
mis comentarios.
“Buen título, Abel, pero creo que para
desilusión de todos los que festejan la desgracia ajena a uno u otro lado de la
‘grieta’, estamos todos en un gran Titanic, hayamos o no comprado (y pagado) el
pasaje.
Si bien Europa es una olla a presión y tiene
serísimos problemas, los de China y Rusia no son menos serios ni menos pasibles
de colaborar al gran naufragio, que dadas las herramientas de que van echando
mano los gobiernos no va a ser rápido y espectacular sino lento y doloroso como
el del Titanic verdadero. Y vamos a sufrirlo todos, amén de los que lo están
sufriendo ya.
El tema es que las economías no terminan en el
fondo del mar. Siguen andando, averiadas, como pueden. Quién sabe cómo se
reconstituirá el mapa al otro lado, pero en el tránsito de acá a allá va a
haber muchos sobresaltos para todos, incluyendo a Rusia y China.
… La crisis del euro, por ejemplo, es una
historia sin fin de patear el problema para adelante, pero yo ya renuncié a
tratar de dilucidar cuándo será el momento de la verdad, porque los políticos y
los economistas siempre están imaginando una bala de plata, algo “nuevo” y
“definitivo”, igual que los generales romanos que vieron entrar a los bárbaros
en Roma y siguieron nomás, sólo que bajo un emperador bárbaro.
Con el Brexit, no sé qué va a pasar, pero los
apologistas de la Europa unida ya dan lástima por su falta de comprensión de
una realidad que le grita al ciudadano de a pie que algo está mal. Aunque gane
el “remain” esta semana, que es posible, acaba de ganar por escándalo un
partido antieuropeo en Italia y la idea de un “cambio” está instalada en gente
que sabe que lo único que tiene es el voto. Los jerarcas están como jugando al
“whack-a-mole”, martillan un topo acá y les aparecen tres más por allá“.
Estoy de acuerdo, Casio. Y con franqueza: Me
parece irrelevante si algunos compatriotas odian a Inglaterra por las Malvinas
y otras batallas, u otros la aman por las novelas policiales clásicas o la
poesía de Housman. Nuestras simpatías y antipatías no van a pesar mucho en su
destino. Del mismo modo, la suerte de esta etapa del capitalismo financiero
globalizado no se va a decidir por una encuesta aquí.
El punto clave, para nosotros,
es que una parte no pequeña y además muy influyente de los argentinos -los que ahora
están en el gobierno o lo apoyan, aunque no sean todos los que lo votaron-
quieren subirse a este Titanic.
Me parece un grave error, y creo que los que no estamos de acuerdo con tomar
pasaje ahí, debemos hacer política para evitarlo. O preparar la evacuación si
llega a escorar (más).
Esto no quiere decir que propongo que nos
subamos a un hipotético barco chino o ruso. Son clientes nuestros y debemos
tratar de venderles más (como a los europeos), pero no significa creer que
tienen la “solución” o que, si la tienen, nos servirá a nosotros. Xi Jinping y
Vladimir Putin están ocupados conduciendo a sus países, no una ONG de ayuda a
los desamparados.
En cuanto a la Unión Europea, hoy es una
unión económica laxa. Hay reglas en común, pero no un proyecto de desarrollo en
conjunto. No es ya un proyecto político común. Ni siquiera lo es Mitteleuropa,
hegemonizada inevitablemente por Alemania. Y si una parte sustancial de los
ingleses -no ya una mayoría- vota por el Brexit, demostrará que sus valores
formales han perdido atractivo. No es extraño
que le hayan dado el premio Carlo Magno al Papa Francisco. Aunque no les guste,
el papa argentino es uno de las pocas voces escuchadas que habla por los
valores que solían ser los de Europa.
junio 22, 2016
Por dos días seguidos subí posteos sobre la
economía global, usando la imagen del Titanic. Quiero completarlos con un
comentario breve. Lo hizo hace unas horas la dama que si no es la capitana
(no hay uno sólo al timón), da para primer oficial: Janet Yellen, presidente de
la Reserva Federal de los EE.UU.
Luego de siete años de crecimiento inferior al
esperado en Estados Unidos, la presidenta de la Reserva Federal Janet Yellen
está reconociendo poco a poco que este podría ser el nuevo panorama de la
economía a largo plazo, una situación que podría pesar sobre las tasas de
interés por años.
… “Se mantiene una considerable
incertidumbre sobre la perspectiva económica”, dijo Yellen en su testimonio
preparado. El consumo y la inversión podrían flaquear, dijo. Además, el lento
crecimiento de la productividad podría persistir, lo cual desaceleraría el
crecimiento de los salarios y la generación de ingresos.
“No podemos descartar la posibilidad expresada
por algunos economistas prominentes de que el lento crecimiento de la
productividad que hemos visto en los últimos años continúe hacia futuro”, dijo.
Fue un reconocimiento de un argumento, hecho entre otros por el profesor de la
Universidad de Harvard Lawrence Summers, de que EE.UU. es propenso a un período
de “estancamiento secular” en el que la que la producción crece lentamente y
las tasas de interés se mantienen excepcionalmente bajas. (completo aquí)