SIRIA
Las bombas que cayeron esta semana sobre la
población civil siria actualizan no sólo el horror sino también el repetido
esquema internacional. Primeros misiles del imprevisible Trump.
Por Carlos
Iaquinandi Castro (*)
“A veces me
pregunto si el mundo está siendo gobernado por personas inteligentes que nos
están fastidiando o por imbéciles que hablan en serio”. Mark Twain
Siria es el
territorio donde varios países dirimen desde hace siete años sus apetencias
geoestratégicas por vía militar. Un conflicto interno, que derivó en la
intervención abierta de Estados Unidos, apoyado por sus aliados y varios países
árabes. Su argumento: frenar el avance del Daesh, el islamismo extremista que
aprovechando el caos originado por la intervención en Irak ocupa parte del
territorio de ese país y también se extiende en Siria.
Pero EEUU
también armó a varios de los grupos rebeldes sirios y les dio apoyo logístico.
Por su parte, Rusia intervino con el doble propósito de combatir al Daesh, pero
también a los rebeldes sirios. De una manera directa también lo hace Turquía, a
quien le interesa frenar el avance de los kurdos en la región y de paso,
facilitar la caída del gobierno sirio de Al Assad. Y de otras formas, abiertas
o encubiertas, también se implican Irán a favor de Siria y Arabia Saudita en
contra.
Intereses
cruzados
El
territorio en conflicto tiene una especial situación geoestratégica, por la que
necesariamente tiene que pasar el petróleo y el gas que se produce en la
región. En 2009 Bashar al Assad anunció la implementación de la “estrategia de
los cuatro mares”, cuyo objetivo era convertir Siria en un nodo de transporte
de petróleo y gas entre el Golfo Pérsico, el mar Negro, el Mediterráneo y el
Caspio. Ya cruza el país el Gasoducto Panárabe que conecta Egipto con Libia. Y
también el tramo del gasoducto entre Kirkuk (en Irak) y el puerto sirio de
Baniyas, aunque paralizado desde la intervención militar extranjera en el 2003.
Pero a esta circunstancia de los hidrocarburos se suman también otras conflictivas
diferencias, en este caso religiosas, entre los musulmanes sunníes
-mayoritarios- y la minoría chiita.
También la presencia de los pueblos kurdos que luchan por su autonomía tiene
incidencia en Irak, Turquía, Irán, Armenia y Siria. Sus orígenes se remontan a
2.500 años A.C., y constituyen una de las minorías más importantes en el mundo
que no tiene Estado propio. En ese espacio se producen cambiantes alianzas o
confrontaciones.
El ataque
contra Jan Sheijun
En ese
complejísimo y delicado escenario, se produjo el martes pasado el bombardeo de
Jan Sheijun, una ciudad siria de 50 mil habitantes ocupada por los rebeldes. El
saldo, casi un centenar de muertos o heridos por sustancias químicas. Unos
afirman que el responsable es el gobierno sirio, y éstos afirman que
bombardearon depósitos de los rebeldes que al parecer almacenaban armas
químicas.
Trump cambia
Twitter por los Tomahawk
El inestable
e imprevisible presidente Trump se ve tentado a intervenir, y ordena por su
cuenta una acción de guerra contra la base aérea de Shayrat, una de las más
importantes de Siria, lanzando 59 misiles Tomahawk de alcance intermedio. (Un
millón y medio de dólares cada unidad, hasta 2.500 kilómetros de alcance y gran
capacidad destructiva). Para ello utiliza dos buques de guerra que navegan por
el Mediterráneo pero que tienen base en Rota, en Andalucía.
El gobierno
español “aliado” en el ataque
Horas más
tarde, Méndez de Vigo, portavoz del gobierno, anuncia el respaldo español al
ataque, calificándolo de “respuesta” adecuada. O sea que, como ocurrió con
Irak, España actúa como “aliado” en una acción bélica que se salta el derecho
internacional, y que agrava la ya difícil situación en la convulsionada región.
Por su parte, la Unión Europea, la misma que rechaza y pone fronteras a los
refugiados de esta continua escabechina, afirma que el ataque “es
comprensible”, aunque “sigue estando en contra de una solución militar”.
Obras
maestras del cinismo y la hipocresía
Qué
indefensos están los pueblos ante la incapacidad de sus gobiernos y de los
organismos internacionales para asumir sus responsabilidades en defensa de la
integridad de los territorios y el bienestar de sus ciudadanos. Entre los
primeros en elogiar el bombardeo dispuesto por Donald Trump, Israel,
infinitamente sancionado por las Naciones Unidas por violar los derechos del
pueblo palestino, y Turquía, gobernada por un autócrata que con la complicidad
europea fortifica su poder.
La razón de
un bombero
Parece una
cuestión compleja, y sin embargo si se aplican criterios humanitarios,
principios y sentido común, se comprende fácilmente. Así lo hizo el bombero de
Bilbao, que días pasados argumentó razones de conciencia para no custodiar el
embarque de 4000 toneladas de bombas para Arabia Saudí. Este país encabeza una
coalición que desde hace dos años interviene unilateralmente en el conflicto
interno en Yemen provocando miles de muertos y de refugiados. Su argumento, tan
simple como contundente: “Sé lo que está pasando en Yemen. Allí se están
lanzando bombas que se fabrican en España sobre la población civil. No puedo
participar en algo así”. Ustedes pensarán que le premiaron. No, las autoridades
le abrieron expediente sancionador. Lo siento, estas historias no suelen tener
final feliz.
Lo que
vendrá
En
definitiva, el panorama internacional es bastante inquietante. Gobiernos
incapaces que carecen de proyectos coherentes, burocracias incompetentes,
incidencia devastadora de los grupos de poder económico y financiero y las
grandes transnacionales, todos velando exclusivamente por sus propios
intereses. Y en la Casa Blanca un personaje que parece salido de una película
de ciencia ficción o de terror. Un millonario que un día decidió apostar por la
presidencia de los Estados Unidos, y ganó. Para llegar apeló a la demagogia y a
la mentira. Si el Congreso o el propio pueblo movilizado no lo detienen, su
gestión puede ser catastrófica, no sólo para quienes le votaron sino para la
humanidad. Será decisivo que las organizaciones sociales, los movimientos o
corrientes populares, todas las fuerzas progresistas del planeta tomen posición
activa en defensa de la vida, de la justicia, de los derechos humanos y de la
libertad. No es una opción. Es la ruta imprescindible para la humanidad.
(*) Por la
redacción del Servicio de Prensa Alternativo (Serpal).