Trump reúne al imperialismo, el
wahabismo y el sionismo
Pablo Jofré Leal - HispanTV
La visita del presidente
estadounidense Donald Trump
a Arabia Saudí e Israel, otorga nuevos aíres a una alianza política y militar
destinada, no sólo a recomponer confianzas en la triada de ideologías como el
imperialismo, el sionismo y el wahabismo, sino que, a partir de sus
coincidencias e intereses, intensificar las agresiones contra los pueblos de
Oriente Medio.
Tras un periodo de cortísimo y
relativo alejamiento, bajo la administración del ex presidente Barack Obama,
entre Washington y sus socios de la Casa al Saud y la entidad sionista, el
nuevo mandatario estadounidense ha decidido insuflar nuevos alientos a la
relación con sus hijos putativos en Oriente Medio y de pasada incrementar la
venta de armas en una región, que es el principal cliente del complejo militar
industrial estadounidense. Sólo el año 2016 Arabia saudí gastó 67 mil millones
de dólares en armas, presionando, igualmente, para que sus aliados del
denominado Consejo de Cooperación del Golfo inviertan cifras multimillonarias
en la compra de armas a Estados Unidos y países aliados como Gran Bretaña y
Francia.
El presidente estadounidense, en
la ampulosamente denominada Cumbre Islámica-Árabe – Estadounidense, ante
representantes de 50 naciones musulmanas, con Jefes de Estado o de gobierno de
37 de ellas llamó a combatir al terrorismo. "Expúlsenles. Expúlsenles de
sus lugares de culto. Expúlsenles de la tierra santa” sostuvo en dicho
encuentro en Riad. A lo que faltó agregar que esos intentos de expulsión deben
hacerse con armas, fundamentalmente, Made in USA, pero, además, declarar aquello
sin rubor alguno frente al papel desempeñado por Washington y precisamente
Arabia Saudí en el nacimiento y desarrollo de gran parte de los movimientos
terroristas que actúan en el Magreb, Oriente Medio y Asia Central.
Imperialismo y Wahabismo Más
Unidos que Nunca
Donald Trump comenzó
así, el día 21 de mayo, por tierras sujetas al dominio de la Monarquía
Wahabita, un periplo “evangelizador”. Acompañado por sus “apóstoles”: la primera dama,Melania Trump;
su hija mayor, Ivanka; su
yerno, Jared Kushner; el jefe
de gabinete, Reince Priebus,
el principal asesor económico de la Casa Blanca, Gary Cohn; su asesor
estratégico, Steve Bannon;
su asesor de seguridad nacional, Herbert
McMaster y el secretario de
Estado, Rex Tillerson,
entre otros... Un viaje en lo que este mandatario considera implícito un
objetivo, que debe ser el eje de la política exterior mundial: simples
instrumentos para la gloria y beneficio estadounidense. Un viaje acompañado de
declaraciones tan surrealistas, ridículas como también peligrosas como aquella en la cual Trump apeló “a las personas decentes de todas
las confesiones a dar batalla a los salvajes criminales que buscan aniquilar la
vida”.
Indudablemente tal apelación no
era una autocrítica a la labor desempeñada por los gobiernos estadounidenses y
sus aliados de Oriente Medio, que son los verdaderos salvajes y criminales
contra gran parte de las sociedades del mundo magrebí, de Oriente Medio y Asia
Central, donde radica gran parte del mundo islámico. La apelación de Trump tampoco iba
dirigida a sus aliados, como la propia Arabia Saudí e Israel que llevan décadas
aniquilando vidas humanas, ocupando territorios que no les pertenecen,
construyendo muros, asesinado niños, reprimiendo las aspiraciones de libertad
de los pueblos como Yemen, Bahréin y Palestina. Difundiendo doctrinas terroristas como
el wahabismo y el sionismo, asociadas en el crimen y la violación de los
derechos humanos de millones de seres humanos.
En un discurso tan hipócrita
como falso, Trump, bajo el beneplácito de Monarquías reaccionarias como la Casa
al Saud, los Al Jalifa que gobiernan en Bahrein, Qatar, Kuwait, Omán, Emiratos
Árabes Unidos, Jordania, entre otros puso la guinda a la torta del surrealismo
al acusar a Irán de “avivar
las llamas de los conflictos sectarios y del terror en Líbano, Irak y Yemen y
de apoyar los indescriptibles crímenes de Bashar el Asad en Siria”. Esto, porque según Estados Unidos
“Irán financia, rearma y adiestra a terroristas, milicias y grupos extremistas
que esparcen el caos por la región”.
Una confusión tan execrable como
interesada, pues no es posible confundir a quien apoya los esfuerzos del Eje de
la Resistencia frente a las agresiones del Wahabismo y el sionismo, que
aquellos, que como Estados Unidos y sus aliados, en función de sus intereses
geoestratégicos se han dedicado a agredir a países como Irak, Siria,
Afganistán, Yemen, Bahréin, Libia entre otros generando, desde el año 2001 a la
fecha 2.5 millones de muertos, 30 millones de desplazados internos y 15
millones de refugiados, que han ido a incrementar las cifras de hombres y
mujeres que buscan, allende su patria, mejores perspectivas de vida.
Paralelo a los encuentros entre
la delegación estadounidense y la casta gobernante saudí, el surrealismo y los
enredos interesados a las que hago mención se consolidó con la celebración de
un Foro Para la Lucha Contra el Terrorismo y el Extremismo patrocinado por la
coalición militar islámica antiterrorista, creada en 2015. De los resultados de este inusual
encuentro nada se concluyó respecto a exigir que precisamente estas Monarquías
cesen el suministro de dinero, armas y milicianos destinado a expandir el
terrorismo wahabita.
La prensa occidental, en
general, ha signado sin apenas un esbozo de crítica lo que indudablemente
representa una falsedad en materia de lo que cotidianamente sufren los pueblos
del Magreb, Oriente Medio y Asia Central que es, precisamente, la agresión de
fuerzas militares extranjeras donde Estados Unidos participa activamente junto
a sus socios de la OTAN. La
creación, financiamiento y dotación de armas a grupos terroristas como Daesh,
Fath al Sham, Boko Haram, Ansar al Dine, Al Shabat, Ahrar al Sham, que nacen,
precisamente bajo el amparo del régimen wahabita y sus aliados. Esto es el uso de la estrategia nacionalsocialista
al estilo Goebbels y la propaganda sionista bajo el marco de la Hasbara “miente, miente que siempre algo
queda”. Estados Unidos con ayuda de sus medios de comunicación miente
descaradamente, sin asumir, en modo alguno, su responsabilidad en la
inestabilidad en que vastas regiones del mundo viven hoy sumergidas.
La travesía de Trump por Arabia
Saudí y posteriormente por Israel ha mostrado la verdadera dimensión de los
objetivos extramuros de Washington bajo la presidencia de este multimillonario. Devenido en
el líder de una nación que transita de la política del leading from behind del
anterior mandatario estadounidense Barack Obama, a una policía decidida a
comprometerse activamente, junto a sus socios sionistas y wahabitas, en la
agresión contra los pueblos de Oriente Medio. Pero también, sobre todo aquel
que ose enfrentarse a una política imperialista que persigue, fundamentalmente,
destruir a Siria, fragmentar Irak, cercar a la República Islámica de Irán e
impedir el afianzamiento del avance a occidente por parte de la Federación
Rusa.
Para el cumplimiento de estos
objetivos la administración estadounidense no escatima esfuerzos y está
dispuesta a involucrarse de lleno en las guerras de agresión que la Casa al
Saud y el sionismo encabezan, como punta de lanza contra los pueblos de Libia,
Siria, Irak, Bahréin, Yemen y Palestina. Contando para ello con el
apoyo de las monarquías Feudales del Golfo Pérsico, Jordania, Egipto y
organizaciones como la OTAN con la activa participación de Francia e
Inglaterra.
Al mismo tiempo que Trump
sostenía ante representantes de 50 naciones en la denominada Cumbre
Islámica-Árabe-Estadounidense “Vengo
con un mensaje de amistad, esperanza y amor” el ejecutivo estadounidense, como todo
viaje que se precie de tener fines beneficiosos, llevaba consigo el mandato del
complejo militar industrial, Así,
bajo el escudo de las palabras de buena crianza, llamados a la paz, a combatir
el terrorismo, entre otras frases altisonantes, se firmaron acuerdos militares
con la Casa al Saud que involucran 110 mil millones de dólares en equipos y
pertrechos militares para las fuerzas armadas saudí que sobrepasan los 230 mil
efectivos, a lo que se sumarían proyectos por otros 200 mil millones de dólares
en obras que beneficiarán a empresas occidentales y de aliados europeos que se
comprometan a cerrar los ojos frente a los atropellos a los derechos humanos
llevados a cabo por la Casa al Saud.
La multimillonaria venta
comprende 84 aviones F 15 SA, 150 helicópteros Black Hawk Apache, navíos de
guerra, blindados, tanques, bombas guiadas de alta precisión y un sistema de
radar diseñado para derribar misiles balísticos. El paquete incluye armas
ligeras, mantenimiento de 115 tanques M1A2, cuatro buques de guerra, sistema de
defensa antimisiles THAAD, seguridad marítima, radares y comunicaciones y
tecnología de la seguridad cibernética. Como excusa para esta compra,
nuevamente irán ha salido al ruedo, tras la declaración de un portavoz de la
Casa Blanca frente a esta venta "El
contrato de material y servicios de defensa refrenda nuestro tradicional apoyo
a la seguridad de Arabia Saudí y del Golfo ante las amenazas iraníes, y
contribuye a incrementar la lucha antiterrorista en la región para liberar la
carga que recae sobre las tropas de EE UU”
Las armas compradas por la
Monarquía wahabita servirán para seguir masacrando a la población de Yemen,
reprimir al pueblo de Bahréin, traspasar parte de ellas a las fuerzas
terroristas como Daesh, Fath al Sham, Ahrar al Sham al amparo de lo que el propio
Ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudí, Adel al Yubeir sostuvo “la administración
estadounidense tiene una visión que encaja con la visión del reino sobre el
papel de Estados unidos en el mundo; la erradicación del terrorismo, al
confrontación con irán, la reconstrucción de las relaciones con aliados
tradicionales, el comercio y las inversiones”. He aquí, sin tanto
eufemismo los objetivos de compras multimillonarias en una monarquía con alto
desempleo juvenil – donde la
población del país menor a los 30 años constituye el 65% del total - con un déficit fiscal derivado de
la baja del precio del petróleo, pero empeñada a seguir actuando en su papel
del gendarme del mundo árabe en la región.
Medios estadounidenses
señalaron, que además de la venta de armas, la
empresa petrolera nacional Saudí Aramco firmó acuerdos por 50 mil millones de dólares con empresas
estadounidenses. El ministro
de Energía, Khalid al Falih dijo que los convenios que incluyen a todas las
empresas ascendieron a más de 200 mil millones de dólares EE.UU. Otro
convenio, entre Saudi Basic Industries Corporation y la estadounidense Exxon Mobil, una empresa
dirigida hasta hace poco por el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, fue firmado para construir un
complejo químico por 20 mil millones de dólares. Ello en una conducta que ha sido
clásica en la dirigencia estadounidense: firmar contratos multimillonarios
donde alguna vez tuvieron intereses y lo tendrán en el futuro cuando dejen sus
cargos públicos.
A pesar de los lazos, cada día
más estrechos entre Riad y Tel Aviv, algunas voces del sionismo alertaron sobre
la compra de armas saudí. El Ministro de Infraestructura, Energía y Recursos de
Aguas, Yuval Steinitz, expresó su preocupación por el acuerdo de armas entre
Riad y Washington “Cientos de
millones de dólares en acuerdo de armas es algo por lo cual necesitamos recibir
una explicación. Sobre todo, porque la Monarquía saudí es un país hostil y
debemos asegurar que se mantenga la ventaja militar cualitativa de Israel. Este
no es país con el que tenemos relaciones diplomáticas y nadie sabe qué es lo
que depara el futuro. Espero que recibamos pronto respuestas. Esto es algo que
definitivamente debería preocuparnos”. El ministro Ayoob Kara – de origen ruso - también expuso el tema durante una
reunión de ministros del Likud, preguntándole al primer ministro, Benjamín Netanyahu, si no
estaba preocupado por el hecho de que Riad se está convirtiendo en “una potencia mundial superior a
nosotros”. Netanyahu dijo que discutiría el asunto en el
Gabinete.
Tras el viaje a Arabia Saudí,
como primera etapa para la consolidación de una alianza con fines de dominio – donde Washington exige a Riad que
se mantengan los niveles de cooperación con el sionismo – Donald Trump dirigió su Air Force One a los
territorios palestinos ocupados. Aterrizó el día lunes 22 de mayo en el
Aeropuerto de Tel Aviv donde fue recibido por la dirigencia sionista en pleno.
En un acto claramente de mayor acogida y beneplácito que aquella que se otorgó
a una Barack Obama en fines del año 2016, en que, a pesar de otorgarle 38 mil
millones de dólares en ayuda militar por la próxima década, fue intensamente
criticado por sus tibias opiniones respecto a la política colonial sionista en
Palestina. Israel quiere incondicionalidad
y lo ha encontrado en este Donald Trump cuya propia familia tiene fuertes
vínculos con el sionismo.
Los alcances del viaje a la
entidad sionista y los territorios ocupados serán parte de un próximo análisis. Por ahora la imagen de un Donald
Trump agasajado por el Wahabismo es más que suficiente para preocuparnos por el
futuro de una región que ve con temor esta triada entre Washington-Riad-Tel
Aviv. En principio la hipocresía encabeza la carrera por definir de mejor
forma este periplo del mandatario estadounidense.
Fuente:
http://www.hispantv.com/noticias/opinion/342289/viaje-trump-arabia-saudi-israel