EXCLUSIVO:
LOS PLANES SECRETOS DE ISRAEL Y ARABIA SAUDITA
por Thierry
Meyssan
La respuesta
de Tel Aviv y Riad a las negociaciones entre Estados Unidos e Irán se inscribe
en la lógica del financiamiento saudita de la guerra de 2008 contra Gaza: la
alianza entre un Estado colonial y una monarquía oscurantista. En momentos en
que el Medio Oriente se prepara para vivir un cambio de 10 años en sus reglas
del juego, Thierry Meyssan revela en este trabajo el contenido de las
negociaciones secretas entre Tel Aviv y Riad.
Red Voltaire
| Damasco (Siria) | 22 de junio de 2015
Algunos, en
el Medio Oriente, tienen conciencia de que los acuerdos secretos que Washington
y Teherán podrían firmar el 30 de junio próximo –al margen del acuerdo
multilateral sobre la cuestión nuclear– determinarán probablemente las reglas
del juego para los próximos 10 años.
La firma de
esos acuerdos tendría lugar en momentos en que Estados Unidos se ha convertido
en el primer productor mundial de petróleo, por delante de Arabia Saudita y de
Rusia. En esta nueva situación, Estados Unidos ya no necesita para sí mismo el
petróleo del Medio Oriente y lo único que le interesa es que ese mercado siga
funcionando en dólares.
Además,
Washington ha iniciado un reposicionamiento de sus tropas, moviéndolas de
Europa occidental y el Medio Oriente hacia el Extremo Oriente. Pero eso no
quiere decir que tenga intenciones de abandonar esas regiones sino que quiere
garantizar su control por otros medios.
Israel
Según
nuestras informaciones, hace 17 meses (o sea, desde que se anunció que
Washington y Teherán estaban negociando, negociaciones que en realidad
comenzaron hace 27 meses), que Tel Aviv viene negociando en secreto con Arabia
Saudita. Delegaciones de muy alto nivel se han reunido 5 veces en la India, en
Italia y en la República Checa.
La
cooperación entre Tel Aviv y Riad es parte del plan estadounidense de creación
de una «Fuerza Árabe Común», bajo los auspicios de la Liga Árabe pero… bajo las
órdenes de Israel. Esa fuerza ya está operando contra Yemen, realizando una
campaña en la que miembros de la fuerza aérea israelí pilotean bombarderos
sauditas en el marco de una coalición “árabe” cuyo cuartel general, también
instalado por Israel, se halla en Somalilandia, un Estado no reconocido situado
del otro lado del estrecho de Bab el-Mandeb [1].
Pero Riad no
tiene intenciones de oficializar esa cooperación mientras Tel Aviv siga
negándose a aceptar la iniciativa árabe de paz que el príncipe Abdallah había
presentado a la Liga Árabe en 2002, antes de convertirse en rey de Arabia
Saudita [2].
No obstante,
Israel y Arabia Saudita han llegado a ponerse de acuerdo sobre varios
objetivos.
En el plano
político:
-
«Democratizar» los Estados del Golfo, o sea asociar los pueblos a la
administración de sus países, aunque reafirmando la intangibilidad de la
monarquía y del modo de vida wahabita;
- Cambiar el
sistema político en Irán (aunque ya no se trataría de hacerle la guerra);
- Crear un
Kurdistán independiente para debilitar a Irán, a Turquía (a pesar de que esta
última fue durante mucho tiempo aliada de Israel) e Irak (pero no a Siria, ya
debilitada por largo tiempo).
En el plano
económico:
- Explotar
el campo petrolífero de Rub’al-Khali y organizar una federación entre Arabia
Saudita, Yemen y quizás Omán y los Emiratos Árabes Unidos;
- Explotar
los campos petrolíferos del desierto de Ogadén (bajo control etíope),
garantizar el control del puerto de Adén (en Yemen) y construir un puente entre
Yibuti y Yemen.
En otras
palabras, si Tel Aviv y Riad han decidido adoptar la clásica postura de «a mal
tiempo, buena cara» y admiten que Irak, Siria y la mitad del Líbano queden bajo
control de Irán, también tienen intenciones de:
- Asegurarse
de que Irán renuncie a exportar su revolución;
- Controlar
el resto de la región, con excepción de Turquía, que ha tomado el lugar de
Arabia Saudita en materia de terrorismo internacional y acaba de perder Siria.
Palestina
Después de
la firma de los acuerdos entre Estados Unidos e Irán, el reconocimiento
internacional de un Estado palestino, conforme a los acuerdos de Oslo y la
iniciativa árabe de paz, sería sólo cuestión de meses.
El gobierno
palestino de unión nacional, que nunca llegó a funcionar, ha dimitido
repentinamente. Parece seguro que el Fatah de Mahmud Abbas contará con amplio
respaldo de su pueblo si el Estado palestino obtiene la admisión en las
Naciones Unidas.
El Hamas,
que desde 2008 se había convertido en símbolo de la Resistencia, se desacreditó
abruptamente al oficializar su condición de miembro de la Hermandad Musulmana
(cofradía que realizó varios intentos de golpe de Estado en Arabia Saudita) y
al tomar las armas contra el único Estado de la región que había demostrado ser
verdaderamente favorable a la causa palestina: la República Árabe Siria.
Después de eso, el Hamas, deseoso de redorar su imagen, ha optado por mantener
un perfil bajo y priorizar más bien acciones no violentas.
El
reconocimiento del Estado palestino pondrá fin al derecho de los palestinos a
volver a las tierras de las que fueron expulsados. Pero les abrirá el acceso a
un nuevo estatus. Por su parte, Estados Unidos y Arabia Saudita realizarán
grandes inversiones para desarrollar la economía del nuevo Estado.
Varios candidatos
ya se agolpan para tomar el lugar que actualmente ocupa Mahmud Abbas (quien ya
tiene 80 años y cuyo mandato a la cabeza de la Autoridad Palestina expiró en
2009). Y entre los aspirantes a reemplazarlo está Mohamed Dahlan, el ex jefe de
la seguridad que, por ser sospechoso de haber organizado el envenenamiento de
Yaser Arafat, se vio obligado a dejar el país en 2007.
Después de
haber trabajado para los Emiratos Árabes Unidos y de haber obtenido las
nacionalidades de Montenegro –como el ex primer ministro tailandés Thaksin
Shinawatra– y de Serbia, Mohamed Dahlan regresó a Palestina en febrero, con
ayuda de sus ex adversarios del Hamas. Ahora convertido en millonario, Dahlan
está gastando dinero a manos llenas en la compra simultánea de combatientes y votos.
Un candidato
más serio podría ser Maruan Barghuti, quien purga actualmente 5 penas de cadena
perpetua en Israel pero que podría ser liberado en el marco del acuerdo de paz.
Se trata, efectivamente, de la única personalidad palestina no corrupta que ha
escapado a los asesinos del Mossad.
Arabia
Saudita
En ese
contexto, el viaje a Rusia del príncipe Mohamad ben Salman, hijo del rey Salman
de Arabia Saudita, ha desatado gran inquietud ya que una campaña de prensa dejó
entrever que su intención era negociar un cese de la ayuda rusa a Siria. Esa
visita se producía una semana después del viaje del director de la Organización
de Cooperación Islámica, Iyad ben Amin Madani. El príncipe viajó en compañía de
varios ministros y de unos 30 hombres de negocios. La delegación saudita
participó en el Foro Económico de San Petersburgo y el príncipe fue recibido
por el presidente Vladimir Putin.
Desde su
creación, el reino wahabita ha mantenido relaciones privilegiadas con Estados
Unidos y había considerado a la Unión Soviética y a Rusia como adversarios.
Pero ahora parece que eso está cambiando.
La
considerable importancia de los acuerdos económicos y de cooperación firmados
parece iniciar una nueva política. Arabia Saudita compró 16 centrales
nucleares, aceptó participar en el programa espacial ruso e incluso negoció
varios acuerdos petroleros cuyos detalles no se han hecho públicos.
Para evitar
toda ambigüedad sobre ese acercamiento, el presidente Putin ha declarado
públicamente que Rusia no modifica su respaldo a Siria y que contribuirá a toda
solución política conforme a la voluntad del pueblo sirio. En intervenciones
anteriores ya había precisado que ello implica que el presidente Assad se
mantenga en el poder hasta terminar los 7 años del mandato para el cual fue
democráticamente electo.
Los
perdedores en la redistribución de cartas
Todo hace
pensar que después de la firma de los acuerdos entre Estados Unidos e Irán [3],
los perdedores serán:
- El pueblo
palestino, que se verá privado de su derecho inalienable al regreso, derecho
por el cual lucharon 3 generaciones de palestinos;
- Turquía,
que corre el peligro de tener que pagar muy caro su sueño de hegemonía, su
apoyo a la Hermandad Musulmana y su derrota en Siria [4];
- Francia,
que se obstinó durante 4 años en tratar de restaurar sus intereses coloniales
en la región para verse ahora –a fin de cuentas– en posición de simple
proveedor de Israel y de Arabia Saudita [5].
Thierry
Meyssan
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