EL PACTO

EL PACTO

         Uno de los latiguillos que utiliza el sistema y sus lacayos loca-les respecto al tema de la inseguridad reinante es manifestar una y otra vez y en cuanta oportunidad se toque el tema que la responsabilidad es de la sociedad en su conjunto que ha generado las condiciones para llegar a esta situación donde hay millones de excluidos y la mayor desigualdad social de la historia.
         Sostener esta premisa no solo es una infamia; es la mejor estrategia de dominación que tiene el sistema.
         A ver si nos entendemos, los ciudadanos no determinamos las políticas de un país; a lo sumo votamos del mismo modo que votan los excluidos, los delincuentes y todos aquellos de los que somos responsables de sus desgracias.

         Esta aseveración que se martilla permanentemente sobre la con-ciencia de la sociedad tiene varias aristas. Una es la de desligarse de la inseguridad y de la responsabilidad de los políticos; otra es sembrar el terror en la población de tal forma que se recluyan en sus hogares (ti-pica política stalinista). La mas sofisticada es el vaciamiento ideológico de los partidos políticos; ya que la población deriva su participación hacia ONG que están directamente relacionadas con el tema de la inseguridad; ONG que son financiadas por el mismo sistema.
         Ya lo dijo Paul Valery, “La política es el arte de evitar que las personas participen en los asuntos que le conciernen”.
         Como nadie es responsable ante los hechos de inseguridad; todo está permitido porque nada tiene solución; la sociedad actual y su ritmo de vida trae aparejado consigo las drogas, el tráfico de personas, la corrupción; etc, etc, etc.
         Vivimos en una sociedad de consumo que, en el caso de nuestro país nos permite comprar un automóvil 0km y renovar los electrodomésticos. No está mal este consumo puesto que todos vivimos de él; aunque se pueden lograr los mismos efectos derivándolo hacia otro sentido. Pero ese es otro tema de análisis.
         Ahora bien, somos conscientes del precio que estamos pagando por ese confort; y lo que es peor; lo aceptamos?.
         Por lo que uno conversa, lamentablemente debo admitir que es aceptado tal cual lo pide el sistema. No hay solución; por lo tanto debe-remos convivir con todo aquello que nos destruye. El camino es rezar que nos roben sin hacernos daño; que no caiga un hijo en las drogas; que no nos secuestren una hija para incorporarla a una red de prostitución.
         Todo esto viene a corroborar que esta sociedad individualista y materialista no está dispuesta a luchar contra todos esos males y se entrega mansamente aunque el dolor nos toque directamente. Es decir, sacrificamos a nuestros hijos en aras del Dios confort; del mismo modo que nuestros antepasados ofrecían sacrificios a sus dioses.
         Uno suponía que la humanidad había evolucionado; pero no es así; quienes hoy reniegan de la religión católica y se consideran ateos están equivocados; no son ateos, son feligreses de otra religión que tiene su origen en el becerro de oro.
         Lo peor de esta sociedad no es que haya hecho un pacto con el diablo; sino que no le importe chamuscarse.

25-10-2012