Historias de un país bananero
Si bien tenemos un entrenamiento
con las cosas insólitas que ocurren en nuestro país; el hecho que nos escupan
la cara, nos manoseen por completo e introduzcan la mano hasta que les moleste
el reloj es inadmisible. Y si todo ello se hace en base a mentiras, toma el
carácter de provocación que requiere la reacción inmediata de los tres poderes
de gobierno. Con el silencio de todos comienza la historia de un país bananero;
con disculpa de los países bananeros.
El embajador de Israel, Daniel
Gazit, manifiesta: “Sabemos quien estuvo
detrás del atenta-do a la Embajada, quién lo organizó, quién dio las ordenes y
quién lo hizo con nombres y todos; y ya dimos cuenta de ellos. Cada uno de
ellos ya está junto a las setenta y dos vírgenes.” Seguidamente se hace un inventario de los que
suponen responsables y han muerto en algún lugar del mundo.
Nada de esto fue informado a la
Suprema Corte de Justicia, responsable de la investigación; tampoco lo sabía
la abogada querellante de un grupo de familiares y sobrevivientes. Nada
informaron a la justicia donde está la causa abierta; fiel a su vocación
imperialista hacen justicia por mano propia; agravado por la ausencia de una
investigación seria que de-muestre que los ajusticiados eran realmente
responsables en una causa donde hay mas dudas que certezas que realmente se
haya producido un atentado; cuando hay suficientes indicios que la explosión
fue interna; la embajada nunca se presentó como querellante en la causa ni
colaboró jamás con la justicia.
No quedó allí el embajador, debía
salir a relucir la soberbia de los poderosos y la certeza de la impunidad, cuando
manifiesta en una gran demostración de cinismo “Lo que les queda a las autoridades argentinas es la conexión local.
Aquí no tenemos nada, no participamos. No sabemos mas de lo que conocen las
autoridades judiciales argentinas”.
Increíble tener
todos los detalles de la conexión internacional y nada del apoyo local; creen
que somos todos ignorantes. Aplican la pena de muerte en una causa iniciada en
la Argentina; donde no está vigente.
Como se tiene la certeza que el
atentado fue dentro del edificio, significa que se mató al voleo o se cargó en
la causa por la embajada operaciones de medio oriente.
Por último, en otra gran
demostración de cinismo manifiesta que la Corte Suprema anterior no investigó
como correspondía. Nada dice que esa Corte reconoció el atentado habilitando
los resarcimientos. Tampoco hace mención que la causa sigue abierta porque los
familiares y sobrevivientes se presentaron como querellantes para que no
prescriba; tarea que debió hacer la Embajada. Nunca tuvo el embajador una
conversación con los abogados de los querellantes.
Todo vale para Israel, pero es
posible llevarlo a cabo en países bananeros como el nuestro donde nadie pide
explicaciones por esas manifestaciones.
Estas manifestaciones del señor
embajador confirma que la soberbia es mala consejera; porque ninguna persona
seria e informada acepta que en un país que es un crisol de razas, donde han
convivido pacíficamente durante un siglo colectividades que en otro lugar del
mundo no pueden compartir un viaje en colectivo.
La misma colectividad judía,
durante años, la agresión que recibió fue la pintada de una cruz svástica en la
pared de una casa o algunas lápidas fuera de lugar en el cementerio. Jamás se
pasó a la agresión física hasta que los terroristas islámicos trajeron el
conflicto a este país.
Basta de farsa; la guerra de medio
oriente se lleva adelante allí; ningún grupo terrorista ha cometido atentados
fuera de la región. Además, en la
Argentina hay una comunidad árabe muy numerosa; son tan
ciegos de ponerla a toda bajo sospecha.
Observando la feroz interna que
tiene Israel allí y aquí; y no de ahora (Jamás protestó o hizo algo por los
desaparecidos de la dictadura militar que fueron muchos mas que dos monjas
francesas o una periodista sueca) nos obliga, al menos a sospechar que mas que
la guerra racial, religiosa, territorial lo que se importó fue esa interna.
Despáchese, señor embajador;
pero no crea que todos los argentinos somos iguales; conocemos en detalle
vuestra interna, al igual que una buena parte de la colectividad que solo
quiere vivir y trabajar en paz.
Creo que la soberbia los
traicionó, no siempre gobernarán sicarios en este país; en el momento que ya no
lo hagan, estos atentados se transformarán en un bumerang que los deje de
aparecer como víctimas en el mundo. Todos conocerán la verdad.
12-07-2013