LA VERDADERA CAUSA DE NUESTRA DECADENCIA

LA VERDADERA CAUSA DE NUESTRA DECADENCIA
UNA CUESTION DE FE

“Algunos, al perder la fe no se molestan en recuperarla. Le resulta mas cómodo tratar de justificarla”

         Ante la profundidad de nuestra crisis que ya alcanzó niveles que, mas tienen que ver con la decadencia de una sociedad en su conjunto, es imprescindible determinar el comienzo de este proceso.
         Para ello debemos remitirnos muy lejos en el tiempo para tener una visión mucho mas completa. Observe-mos estos datos:
         1: Karl Marx recibió ayuda económica de la casa Roshchild para difundir profusamente su manifiesto comunista.
         2: La revolución bolchevique de 1917 fue financiada por grandes consorcios financieros. De esto tuvo cono-cimiento el servicio secreto norteamericano, según documentación 7-617-6 número 912 SR 2.
         3: Lenin y Trotsky dispusieron de dinero y armas para instaurar el comunismo en Rusia. Entre sus protecto-res figuraron en Banco Kuhn Loeb Co de Nueva York, el, Banco Speller & Co de Londres, el Banco Westfaliano de Alemania y los magnates Guggenmeim y Schief de los Estados Unidos.

         4: Durante la guerra de 1939-1945, la U.R.S.S. recibe de Estados Unidos e Inglaterra una ayuda directa que, a precios actuales importaría mucho mas de u$s 400.000 millones.
         5: Todavía en 1989 la U.R.S.S. recibe créditos de los grandes bancos de Estados Unidos e Inglaterra y le ven-den trigo a precios subsidiados.
         Cuando el gran proceso industrial comienza a manifestarse, en Estados Unidos crece el descontento con la nueva clase trabajadora debido a los abusos a que eran sometidos los obreros, lo que creaba un cocktail explosivo que ponía en duda la continuidad del proceso. La aparición de un fantasma que actuase como reflejo de lo que podría acontecer si no se aceptaban las nuevas reglas de juego, da a Estados Unidos la herramienta necesaria para combatir todo pensamiento disidente.
         El comunismo fue fomentado desde los mismos centros de poder para imponer las doctrinas liberales e iniciar el colonialismo económico (predecesor de la globalización).
         Veamos ahora la crisis alemana de 1921. El pueblo era laborioso. Mantenía intacta una poderosa industria con alta tecnología; no había despilfarro, se vivía con austeridad, regía la economía libre. Los aliados, con la excusa del cobro de las indemnizaciones de guerra invadieron la zona industrial del Ruhr y paralizaron Alemania. El gobierno alemán llamó a la resistencia pasiva y a la no colaboración con los invasores. El marco, que cotizaba a 23,8 centésimos de dólar, en 1923 no valía siquiera un millonésimo. En este año fue nombrado presidente del Reichbank, Hjalmar Schatht, amigo de Benjamín Stroung, presidente de la Reserva Federal de EE.UU. y otros ban-queros extranjeros (Jacobo Goldsmith, Motagu Norman, James Speller, el mismo que financió a Lenín y Trotsky, Havestein, Strauss, Warburg, Aufhauser y Bahrens); todos integrantes de la logia masónica “Urania hace la inmor-talidad”
         Con ayuda de estas amistades frenó el desplome de la moneda alemana y a cambio hizo la concesión de que pudieran formar parte del consejo central del Reichbank siete extranjeros. Apareció la recesión y toda su secuela. En 1930 había 3.500.000 desocupados; en 1931, 7.000.000 (50%). La importación arruinó a los agricultores alemanes que huían a las ciudades. La flota mercante tenía 303 barcos inactivos por falta de fletes.
         Evidentemente, la invasión al Ruhr tenía un plan posterior. Se generaron todas la condiciones para la aparición de un líder mesiánico. Por que se lo dejó llegar tan lejos a Hitler , si en ningún momento demostró que iba a ser distinto de lo que fue. Desde sus comienzos basó todo su accionar en el terror y la violencia. Era la persona justa para hacer lo que hizo. Usó el método mas simple para motivar al pueblo; imaginó a un enemigo con las desgracias de Alemania, pero lo hizo con una etnia y no con el sistema, al que nunca combatió. Una medida de ello es que nombró a Hjalmar Schatht a cargo de la economía y, caso curioso, fue absuelto en el juicio de Nuremberg.
         Se armó contra la prohibición de hacerlo; llevó a millones de personas a campos de concentración y a la muerte y ninguna inspección de las varias que se llevaron a cabo detectó nada. Indujo al mundo a una guerra con la complicidad de dirigentes de otros países, algunos tan ambiciosos como él y otros de triste recuerdo por su inoperancia e ingenuidad sospechosa.
         El contrapeso del plan hegemónico de los Estados Unidos era Europa y ésta estaba liderada tecnológica-mente por Alemania y culturalmente por Francia e Italia. Prender fuego ese continente significaba lo que realmente aconteció; Europa subordinada a los intereses financieros con el centro de operaciones en EE.UU. No hubo en el mundo crisis financiera o política que no haya sido provocada deliberadamente como parte de un plan posterior.
         La Primera Gran Guerra, cuyo detonante fue el asesinato del príncipe heredero del imperio Austro-Húngaro llevado a cabo por un integrante de la logia masónica “La mano negra”; estableció nuevas fronteras en Europa y sentó las bases para la segunda promovió la llegada de Hitler al poder.
         La Reserva Federal provocó la gran depresión de 1929 y EE.UU., que en 1914 era una potencia industrial en ciernes sin proyección externa, pasó en treinta años a controlar las tres cuartas partes de los recursos naturales del planeta y destruyó la cultura para reemplazarla por la no cultura.
         Este largo prólogo es ilustrativo para determinar quien es nuestro enemigo y como se mueve; quienes son los que realmente manejan el negocio y quienes trabajan para ellos. A los primeros los conocemos bien, pero los otros nos engañan con sus luchas contra la desigualdad y la injusticia y se encargan de desarmar las Asambleas Populares que nacieron a fines del 2001, quizá la mas grande manifestación ciudadana de la historia. También se visten con ropa de periodistas progresistas e integran organizaciones sostenidas por las mismas empresas multinacionales que dicen combatir. Son los mismos que hacen oídos sordos a la penetración religiosa de las sectas evangelistas electrónicas, verdaderas punta de lanza del sistema globalizador mundial.
         Por no conocer bien el modus operandi de los centros de poder, durante la década del ´70 fabricaron una guerra  interna, plagada de traiciones y entregas por parte de los dirigentes de izquierda, que dio el pie a los vencedores para instalar un modelo socio económico de dependencia y que además atacó nuestros valores por los de la decadencia. Hicieron desaparecer a miles de ciudadanos pensantes para vaciar ideológicamente a la sociedad. Hoy, a la renovación generacional de esa década la están expulsando para provocar otro vacío ideológico.
         Cuando se quiere destruir una nación, de a uno van cayendo sus símbolos y puntos de referencia quedando para el final y en este orden, “la cultura” porque para manifestarla se necesita un grupo; “el idioma” porque para hablarlo hacen falta dos; y “la religión” porque uno solo se comunica con su Dios. Nuestra sociedad está en esta última etapa.
         Hay un ataque frontal contra la Iglesia Católica, de eso estamos seguros. De hecho, Nelson Rockefeller, en 1968 dijo que para penetrar en América Latina debemos destruir la Iglesia Católica. No es casual que la agencia o-ficial inglesa esté difundiendo que la Vírgen era en realidad “una negrita que había sido violada”.
         Debemos diferenciar la fe en Cristo y en su Santa Madre y la voz de algunos signatarios; de la política vaticana que, desde que se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano, jamás se divorció del poder central de turno.
         Y esto es porque signatarios de la Iglesia Católica siempre sostuvieron una posición mas que crítica para con el liberalismo. Observemos estas manifestaciones.
         1: León XIII, en 1891, plasma una doctrina anti liberal precisa, donde impugnaba el liberalismo económico, la economía de libre mercado en su versión manchesteriana debido a sus abusos y a sus efectos regresivos. Además sentencia: “El único dogma en las cuestiones económicas es que en el campo económico no existen dogmas, que en este campo no existe teoría alguna, sino única y exclusivamente conocimientos”.
         2: Pío XI, a principios del siglo XX, manifiesta que la economía no puede pretender completa libertad, sino someterse a un verdadero y eficaz principio directivo. Para ser útil a los hombres necesita de un freno enérgico y una dirección sabia, pues por si misma no puede refrenarse ni regirse.
         3: Pío XII, a mediados del siglo XX, continuó la idea de impulsar un “orden social cristiano” en continuidad con la política de Pío XI, que mientras pretendía enfrentar al comunismo ateo se buscaban soluciones específica-mente cristianas en el campo social.
         4: Juan XXIII, en su encíclica “Mater et Magistra” crea en forma orgánica la Doctrina Social de la Iglesia, compendiando en ella el contenido de los documentos, las iniciativas, movimientos, organizaciones, posiciones y has-ta opciones políticas de la Iglesia Oficial; sobre las que ya venía trabajando Pío XII.
         5: Juan Pablo II, relanza la Doctrina Social, no tanto como ilustración, sino como compromiso; y, contínuamente hace referencias contrarias al liberalismo económico y a las consecuencias sociales derivadas de su aplicación.
         En la Argentina, continuamente los obispos se han manifestado en este tema.
         1: Carmelo Giaquinta, obispo de Resistencia, manifiesta que la deuda social no se salda con ningún plan asistencial, con cajas o bolsas de alimentos, sino enfrentando seriamente las actitudes ético sociales perversas y las estructuras políticas injustas que promueven la desigualdad social.
         2: Eduardo Miras, arzobispo de Rosario, pide que salgamos del esquema de la economía salvaje y que este no sea el pensamiento fundamental del Estado y sus empresarios. Por otro lado manifiesta que “los obispos no somos economistas, pero para decir que hay hambre no hace falta ser experto. Nadie puede pretender que los obispos se callen por el hecho que no somos economistas. Que los economistas propongan cambios sensatos porque si son para engrosar los bolsillos de los que ya tienen mucho, le decimos que camino no es moral, es ca-minar sobre el hambre del pueblo”.
         3: Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, sentencia “no se puede fabricar pobres a través de una economía salvaje y luego pedir a la iglesia que los atienda.”
         4: El documento de los obispos dice: “No podemos resignarnos a aceptar pasivamente la tiranía de lo económico que se ha instalado en todas partes. La tarea no debe reducirse a que las cuentas cierren para tranquilizar a los mercados; no es suficiente hacer bien los deberes hacia fuera”.
         Pero este ataque frontal a la Iglesia que consecuencias tiene en nuestra vida diaria? Cuando una nación llega al extremo del desánimo, de la desilusión y la desesperanza no hay plan económico por bien diagramado que esté que pueda tener éxito. La idea generalizada que no se puede, yo no lo voy a ver, este país está terminado, encierra interiormente una gran falta de fe. Fe en el sentido amplio que incluye la confianza en nosotros mismos y en nuestras propias fuerzas e inteligencia; como así también en las posibilidades de la nación. Por eso atacan el núcleo mismo de la fe.
         Nuestro país está en una etapa terminal, al igual que un enfermo. Y en este último caso, cual es el recurso final a que apelamos?. Simplemente a la súplica divina que produzca el milagro. Lo que nosotros no avizoramos es que el milagro ya se cumplió. Con todo lo que aconteció aún no nos enfrentamos en una guerra civil, aún tenemos un territorio donde flamea una misma bandera y el 90% tiene el mismo Dios.
         Falta que tomemos conciencia que todo es cuestión de fe. Al igual que el enfermo al que le dicen que tiene los días contados y a fuerza de fe vence su enfermedad; del mismo modo debemos enfrentar esta realidad y decir que somos inteligentes y vivimos en un país rico y no puede ser que este sea nuestro destino y el de nuestros hijos.
         Nuestro Dios, el mismo que alguna vez negamos y que cuando rezamos no pedimos que haga su voluntad, sino que apruebe la nuestra no va a abandonarnos, pero tampoco nos va a ayudar si nosotros no ponemos lo nuestro. Aportemos el trabajo y la fe, que Dios nos da el talento.
         Todo esto lo saben muy bien quienes pergeñaron este sistema, pero nosotros ya estamos viendo la luz, lo que tiende a equilibrar la balanza, y a enviar las primeras señales positivas.
         Comencemos por reconocer al enemigo, al visible y al encubierto; sigamos luego tomando conciencia de nuestras propias fuerzas; diagramemos nuestros dueños y construyamos una comunidad de fe y esperanza. Cuando una nación está desamparada debe buscar sus puntos de referencia e, inmediatamente acuden sus próceres, su bandera y su Dios. La salida es con ellos y para nuestros hijos.  


03-08-2012