2016
Medio ambiente
Para
que tome conciencia de nuestra SERIA Y PREOCUPANTE realidad ambiental
El progreso económico de un país y fundamentalmente su
competitividad con el resto depende en buena parte de sus recursos naturales, de los
niveles educativos de su población, de la competencia técnica, de la habilidad
de los hombres de empresas, de la cohesión social, de la organización económica
y de la estabilidad política
En nuestro país deberíamos tener un mejor conocimiento
histórico de las cuestiones geográficas pendientes para poder resolver nuestros
problemas domésticos.
La despoblación de las zonas agrícolas, el rápido
crecimiento de los suburbios, la migración interna buscando mejores
oportunidades, la inmigración, el agotamiento de los recursos naturales, la
contaminación del aire, de las napas friáticas
y de los distintos cursos de agua, la erosión del suelo, el
incumplimiento de la ley 26.190 sancionada en 2006 que fijaba como meta que un 8% de la
generación eléctrica nacional debía provenir de fuentes limpias para 2016 (casi
una década después ese porcentaje apenas alcanza el 1,4%) son realidades que deben ser conocidas y entendidas por todos los habitantes de nuestro bendito
suelo para que respalden activamente todos los esfuerzos tendientes a su
solución.
Tenemos un extenso territorio con baja densidad
poblacional y pesimamente distribuidos los inmigrantes (fundamentalmente los de
los países vecinos).
La distribución de la población en La Argentina es muy
desigual, teniendo zonas virtualmente vacías. ¿Por qué está o no está la gente
allí?; y la que está, ¿cómo está?
A esta realidad le
debemos agregar un inadmisible estado de pobreza en el marco de una ausente
política poblacional y de medio ambiente.
El desarrollo suele tener repercusiones muy considerables
sobre las personas, que es preciso promover o rectificar. En unos casos, por la
forma de vivir a que obliga, sobre todo, cuando da lugar a migraciones internas
de la población rural (del campo a los núcleos urbanos) la cual generalmente afecta
su escala de valores priorizando con desmedida importancia lo material, todo lo
cual aumenta los riesgos en el orden moral…, porque rica o pobre, cada comunidad
posee una cultura de origen (usos y costumbres) recibida de sus mayores;
instituciones y manifestaciones artísticas y culturales que en muchas oportunidades sacrifican para
achicar las desigualdades sociales, combatir la discriminación y sentirse capaz
de ser por sí mismos agentes responsables de su mejora material y de su progreso, junto a la ilusión
de vivir con mayor libertad y de gozar de los medios y facilidades que ofrecen
los centros urbanos … y terminan
lamentablemente desintegrando la estructura
social-provincial al emigrar huyendo de un ambiente considerado estrecho
y sin expectativas (aventura esta en la que está poseída la presente
generación)…
En una sociedad
fragmentada como la nuestra, es natural que la dispersión se plasme en una
constelación de minorías. Esa atomización de la sociedad solo se puede afrontar
con un PROYECTO DE PAÍS, que implique la comprensión de los problemas
y la capacidad y posibilidad CONSENSUADA para solucionarlos.
Analizando los desórdenes
sociales y las crisis en las escuelas, pero también en diversas organizaciones
populares, es posible sostener que está ocurriendo un estallido de algunos
espacios que puede leerse como relativa apropiación desordenada y descontrolada
de espacios geosociales como
consecuencia de la ausencia de reglas de
juego; y cuando no hay reglas de juego (ni
capacidad para imponerlas), hay
violencia, corrupción e intranquilidad social.
Nuestro medio ambiente. La naturaleza diariamente nos manda señales en su idioma…, para
entenderla solo tenemos que contemplarla y escucharla, poner todos nuestros
sentidos (vista, oído y olfato) a su servicio, y luego HACER ALGO.
¿Qué vemos? Que unos
205 millones de hectáreas que alberga a cerca del 10% de la población
argentina, está en riesgo de transformarse en desierto si no se toman medidas
para detener ese proceso.
Piense que los
bosques abastecen los acuíferos, controlan inundaciones, producen oxígeno y
sirven de hábitat para la fauna, además de proteger los suelos del arrastre del
viento…
Que el
80% de nuestro suelo está dedicado a actividades agrícolas, ganaderas y forestales,
y que la erosión del mismo, sea por efectos eólicos o hídricos, avanza a un promedio
de 650 mil hectáreas por año, según el Centro de Estudios para América Latina
(Cepal).
El deterioro en la zona pampeana
de los niveles de materia orgánica es notoria, al igual que la carencia de un
nutriente como el Fósforo. Hace unos años, ese déficit se reducía a una pequeña
área: hoy, abarca hasta el centro de las provincias de Córdoba y Santa Fe.
Que el 85% de los bosques en llanuras y sierras del norte
de la provincia de Córdoba están completamente destruidas. Téngase en cuenta
para interpretar la gravedad de nuestra realidad que la media internacional de
pérdidas de bosques es del 15%, y en Córdoba se perdió casi el 85%. Las causas
de esa destrucción están directamente relacionadas con la expansión de la
frontera agropecuaria, en especial por el cultivo de soja, que ocasionó entre
otros problemas, la desaparición del quebracho colorado.
Asociando la contaminación con el progreso,
idea esta que instalan muchos dirigentes políticos, vemos y olemos hoy que las
principales cuencas acuíferas que surtían y surten de agua potable a nuestra
población, se hallan contaminadas de distintas formas entre las cuales, las más
difundidas son las que derivan de verter en sus cauces, líquidos cloacales o
industriales que poseen contaminantes inorgánicos y químicos muy diversos sin
tratamiento previo, lo que hace que sean los seres humanos y los distintos
animales que abrevan en esos cursos de agua los que terminen absorbiéndolos por
vía directa o indirecta, poniendo en serio peligro su salud.
Observamos también que la deforestación es una de las
causas comprobadas en la Argentina de generación de gases de efecto invernadero
Ni que hablar de la tala indiscriminada y la
pérdida por incendios de la cubierta vegetal que nos provee el oxígeno que
respiramos (véase lo que está pasando en los últimos años en Campo de Mayo,
pulmón natural de la CABA y el conurbano), tan esencial para la subsistencia de
los seres vivos
¿Sabía usted que en nuestro país se perdieron en los
últimos diez años tres millones de hectáreas por la deforestación?
Que en la actualidad los bosques nativos rondan los 55
millones de hectáreas, habiendo unas 31
millones de hectáreas potenciales para desarrollar los bosques implantados.
En 1990 teníamos 34,7
millones de hectáreas de bosques naturales que hoy se han reducido a 27,11
millones, lo que implica que en 25 años perdimos el 22% de bosques…
Los argentinos supimos tener durante años al IFONA
(Instituto Forestal Nacional) que supo distribuir fondos no retornables para la
implantación de bosques. En los años 90 se disolvió sustituyéndose por una ley
25.080 prorrogada ese año hasta 2019 por la ley 26.432.
Esta norma legal fija un aporte no retornable de hasta el
80% del costo de la implantación para montes de hasta 300 hectáreas. La cifra
disminuye al 20% hasta 500 hectáreas,
pero
los fondos no llegan para atender la ley, y los pequeños y medianos forestadores han
dejado de plantar.
El
balance entre lo que hoy se tala y lo que se repone, es negativo.
El 75% del territorio nacional, que hospeda al 30% de la
población, representa la mayor superficie árida, semiárida y subhúmeda seca de
América Latina..
La consecuencia lógica es que el suelo, agredido por numerosas fuentes de contaminación
ambiental (chimeneas, motores a explosión, basurales, ríos y otros espejos de
agua en estado de descomposición) nos muestre desde hace tiempo sus efectos: la desertificación
(avance de arena esterilizando tierras fértiles) afecta en la actualidad al 75%
del territorio argentino (Patagonia, 80 millones de hectáreas; chaco semiárido,
32 millones de has.; la puna, 8 millones de has.; valles áridos del Noroeste y
sierras secas centrales, 15 millones de has.; Cuyo, 20 millones).
Están sujetas a procesos erosivos, 60 millones
de has. y cada año se agregan 650.000 has. con distintos grados de erosión. Los
glaciares patagónicos perdieron en los últimos 50 años 129 Km . (5% de sus 17.500 kilómetros
cuadrados) por efectos geológicos, glaciológicos y climáticos.
Si nos sentáramos en una de las márgenes del
río Matanza o del Riachuelo, podríamos
ver y oler su lamentable situación producto de la inoperancia o falta de
interés de los gobiernos desde hace muchos años por el resguardo del medio
ambiente (de las 23.000 empresas que existen en esa cuenca con posibilidades de
ser contaminantes, solo se han inspeccionado 9.000); ni qué hablar si analizáramos
la del río Reconquista, verdadera cloaca acuática a cielo abierto en donde la
basura flotante y los metales pesados que irresponsablemente las industrias
químicas arrojan sin ningún control, son cosas de todos los días. Piense que en
proximidades de esa cuenca, aproximadamente 12.000 industrias están instaladas y
alrededor de 4.500.000 personas viven en ella en forma más que precaria. ¿Quiere saber lo
que está pasando en la cuenca del Luján,
o en la del arroyo Morón, o en la del arroyo Pinazo, o en la del rio Salado, o
en la costa del Rio de la Plata desde Dock Sud hasta La Plata, o en San Juan,
en las márgenes de los ríos Potrerillos, Jáchal, Blanco, Palca y Las Taguas
contaminados con cientos de litros de solución cianurada, etc.?
Nuestras ciudades, con todo su cemento, desarrollo
tecnológico e industrial necesitan imperiosamente un planeamiento forestal para
mejorar su calidad de vida, porque el árbol cumple una función ambiental muy
importante en la captura de gases que no son saludables para la vida humana,
filtra partículas en suspensión, atenúa ruidos, y tiene un efecto favorable incluso desde el
punto de vista psicológico, generando ecosistemas más agradables.
El censo de arbolado urbano realizado hace unos cuatro/cinco
años atrás en la ciudad de Buenos Aires
determinó que el bosque urbano porteño
estaba integrado por unos 372.625 árboles en las calles (casi uno por cada 8
habitantes; es la relación mínima recomendada por la Organización Mundial de la
Salud – OMS- para los ambientes urbanos; . Barcelona tiene 1 árbol cada 10
habitantes; Curitiba tiene 1 árbol cada 12; Nueva York 1 cada 14) Especies
plantadas: fresno americano (143.405),
plátano (34.338), tilo
(17.284), jacarandá (10.975), ficus
(23.707) y el crespón (10.184) son las principales especies plantadas
existiendo otras en cantidades menos significativas como el palo borracho, el
pindó, el palto y el níspero .
La calidad de las maderas argentinas y las vastas extensiones
para establecer esa actividad hacen de la
actividad forestal un sector atractivo, pero lamentablemente poco desarrollado
en el país.
No obstante, nuestras
posibilidades están intactas. Si protegemos
nuestra tierra, identificamos y difundimos buenas prácticas agroambientales a
través de los distintos organismos ambientales nos permitirá seguramente
preservar nuestros paisajes con su flora y su fauna y la salud de nuestra
población. Esta es una
responsabilidad del Estado argentino
PARA PENSAR: La
Argentina cuenta con al menos 31 millones de hectáreas para forestar, mientras
que Chile con solo 2 millones de hectáreas forestadas es líder mundial y
exporta más de u$s 6.000 millones de productos forestales por año.
Por
Dios, no vengan con cosas ajenas
O que
el país se termina;
El sol
de julio ilumina
A
quienes honren su raza,
Compatriotas,
¡cuidemos la casa,
Que es
toda nuestra Argentina!
Me parece que estas son
algunas de las cosas que debemos retomar porque hasta donde yo sé y pruebo en
este ensayo, en nuestro país no hay intención ni voluntad política para cambiar
esta preocupante situación
En el bicentenario de
nuestra independencia, en azul y blanco, Hugo Cesar Renés