HASTA CUANDO?
Día a día observamos absortos
un desfile de hechos inéditos que en su conjunto conforman un país en total
decadencia. Cada uno de ellos supera al anterior y es asimilado por la
población de tal forma que solo acontecimientos mas severos nos asombran.
Ahora bien, hagamos un
ejercicio retrospectivo a los años que cada uno pueda recordar y observemos
cuantas cosas hemos asimilado. Quienes peinamos canas y conocimos otro país
debemos decirle a nuestros jóvenes que no siempre las cosas fueron como hoy.
Yo pasé mi adolescencia en
San Martin y cuando regresábamos de los bailes en la madrugada lo hacíamos por
cualquier lado, incluso dentro de la
playa de maniobras del ferrocarril, y lo hacíamos con total
tranquilidad. Nos movíamos a las cuatro de la mañana por lugares donde hoy no
podemos transitar a las tres de la tarde.
Estudiamos en escuelas del Estado y quienes
repetían el año debían continuar sus estudios en institutos privados. Nuestros
padres respetaban a los maestros y nosotros los veíamos como una continuación
de nuestra casa. En la escuela secundaria colaborábamos con la Cooperadora en
la recaudación de fondos para mejoras
del edificio y luego trabajábamos algunos fines de semana en tareas de pintura
y carpintería.
Cuando salíamos con nuestras
compañeras de división, los padres nos las confiaban y nosotros las dejábamos
en la puerta de su casa. Nunca nos tocó ver droga, ni en consumo ni en venta.
Bebíamos con moderación y si alguno se emborrachaba, la próxima vez no salía
con nosotros.
Veíamos televisión solo a la
noche y pasábamos el día en un club practicando deportes o íbamos a jugar al
fútbol al Parque Saavedra.
Concurríamos a estadios a ver
fútbol y basket y nunca nos vimos involucrados en ningún disturbio.
Íbamos a bailar a clubes con
5.000 personas o salones para 2.000 y nunca tuvimos un solo problema. Teníamos
nuestra propia banda de rock y nuestro propio conjunto folclórico y le hacíamos
el aguante en los recitales y las peñas sin incidentes.
Nos criamos en un ambiente
de respeto hacia nuestros mayores, al extremo de compartir con ellos juegos de
naipes o bailes de tango. Nunca abandonamos la casa de nuestros padres en una
fiesta familiar para salir con nuestros
amigos.
Nunca tratamos
despectivamente a algún anciano ni nos mofábamos de nuestros abuelos, quienes
murieron en sus casas. No existían los geriátricos.
Nos fuimos de las casas de
nuestros padres solo para formar nuestra propia familia en condiciones legales.
Nos casamos y cuando nos
reunimos para conmemorar algún aniversario confirmamos que el 90% sigue casado
con la misma pareja. En toda mi familia que es bastante numerosa, tanto por
parte de padre como de madre, no tenemos un solo divorciado. Nuestros hijos y
sobrinos, ya todos con sus hijos siguen con su misma pareja.
El respeto se trasladaba al
vigilante de la esquina, al comerciante del barrio, al médico de la salita;
quienes a su vez también nos respetaban. También respetábamos a nuestras
autoridades. Nunca tuvimos que enrejar la casa y la llave quedaba debajo de la
misma maceta que todos conocían. El problema de un vecino movilizaba al barrio.
Respetábamos los símbolos religiosos
y observábamos una conducta cristiana. También honrábamos nuestros emblemas
patrios y celebrábamos las fiestas cívicas el mismo día, aunque fuese domingo y
amenizado con música folclórica.
En nuestra época no existía
la prostitución infantil, el tráfico de órganos, el robo de bebes. Tampoco
había indigentes; se había derrotado la tuberculosis, la lepra era una
enfermedad bíblica y el cólera una endémica del Africa. No existía el
alcoholismo infantil ni la prostitución adolescente.
Los negocios estaban llenos.
No había lugar en las pizzerías y los cines y teatros completos, como también
los espectáculos deportivos. Para el fin de semana, si no teníamos un carnicero
amigo determinados cortes no se conseguían.
Todo esto se perdió y se lo
reemplazó por la cultura del individualismo que nos trajo la codicia, la
indiferencia, la lucha despiadada de todos contra todos.
Ahora bien, quien puede
asegurar que lo que se perdió es todo lo que vamos a perder. Quien puede
garantir la detención de la pérdida de valores. Quien puede afirmar que esta
sociedad no se convierta en poco tiempo mas en una selva donde sobreviva el mas
fuerte.
Hasta dónde creen que puede
perdurar una sociedad que tiene todas sus instituciones desprestigiadas. Cual
es el tiempo que le queda a una nación que tiene a quienes la gobernaron durante
mas de veinte años sospechados de malversación de fondos o de pertenecer a
mafias y a los militares que los precedieron presos por robo de bebes.
Cual es la vida de una
nación en donde el 20% nunca trabajó ni vio trabajar a sus padres, que vive de
la dádiva y cambia las mercaderías que le entrega el gobierno por botellas de
cerveza. Cual es el destino de un pueblo que tiene empresarios inescrupulosos
que hicieron su fortuna a costa del Estado; que politiza la muerte de 200
jóvenes, amparados por funcionarios corruptos; que tiene una justicia que ante
el saqueo de u$s 700.000.000.000 no tiene a nadie pre-so.
Como puede funcionar una
república con 800 partidos políticos. De que modo puede cambiar una nación
donde sus ciudadanos no se involucran y cuando las circunstancias los ponen entre
las cuerdas sale a la calle con una vela.
O nos olvidamos que el 19
de diciembre de 2001, luego de ir a la Plaza de mayo y Congreso con la cacerola
se llenaron los restaurantes y bares y las cacerolas estaban en una silla libre
o debajo de la mesa.
Hasta cuando puede convivir
un pueblo con una bomba de tiempo que significan 15.000.000 de pobres y
6.000.000 de indigentes; una clase dirigente corrupta y ciega y una población
tuerta que mira hacia otro lado.
Hasta cuando vamos a creer
que el único modelo económico es este que excluyó a la mitad de la población y
que la alternativa al mismo es Cuba.
Hasta cuando vamos a creer
que el único sistema político es este que creó una casta dirigente saqueadora y
que la alternativa son tres militares reprimiendo la libertad.
Hasta cuando vamos a
caminar hacia el precipicio sin darnos cuenta que estamos en la misma situación
que estaba España antes de la guerra civil.
Hasta cuando vamos a vivir
a la altura de nuestros defectos y no a la cultura de nuestras cualidades.
Creo que la respuesta es
una sola. Hasta que aquellos que hoy no quieren luchar por su país, deban
hacerlo por su vida.
Espero que cuando llegue
ese momento aún estemos a tiempo de recuperar algo de nuestra patria.
05-01-2014