El menú energético en el siglo actual es
muy variado; por lo que una generación utilizando todos los sistemas es lo mas
apropiado. El error que suele cometerse es creer que todas las alternativas
pueden cubrir todas las expectativas.
En un territorio tan vasto como el nuestro
debe llevarse adelante con seriedad un estudio de las diferentes
potencialidades de cada región y, fundamentalmente un mapa del consumo en el
que debe establecerse la siguiente escala
A: Grandes centros urbanos con alta
concentración industrial.
B: Grandes centros urbanos con baja
concentración industrial.
C: Ciudades basadas en el turismo.
D: Ciudades centro de servicios de
zona agrícola.
E: Poblaciones medias con economía
primaria.
F: Poblaciones dormitorio.
G: Pueblos con economía de
subsistencia.
H: Explotaciones agrícolas medianas y
pequeñas.
I: Viviendas rurales.
Ahora bien, el Sistema Interconectado
Nacional debe proveerse de energía basada en las instalaciones hidroeléctricas
y nucleares y destinarse a los ítems A y B. En cuanto al C y D serán provistos
por este sis-tema en tanto no posean un modo local de hacerlo.
El resto deberá ser provisto por las
energías alternativas (eólica, solar, geotérmica, hidráulica en menor escala y,
en algún caso, térmica).
No tomo en cuenta la mareo motriz hasta
tanto no tengamos bien delimitado el peregrinar de las ballenas. En aquellos
sectores donde no se apareen se instalará una usina.
Las llamadas energías alternativas son muy
útiles para ciudades pequeñas y medianas que, sumadas, son una parte
importante del consumo. Si nos trazamos como objetivo que los ítems D al I
generen su propia energía habremos ganado una gran batalla.
Para ello debemos aprovechar cada oferta
de la naturaleza, por un lado; y ofrecer una línea de créditos de muy bajo
interés para la propia generación.
En lo que respecta a la energía
hidroeléctrica es imprescindible potenciarla, pero bajo dos condiciones
fundamentales:
1: No construir mas centrales
bi-nacionales.
2: Asegurar el caudal de agua de las
represas.
Para el primer caso no hay mucho para
explayarse luego de la traumática construcción de Yaciretá en lugar equivocado
sumado al también equivocado lugar de Itaipú. Con la diferencia que nosotros
nos “equivocamos” por el negociado de las tierras inundadas y Brasil por una
cuestión geopolítica; ya que de esa forma condicionó las represas del Alto
Paraná y puso bajo su órbita a Paraguay. Allí solo nos queda construir Paraná
Medio íntegramente argentina.
Por el otro río solo queda no interesarnos
en las represas del medio y alto Uruguay. En el caso de construirlas levantaríamos
la cota que es lo que Brasil necesita para erigir el canal navegable por el río
Quaral hasta la laguna donde se encuentran los puertos de aguas profundas. De
lograrlo no solo tuerce el eje norte-sur de los ríos del sur del continente que
todos desaguan en el estuario del Plata, sino que lo transforma en oeste-este
para llevar medio país a su órbita.
El otro punto es mas delicado porque todo
depende de nuestra decisión. La
Argentina tiene dos cuellos de botella a la hora de
planificar su desarrollo. Uno es la insuficiente cantidad de hierro, por lo que
debe considerarse estratégico y la mala distribución del agua.
Se da el hecho absurdo de una gran seguía
y a quinientos kilómetros una inundación. Es tanta la inoperancia que existe en
este tema que en la provincia de Buenos Aires llevan el excedente hacia el mar;
sin tener en cuenta que también arrastra los sedimentos que dan fertilidad al
suelo. Hace ciento cincuenta años Lo descubrió Florentino Ameghino analizando
la tierra que llegaba a los ríos Paraná y de la Plata y anticipó lo que
fi-nalmente aconteció; la desertificación del oeste de de la provincia.
En nuestro Plan Maestro para el siglo XXI
tenemos contemplado la canalización navegable de los ríos
1: San Francisco-Bermejo-Salado del
Norte-
2: Dulce-
3: Primero-Segundo-
4: Cuarto-Tercero-Carcarañá-
5: Quinto-Salado del Sur-
6: Negro-
Ello implica la instalación de 274
esclusas que generarán 17.104 Mw/año y la redistribución del agua a través de 7.000 kilómetros
de acueductos; parte de ella para sostener represas que producen energía.
Para quienes sostienen que es inviable
económicamente, los invito a vivir en una comarca que depende de un embalse
vacío, que no produce riego ni electricidad. Basta de medir todo con el
costo-beneficio sin especificar con claridad que sostener una comarca ubicada
en determinada región puede ser geopolíticamente imprescindible. Aquí el
costo-beneficio se mide de otra forma.
No hay panaceas ni soluciones mágicas ni
yacimientos que salvan naciones; solo hay trabajo a conciencia y planificación
sobre bases reales. La riqueza de una nación no se mide solamente por la
riqueza de sus recursos naturales; es fundamental la calidad de su población,
la capacidad de adaptarse a las circunstancias y por sobre todo el orden y la
planificación.
Así como se mide geopolíticamente un país
ubicándolo en el centro de un círculo para observar su influencia en la región;
debemos medir todas nuestras fuentes de energía para conocer nuestra ubicación.
Energía tenemos en el subsuelo, a
superficie o en la atmósfera; todo debe ser utilizado con criterio y
ordenadamente para que de forma armónica confluyan en un solo objetivo;
amalgamarse con la energía de millones de seres humanos para construir un país
en conjunción con la naturaleza humana y divina.
No lograrlo significa que debemos ajustar
algunas variables; no in-tentarlo denota conformismo con el fracaso actual.
19-06-2012